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miércoles, 27 de mayo de 2015

Resultados sobre la encuesta de violencia obstétrica (Parte 1)

Por fin, tras varios meses, aquí están los resultados de la encuesta que realicé por medio de este blog y de distintas redes sociales sobre víctimas de violencia obstétrica. Tras eliminar las repeticiones, las encuestas incompletas y las "bromas e insultos varios", el número que quedó fue de 619. Su valor es meramente anecdótico, no se trata por ello de una encuesta formal y no forma parte del corpus de mi TFM, sino de un anexo ilustrativo de cómo perciben la realidad muchas víctimas en España.

Muchas gracias, de nuevo, a todas las que habéis participado.

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En primer lugar, veamos por números de partos:



Las edades de las encuestadas van desde los 18 a los 72 años, distribuidas de la siguiente forma:



La Sanidad Pública es lo que usó la mayoría de las mujeres:



La gran mayoría se considera bien informada sobre estos temas:



Cuantos más partos han vivido, más informadas se consideran (la experiencia es un grado):



De la totalidad de encuestadas, 231 se plantearon en algún momento el parto en casa, 388 no se lo plantearon y 4 no saben o no contestan. Las razones principales esgrimidas para no querer parir en casa son las siguientes:



Pero cuantos más partos se pasan, más aumenta el deseo de parir en casa: es decir, cuando se sabe cómo funciona el hospital y sus protocolos, muchas mujeres se sienten profundamente decepcionadas.



En cuanto al plan de parto, 169 mujeres presentaron uno, 415 no lo hicieron, y 35 quisieron hacerlo pero no se lo aceptaron. Las razones principales esgrimidas para no presentar un plan de parto son las siguientes:



Las intervenciones más comunes en el embarazo son las siguientes:


Las intervenciones más comunes en el parto son las siguientes:


Hay cosas llamativas, como que suelen ir de la mano la imposibilidad de moverse libremente con la imposibilidad de comer y beber: es así en 285 casos.

En cuanto al postparto:



Y en cuanto a los bebés que presentaron problemas (236 presentaron uno o varios de los siguientes):



Podemos observar que hay una cierta consonancia entre el número de intervenciones en el parto y el número de problemas en el postparto:



También llama la atención cómo, normalizando la cantidad de mujeres que entregan un plan de parto con las que no, se aprecia que esto apenas incide en el número de intervenciones recibidas: es decir, los planes de parto NO funcionan, porque no se respetan.


Si comparamos la sanidad pública con la privada, normalizando el número (puesto que había más mujeres que habían parido por la sanidad pública), observamos que en la sanidad privada, de media, se realizan más intervenciones.


En un siguiente post, los testimonios.

jueves, 8 de enero de 2015

Violencia obstétrica

Hoy sólo quisiera pedirte un favor. Dentro de unos meses tengo que defender mi TFM, que va sobre violencia obstétrica. Para ello, he elaborado una pequeña encuesta que me ayudará enormemente, ya que las experiencias individuales son la salsa de cualquier estudio, o así debería ser.

Te agradezco si la rellenas, o si la difundes, o ambas cosas. Estará disponible durante unos meses, pero cuantas más respuestas consiga, más datos tendré para analizar, lógicamente.

¡Muchas gracias!

Éste es el enlace: https://docs.google.com/forms/d/1szKQSSQYp2wCjFeTZ1G5f5O21UzVN0mWjohURD0zYi8/viewform?usp=send_form

lunes, 7 de julio de 2014

El deporte es cosa de hombres

Lo confieso: no me gustan los deportes de competición. Es decir, sí me agradan los valores de autosuperación, autodisciplina, intentar cada día conseguir una meta un poco más alta. Yo misma me inicié en el running y me pico conmigo misma, imponiéndome desafíos que voy consiguiendo solventar.

Pero a lo que me refiero es a esos típicos deportes de alta competición que podemos ver por la televisión. El fútbol, claro, principalmente. Pero no se quedan atrás muchos otros.

Y es que a mí eso de que sólo por ser hombre vayas a tener más oportunidades deportivas ya me chirría de tal modo que me impide disfrutar con el visionado de ningún deporte. Sólo hay que ver en el documental "Cuestión de pelotas" cómo las oportunidades siempre van a ser infinitamente menores sólo por ser equipos FEMENINOS. De hecho, a sus integrantes no se las considera como jugadoras profesionales, ya que existe un estúpido Real Decreto que dice que "La denominación de las ligas profesionales deberá incluir la indicación de la modalidad deportiva de que se trate. No podrá existir más que una liga profesional por cada modalidad deportiva y sexo en el ámbito estatal": es decir, que si existe una liga masculina, no puede haber una femenina. Ni más, ni menos.

Pincha aquí para ver el documental "Cuestión de pelotas".

Porque a las mujeres no se las toma en serio como deportistas. Se las ve siempre de un modo profundamente paternalista, como niñas pequeñas que "juegan" a imitar a sus homólogos masculinos.
Y quisiera saber quién sigue los deportes femeninos (exceptuando unos cuantos de los que hablaré ahora) más allá de los conocidos de las propias deportistas. Y más allá de algún periodista aburrido que efectuará una breve reseña al final del Marca. Y más allá de algún baboso. Y ahí se quedará todo.

Uniforme de volley femenino versus uniforme masculino

Las mujeres están "autorizadas" desde los Juegos Olímpicos de 1904 a competir. Antes, era un ámbito exclusivamente masculino. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Porque el que puedas hacer una cosa no quiere decir que a alguien le vaya a interesar dicha cosa. Y más cuando se invierte tantísimo dinero en promocionar el deporte masculino, y apenas nada en el femenino, excepto...

... Excepto en los deportes donde sí que parece ser que las mujeres tienen cabida: la natación, el tenis (¡con falditas cada vez más cortas!), el volley (tienen que ir casi desnudas obligatoriamente) o la gimnasia, el patinaje, etc... Deportes donde el cuerpo tiene un gran papel, donde hay demasiados factores estéticos de por medio. Deportes vistos como "graciosos", "elegantes"... es decir, vistos como típicamente "femeninos" y por ende "aptos para mujeres".



Pero todo lo que escape a esa dualidad de género (deportes masculinos: todos los deportes "activos", de competición feroz, que supongan una gran superación / deportes femeninos: los deportes "estéticos", gráciles, elegantes, graciosos)... parece ser que es algo donde las mujeres no tienen cabida seria. Y no hay que irse únicamente a los deportes "físicos". No hay más que ver lo mal que lo han pasado las hermanas Polgar, campeonas de ajedrez, para abrirse paso casi a codazos en un mundo profundamente masculino. De hecho, cuando se decidió subir el Elo 100 puntos a todas las jugadoras de ajedrez, a las Polgar se las dejó fuera, porque "destacaban demasiado". Cuando Judit Polgar vencía a grandes jugadores masculinos de ajedrez (como al gran maestro Karpov), éstos se sentían HUMILLADOS por haber sido vencidos por la jovencísima jugadora. Hoy Judit tiene un Elo de 2700, está entre los 10 mejores del mundo. No puedo ni imaginarme lo que han tenido que pasar las hermanas Polgar para conseguir avanzar entre tanta zancadilla.



Cuando yo era niña, me gustaba jugar al ajedrez. Recuerdo que en un campamento de verano hicimos un "campeonato", y lo gané. Mi último rival fue un chico al que vencí fácilmente, y que fue diciendo por ahí que "me había dejado ganar". Porque yo era una chica, y se sentía humillado. Porque ya con doce años los estereotipos de género son tan sumamente poderosos que es casi imposible huir de ellos.

Ahí fue cuando decidí dejar de jugar al ajedrez.

Y me resulta ridículo que muchas mujeres que se dicen feministas sigan con devoción deportes como el fútbol sin percatarse de que lo que están apoyando de ese modo es que siga siendo un mundo puramente masculino. Porque si incluso las mujeres consideran las competiciones femeninas como "de segunda"... entonces la cosa está muy mal.

En 1967 intentaron impedir a Kathrine Switzer que corriera la maratón de Boston sólo por ser mujer.

Y es que, por desgracia, al igual que en el mundo laboral lo tenemos mucho más difícil... aquí pasa lo mismo. Y hasta que el deporte femenino no sea visto como algo serio, a la misma altura que el masculino... lo siento mucho, pero yo no pienso dedicarle ni un minuto de atención a este último.

Porque a las Polgar nadie las deja ganar. Al revés: a ellas se las lleva mucho más al límite, y cuando con un competidor masculino ya se habrían pedido tablas, se las exige mucho más, sólo por ser mujeres. Y no hay más que ver las espantosas declaraciones del neandertal Checo Pérez para darse cuenta de esta realidad.Y es que los deportes no son sino un reflejo más de la sociedad.

Y eso se ve, para bien o para mal, en todos los ámbitos.

jueves, 7 de febrero de 2013

Soy una señorita, y estoy bien calladita

El otro día me preguntaron "¿señora o señorita?". Sí, año 2013. Sí, aún hay gente a quien no conozco de nada que juzga que el saber si estoy casada y desvirgada es algo importante para rellenar un formulario o para hacer cualquier gestión.

La palabra "señorita" es una de tantas que en castellano tiene una serie de connotaciones totalmente diferentes a las de su equivalente masculina. Porque así como un "señorito" es un pijo, hombre adinerado, o similar... "señorita" quiere decir "virgen". Como suena, sin más. Otro reflejo más de la sociedad patriarcal son estas constantes connotaciones sexuales en tantísimos vocablos aplicados a las mujeres.


Una señorita es una virgen, porque no se ha casado (porque claro, una mujer "de bien" ha de llegar virgen al matrimonio, esto ni se cuestiona). Pues eso: ¿cómo a día de hoy a nadie le extraña que siga existiendo un término tan absolutamente despectivo hacia la mujer, hacia su privacidad, hacia su sexualidad, y hacia la noción misma de igualdad?

Si yo tengo que aclarar si soy virgen o no para rellenar un formulario, algo raro pasa.

Y daría para un post aparte el hablar de las tantísimas otras palabras que existen (insultos, en su mayor parte) relacionadas con la mujer con connotaciones ineludiblemente sexuales. Porque como todo el mundo sabe, las mujeres no somos más que objetos. Las señoritas somos así.