En estos días ha habido una polémica en la clase de mi hija mayor porque a ella, ávida lectora, le han prohibido el acceso a determinados libros en la biblioteca del colegio, al contar sólo con siete años. Estos libros constituyen una serie llamada "El diario de Greg", ya bestsellers, y que además, al tratarse de obras divertidas, están enganchando a muchos niños que hasta entonces no se habían acercado demasiado a la lectura. Y la polémica viene en que "supuestamente" no transmite valores demasiado positivos, porque hay un niño al que le dan collejas y cosas por el estilo.
Todo esto me resulta curioso porque, por otro lado, se les está animando a leer en clase una versión adaptada de El Quijote, cosa que me parece estupenda, pero... ¿acaso el Caballero de la Triste Figura no era poco más que un esquizoide megalomaníaco con complejo mesiánico? Porque que yo sepa, Quijote y Sancho se pasan todo el libro recibiendo paliza tras paliza. Pero claro, si es una obra magna de la literatura, entonces la violencia no importa. Ahí ya está permitida. Y pasa lo de siempre: que lo canónico está bien visto, está establecido, está aceptado. Porque eso no puede ni plantearse que sea algo incorrecto.
Cuando mi hija me contó, indignada, cómo le habían prohibido el acceso a esos libros, la solución fue bien sencilla: comprárselos yo. Recuerdo haber escuchado hace tiempo, creo que a José Luis Sampedro cuando vivía, cómo explicó que cuando a él le prohibían leer algo, su padre -médico, intelectual, inquieto- se lo conseguía por otra vía, porque las ansias de leer no deben de ser nunca cohibidas. Y así, yo puedo aconsejar a mis hijas sobre tal o cual lectura (porque hablando de El Quijote, mi hija quiso leerlo, yo le aconsejé que buscara una versión adaptada, porque la original le iba a resultar extremadamente complicada: aconsejo, nunca prohíbo), pero no puedo poner barreras a sus ansias de conocimiento.
Mis hijas no me pertenecen.
Claro que hay libros que transmiten valores pésimos (los cuentos tradicionales, que sí están perfectamente permitidos en las escuelas, ofrecen una imagen nefasta de las mujeres, pero nuevamente, como son algo establecido y aceptado, nadie lo discute), al igual que sucede con ciertos programas de televisión, películas, videojuegos, ¡qué sé yo! Y creo que todo ello resulta maravilloso para fomentar el pensamiento crítico de los niños, entablar debates constructivos con ellos, y usar todo esto para extraer conclusiones, valores sociales y cívicos, ponerse en el lugar de los demás, hacer ejercicios de empatía, etc.
El problema, nuevamente, que hay en la base de todo esto, creo que es más sutil: dejar a los niños aparcados frente a la tele, frente a un libro, sin hablar con ellos de lo que están experimentando. Y claro, así, resulta mucho más cómodo para esos padres dejarles con algo que sepan de seguro "inofensivo" para que, si no entablan ningún debate sobre lo que ven o leen, su retoño esté protegido antes las inmensas maldades de la vida.
Pero las prohibiciones nunca sirven de mucho, y como no se les puede encerrar en una burbuja, lo prohibido siempre reluce con un mayor atractivo, si cabe. Ahora todos los niños de la clase de mi hija están leyendo esos libros. La prohibición ha conseguido exactamente lo contrario. Con la prohibición (¡oh, dioses!) un montón de niños sobreestimulados se está acercando a la lectura. Aunque sea con un bestseller. Aunque no sea la biografía de la madre Teresa.
Y a mí eso me parece maravilloso.
Embarazo, parto respetado, lactancia, crianza, ecofeminismo, veganismo, ecología y más
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miércoles, 3 de febrero de 2016
sábado, 24 de octubre de 2015
Fomentando la falta de empatía desde bien pronto
Después de los cotidianos anuncios de juguetes sexistas de todas las navidades, llega ahora una nueva categoría: los juguetes crueles.
¿Puede alguien decirme cómo esto se considera normal, más aún, cómo esto es divertido?
¿De verdad es gracioso ordeñar a una vaca hasta que se le salgan los ojos?
Ahí, enseñando a los niños a matar roedores a escobazos.
¿Puede alguien decirme cómo esto se considera normal, más aún, cómo esto es divertido?
¿De verdad es gracioso ordeñar a una vaca hasta que se le salgan los ojos?
Otro ejemplo, de la misma marca, que clama al cielo:
Ahí, enseñando a los niños a matar roedores a escobazos.
Me resulta tremendamente triste cómo se juega con esta ausencia de empatía y esta falta de respeto absoluta hacia los animales.
Si el maltrato y la muerte de animales no debería ser un espectáculo (véase corridas, toro de la vega, etc)... ¿por qué sí es lícito si se dan en los juguetes infantiles?
Sin palabras.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Festejos populares versus mataderos: ¿qué pasa aquí?
A la mayoría de la gente le indigna que los animales sufran. Esto es así. A menos que seas un psicópata que se regodee en el dolor ajeno, o un pobre ignorante sin criterio que prefiera aferrarse a la creencia errónea de que los animales no son capaces de sufrir (¡como si no tuvieran sistema nervioso, qué cosas!), no te gustará ver a un animal torturado. La empatía está ahí, es algo que tenemos más o menos desarrollado la mayoría de humanos, y que tiene una gran utilidad social.
Dicho esto, es sorprendente cómo cada vez más y más personas se manifiestan y se indignan a causa de los espantosos "festejos populares" que incluyen maltrato animal, no ya sólo las sempiternas corridas de todos, sino el toro de la vega, las becerradas de Algamesí, y demás simpáticas fiestecillas, que con la etiqueta de "tradición" justifican cualquier barbaridad (las tradiciones, por cierto, no son inmutables, y los pueblos no mueren porque mueran determinadas tradiciones, la identidad cultural es otra cosa, y desde luego cambia con el tiempo, no hay un esencialismo inamovible sin el cual un pueblo ya no sea un pueblo... porque si no, estaríamos todos aún bajo el derecho de pernada y cosas así, anda que no hay tradiciones absurdas que han desaparecido). Es emocionante cómo cada vez más personas reclaman que se ponga fin a esto, y les estoy eternamente agradecida a quienes son tan sumamente valientes de enfrentarse a los paletos hechos masa -sí, la "valentía" canallesca siempre surge de la masa, o del anonimato de internet-. Gracias a todos los que os preocupáis por los animales, de corazón.
Pero... ¿y qué pasa con la otra cara de la moneda? ¿Por qué hay tanta gente que se indigna con los maltratos "festivos" de los animales y sin embargo no dice ni mu sobre el filete que tiene delante, en su plato de comida, todos los días? ¿Qué sucede aquí? Hagamos un pequeño repaso de las cosas en común y de las diferencias que hay entre ambas cuestiones, basándonos en los argumentos clásicos que se escuchan popularmente.
1. "No es lo mismo el matar animales para un espectáculo que para comer; comer es una necesidad imprescindible, y como omnívoros, tenemos que comer carne".
No sé el número de veces que habré escuchado este argumento. Y sí, somos omnívoros. Pero "omnívoro" no quiere decir "tener que comer de todo" (si no, la mayoría de la gente en Occidente tendría una dieta bastante pobre, ya que no suele comer insectos, por ejemplo), sino "tener la capacidad de poder comer de todo". La diferencia parece sutil, pero no lo es en absoluto. Ser omnívoro es, desde luego, muy ventajoso, porque nos permite alimentarnos de animales y/o vegetales, es decir, ¡podemos estar perfectamente sanos comiendo sólo vegetales, precisamente porque somos omnívoros!
Los toros que se lidian después se comen, por cierto. Y su carne es muy cara, además. Y los animales de la mayoría de festejos, lo mismo: ¡la carne no se "desaprovecha"!
Es decir, los animales que se usan en los festejos populares normalmente acaban en un plato, igual que los de los mataderos.
2. "Los animales de los festejos sufren un montón, no así los que nos comemos".
Ésta es muy graciosa. La mayoría de la gente no sabe nada de los animales que se come, o, más bien, prefiere no saber. ¿Tú conoces dónde están los centros donde se procesa la carne, has visto alguna vez cómo se engorda a estos animales, cómo se les trata, o cómo se les mata? No, claro, todo esto "se esconde debajo de la alfombra", porque si la gente supiera, si la gente viera de verdad cómo funciona la industria alimentaria de la carne... no podrían soportarlo, con total seguridad. Al menos, la gente normal, no los psicópatas. Al toro de la vega lo lancean sin piedad. A las vacas que esperan en línea su muerte (imagina ese momento: ver cómo estás haciendo fila y cómo las que están delante de ti, tus compañeras, son torturadas, cómo se las mata de mala manera, cómo muchas veces hay tanta prisa que son escaldadas vivas, descuartizadas vivas, colgadas de un gancho sin que haya funcionado el aturdimiento...), las espolean, esto es, ¡lo mismo! Las pinchan y golpean con palos, se los clavan, para que continúen en la fila1. Cortes, mutilaciones, roturas de huesos... están a la orden del día. Y eso en las vacas o en los cerdos. En animales más pequeños y por ello más "manejables", como los pollos, el horror es aún más impresionante.
Es decir, tanto los animales de los festejos como los que acaban en el plato, sufren muchísimo y son torturados.
3. "Sí, bueno, pero es que yo sólo como carne ecológica de primera, de animales felices".
La carne ecológica se supone que tiene mejor calidad porque los animales han sido mejor alimentados, con ellos no se han usado tantos químicos (antibióticos y demás), y "en teoría" han llevado una "buena vida en libertad". ¡Anda, qué curioso, el mismo argumento que dan con los toros... que han vivido estupendamente, y que por eso no se pueden quejar! Ahora imagina que te ofrecen vivir en una jaula de oro, donde te van a dar masajes todos los días, comida estupenda y te van a poner música clásica. Eso sí, te explican que sólo será el tiempo indispensable hasta que engordes y entonces te maten. ¿De verdad elegirías esto? ¿Qué clase de argumento es "te voy a matar pero hasta entonces vas a vivir estupendamente"? Y por cierto, yo he visto gallinas "ecológicas". El término es tan laxo que resulta gracioso. Te ponen un 0 en los huevos (indicativo de que son gallinas en libertad) únicamente con que éstas salgan un rato al día a un patio pequeño. Evidentemente, no debe de ser suficiente, porque estas pobres gallinas tenían el pico tan cortado como las "no ecológicas" (a las gallinas se les corta el pico porque se vuelven locas hacinadas, y acaban desarrollando comportamientos psicóticos, y dándose de picotazos las unas a las otras... se les corta sin anestesia, y a veces tanto que les impide comer y finalmente mueren de inanición... las gallinas usan el pico para conocer el entorno, y con esta práctica se las deja como ciegas).
Es decir, no hay "animales felices", todos tienen el mismo final: los de los festejos, y los de los mataderos.
4. "Las fiestas con animales mueven mucho dinero, es una industria podrida que se beneficia de subvenciones y demás".
Sí, es verdad. Hay mucha pasta en juego. Subvenciones PÚBLICAS (financiamos estas barbaridades con nuestros impuestos)... al igual que las hay para la ganadería. ¿O acaso pensamos que los toros de lidia, por ejemplo, surgen de la nada? Forman parte de la industria ganadera, al igual que las vacas, son por lo tanto dos caras de la misma moneda. La ganadería mueve mucho dinero. Me contaba un compañero de trabajo cómo en su pueblo mucha gente vivía de la ganadería, forrada gracias a las subvenciones que les daban2. Oh, sí, ahora diremos que si la crisis, o que si esto ya no es lo que era. Me da exactamente lo mismo: se está sacando dinero a costa de la esclavitud, la tortura y la explotación.
Es decir, hay dinero en medio de ambas prácticas, porque forman parte de lo mismo: la cría y explotación animal.
5. "Los espectáculos de los festejos populares dan una imagen festiva de matar, sacando lo peor de los humanos".
Es lamentable ver cómo se comportan los garrulos de Tordesillas, por ejemplo. Cómo se dedican a increpar a los activistas, insultándoles y agrediéndoles como "valientes machos ibéricos". Lo mismo pasa con el paradigma del torero, como el de un hombre "valiente" que se enfrenta "ante la bestia" (¿no hay detrás de esto algo ancestral, ritual?), mientras las damiselas (véase el arquetipo de "la folclórica y el torero") les lanzan un pañuelo perfumado y se entregan a ellos cuando le ganan la batalla al animal. En los mataderos, los empleados (hombres, generalmente, sobre todo con los animales más grandes), se emplean con una agresividad alucinante en la tortura y el "procesamiento" de los animales.
Hay una dicotomía de géneros que siempre se ha esgrimido, un sistema dualista donde lo masculino se ve como lo fuerte, lo activo, lo que manda, y a esto podríamos añadir también... y la carne. Sin embargo, lo femenino se asocia con lo débil, lo pasivo, lo que debe de ser mandado... Comer verduras entraría aquí también, según el imaginario colectivo. No tenemos el arquetipo de un hombre fuerte, vigoroso... y vegetariano (que haberlos, haylos, pero no nos los solemos representar así). ¿Qué quiero decir con esto? Que para mí, veganismo y feminismo son dos cuestiones que deben de darse la mano. Feminismo y veganismo son justicia. Luchan contra estereotipos y dualismos estúpidos y mañidos, donde se explota a unos seres para beneficio de otros.
Es decir, que tanto en los festejos populares como en los mataderos, los humanos sacan lo peor de sí mismos. Y eso se extrapola al imaginario social, donde esta agresividad se asocia con valores patriarcales, masculinos.
6. "Todo el mundo come carne, no puede ser que todo el mundo esté equivocado, me gusta cómo sabe la carne, sin embargo no me gusta ver festejos populares donde maltratan animales".
Todo el mundo (bueno, no todo, pero la mayoría) come carne porque no se lo ha planteado. Yo no pienso que quienes coman carne estén equivocados. Simplemente opino que aún no han reflexionado sobre de dónde proviene lo que se comen. Porque no es sencillo hacerlo. Porque supone ir en contra del sistema, que ampara estas prácticas, escondidas por la industria alimentaria porque son tremendamente crueles con los animales para obtener el máximo beneficio al mínimo coste. Capitalismo puro y duro. Lo que está normalizado, se legitima, y con ello cualquier práctica, por cruel que sea, se aprueba, aunque sea intentando olvidar que existe. Así que vamos por ahí "haciéndonos los tontos", comprando en el supermercado bandejitas monísimas con todo despiezado, carnes tratadas con nitratos para que estén rositas (y no grises, como serían sin tratar... son cadáveres, a fin de cuentas), donde no podemos ver nada que nos recuerde que "eso" fue un animal, que sintió y quiso vivir como todos los demás. Y sí, la carne está muy rica para mucha gente, pero hay algo más allá del mero placer momentáneo: la ética. Sin embargo, ver las fiestas produce mucho malestar. ¿Por qué?
Y aquí es donde está la diferencia que buscamos: lo que no se ve, se puede obviar, pero lo que está delante de mis narices... ¿cómo lo escondo, cómo "hago como que no está"... si está ahí?
Yo comprendo que todo el mundo ha de elegir sus batallas. Que no se puede luchar contra todo. Que el mundo está repleto de injusticias, y que cada uno ayuda en lo que buenamente puede. Por ello, es de agradecer que tanta gente se indigne y reaccione ante la crueldad animal. Pero siempre ha de tenerse en cuenta que eso implica una gran contradicción. Que no podemos quejarnos de la crueldad en las fiestas populares pero aceptar la crueldad de los mataderos. Yo misma, cuando comía carne, era consciente de que no estaba siendo coherente, lo sabía y lo admitía, pero la inmensa mayoría de la gente se molesta cuando pones el dedo en la llaga en el centro de su incoherencia. Porque en el fondo, muy en el fondo, saben que "ahí pasa algo".
Festejos y consumo de animales son dos caras de la explotación. Ambas terminan en el mismo sitio (el plato), la diferencia más llamativa que hay entre ambas es que en una se ve la tortura; en la otra, no. Y lo que no se ve, se puede esconder... pero si te lo ponen delante de las narices, ¡la cosa no es tan fácil de olvidar!
---
1“Aplicaciones del Manual Media a Sectores Industriales: Industria Cárnica”. Ministerio de Ciencia y Tecnología. Edición Impresa. 2001
2 http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/ayudas-subvenciones/ayudas.asp
Dicho esto, es sorprendente cómo cada vez más y más personas se manifiestan y se indignan a causa de los espantosos "festejos populares" que incluyen maltrato animal, no ya sólo las sempiternas corridas de todos, sino el toro de la vega, las becerradas de Algamesí, y demás simpáticas fiestecillas, que con la etiqueta de "tradición" justifican cualquier barbaridad (las tradiciones, por cierto, no son inmutables, y los pueblos no mueren porque mueran determinadas tradiciones, la identidad cultural es otra cosa, y desde luego cambia con el tiempo, no hay un esencialismo inamovible sin el cual un pueblo ya no sea un pueblo... porque si no, estaríamos todos aún bajo el derecho de pernada y cosas así, anda que no hay tradiciones absurdas que han desaparecido). Es emocionante cómo cada vez más personas reclaman que se ponga fin a esto, y les estoy eternamente agradecida a quienes son tan sumamente valientes de enfrentarse a los paletos hechos masa -sí, la "valentía" canallesca siempre surge de la masa, o del anonimato de internet-. Gracias a todos los que os preocupáis por los animales, de corazón.
Pero... ¿y qué pasa con la otra cara de la moneda? ¿Por qué hay tanta gente que se indigna con los maltratos "festivos" de los animales y sin embargo no dice ni mu sobre el filete que tiene delante, en su plato de comida, todos los días? ¿Qué sucede aquí? Hagamos un pequeño repaso de las cosas en común y de las diferencias que hay entre ambas cuestiones, basándonos en los argumentos clásicos que se escuchan popularmente.
1. "No es lo mismo el matar animales para un espectáculo que para comer; comer es una necesidad imprescindible, y como omnívoros, tenemos que comer carne".
No sé el número de veces que habré escuchado este argumento. Y sí, somos omnívoros. Pero "omnívoro" no quiere decir "tener que comer de todo" (si no, la mayoría de la gente en Occidente tendría una dieta bastante pobre, ya que no suele comer insectos, por ejemplo), sino "tener la capacidad de poder comer de todo". La diferencia parece sutil, pero no lo es en absoluto. Ser omnívoro es, desde luego, muy ventajoso, porque nos permite alimentarnos de animales y/o vegetales, es decir, ¡podemos estar perfectamente sanos comiendo sólo vegetales, precisamente porque somos omnívoros!
Los toros que se lidian después se comen, por cierto. Y su carne es muy cara, además. Y los animales de la mayoría de festejos, lo mismo: ¡la carne no se "desaprovecha"!
Es decir, los animales que se usan en los festejos populares normalmente acaban en un plato, igual que los de los mataderos.
2. "Los animales de los festejos sufren un montón, no así los que nos comemos".
Ésta es muy graciosa. La mayoría de la gente no sabe nada de los animales que se come, o, más bien, prefiere no saber. ¿Tú conoces dónde están los centros donde se procesa la carne, has visto alguna vez cómo se engorda a estos animales, cómo se les trata, o cómo se les mata? No, claro, todo esto "se esconde debajo de la alfombra", porque si la gente supiera, si la gente viera de verdad cómo funciona la industria alimentaria de la carne... no podrían soportarlo, con total seguridad. Al menos, la gente normal, no los psicópatas. Al toro de la vega lo lancean sin piedad. A las vacas que esperan en línea su muerte (imagina ese momento: ver cómo estás haciendo fila y cómo las que están delante de ti, tus compañeras, son torturadas, cómo se las mata de mala manera, cómo muchas veces hay tanta prisa que son escaldadas vivas, descuartizadas vivas, colgadas de un gancho sin que haya funcionado el aturdimiento...), las espolean, esto es, ¡lo mismo! Las pinchan y golpean con palos, se los clavan, para que continúen en la fila1. Cortes, mutilaciones, roturas de huesos... están a la orden del día. Y eso en las vacas o en los cerdos. En animales más pequeños y por ello más "manejables", como los pollos, el horror es aún más impresionante.
Es decir, tanto los animales de los festejos como los que acaban en el plato, sufren muchísimo y son torturados.
3. "Sí, bueno, pero es que yo sólo como carne ecológica de primera, de animales felices".
La carne ecológica se supone que tiene mejor calidad porque los animales han sido mejor alimentados, con ellos no se han usado tantos químicos (antibióticos y demás), y "en teoría" han llevado una "buena vida en libertad". ¡Anda, qué curioso, el mismo argumento que dan con los toros... que han vivido estupendamente, y que por eso no se pueden quejar! Ahora imagina que te ofrecen vivir en una jaula de oro, donde te van a dar masajes todos los días, comida estupenda y te van a poner música clásica. Eso sí, te explican que sólo será el tiempo indispensable hasta que engordes y entonces te maten. ¿De verdad elegirías esto? ¿Qué clase de argumento es "te voy a matar pero hasta entonces vas a vivir estupendamente"? Y por cierto, yo he visto gallinas "ecológicas". El término es tan laxo que resulta gracioso. Te ponen un 0 en los huevos (indicativo de que son gallinas en libertad) únicamente con que éstas salgan un rato al día a un patio pequeño. Evidentemente, no debe de ser suficiente, porque estas pobres gallinas tenían el pico tan cortado como las "no ecológicas" (a las gallinas se les corta el pico porque se vuelven locas hacinadas, y acaban desarrollando comportamientos psicóticos, y dándose de picotazos las unas a las otras... se les corta sin anestesia, y a veces tanto que les impide comer y finalmente mueren de inanición... las gallinas usan el pico para conocer el entorno, y con esta práctica se las deja como ciegas).
Es decir, no hay "animales felices", todos tienen el mismo final: los de los festejos, y los de los mataderos.
4. "Las fiestas con animales mueven mucho dinero, es una industria podrida que se beneficia de subvenciones y demás".
Sí, es verdad. Hay mucha pasta en juego. Subvenciones PÚBLICAS (financiamos estas barbaridades con nuestros impuestos)... al igual que las hay para la ganadería. ¿O acaso pensamos que los toros de lidia, por ejemplo, surgen de la nada? Forman parte de la industria ganadera, al igual que las vacas, son por lo tanto dos caras de la misma moneda. La ganadería mueve mucho dinero. Me contaba un compañero de trabajo cómo en su pueblo mucha gente vivía de la ganadería, forrada gracias a las subvenciones que les daban2. Oh, sí, ahora diremos que si la crisis, o que si esto ya no es lo que era. Me da exactamente lo mismo: se está sacando dinero a costa de la esclavitud, la tortura y la explotación.
Es decir, hay dinero en medio de ambas prácticas, porque forman parte de lo mismo: la cría y explotación animal.
5. "Los espectáculos de los festejos populares dan una imagen festiva de matar, sacando lo peor de los humanos".
Es lamentable ver cómo se comportan los garrulos de Tordesillas, por ejemplo. Cómo se dedican a increpar a los activistas, insultándoles y agrediéndoles como "valientes machos ibéricos". Lo mismo pasa con el paradigma del torero, como el de un hombre "valiente" que se enfrenta "ante la bestia" (¿no hay detrás de esto algo ancestral, ritual?), mientras las damiselas (véase el arquetipo de "la folclórica y el torero") les lanzan un pañuelo perfumado y se entregan a ellos cuando le ganan la batalla al animal. En los mataderos, los empleados (hombres, generalmente, sobre todo con los animales más grandes), se emplean con una agresividad alucinante en la tortura y el "procesamiento" de los animales.
Hay una dicotomía de géneros que siempre se ha esgrimido, un sistema dualista donde lo masculino se ve como lo fuerte, lo activo, lo que manda, y a esto podríamos añadir también... y la carne. Sin embargo, lo femenino se asocia con lo débil, lo pasivo, lo que debe de ser mandado... Comer verduras entraría aquí también, según el imaginario colectivo. No tenemos el arquetipo de un hombre fuerte, vigoroso... y vegetariano (que haberlos, haylos, pero no nos los solemos representar así). ¿Qué quiero decir con esto? Que para mí, veganismo y feminismo son dos cuestiones que deben de darse la mano. Feminismo y veganismo son justicia. Luchan contra estereotipos y dualismos estúpidos y mañidos, donde se explota a unos seres para beneficio de otros.
Es decir, que tanto en los festejos populares como en los mataderos, los humanos sacan lo peor de sí mismos. Y eso se extrapola al imaginario social, donde esta agresividad se asocia con valores patriarcales, masculinos.
Guauuu, qué machoteeee
6. "Todo el mundo come carne, no puede ser que todo el mundo esté equivocado, me gusta cómo sabe la carne, sin embargo no me gusta ver festejos populares donde maltratan animales".
Todo el mundo (bueno, no todo, pero la mayoría) come carne porque no se lo ha planteado. Yo no pienso que quienes coman carne estén equivocados. Simplemente opino que aún no han reflexionado sobre de dónde proviene lo que se comen. Porque no es sencillo hacerlo. Porque supone ir en contra del sistema, que ampara estas prácticas, escondidas por la industria alimentaria porque son tremendamente crueles con los animales para obtener el máximo beneficio al mínimo coste. Capitalismo puro y duro. Lo que está normalizado, se legitima, y con ello cualquier práctica, por cruel que sea, se aprueba, aunque sea intentando olvidar que existe. Así que vamos por ahí "haciéndonos los tontos", comprando en el supermercado bandejitas monísimas con todo despiezado, carnes tratadas con nitratos para que estén rositas (y no grises, como serían sin tratar... son cadáveres, a fin de cuentas), donde no podemos ver nada que nos recuerde que "eso" fue un animal, que sintió y quiso vivir como todos los demás. Y sí, la carne está muy rica para mucha gente, pero hay algo más allá del mero placer momentáneo: la ética. Sin embargo, ver las fiestas produce mucho malestar. ¿Por qué?
PORQUE SE VEN, sencillamente.
Y aquí es donde está la diferencia que buscamos: lo que no se ve, se puede obviar, pero lo que está delante de mis narices... ¿cómo lo escondo, cómo "hago como que no está"... si está ahí?
Yo comprendo que todo el mundo ha de elegir sus batallas. Que no se puede luchar contra todo. Que el mundo está repleto de injusticias, y que cada uno ayuda en lo que buenamente puede. Por ello, es de agradecer que tanta gente se indigne y reaccione ante la crueldad animal. Pero siempre ha de tenerse en cuenta que eso implica una gran contradicción. Que no podemos quejarnos de la crueldad en las fiestas populares pero aceptar la crueldad de los mataderos. Yo misma, cuando comía carne, era consciente de que no estaba siendo coherente, lo sabía y lo admitía, pero la inmensa mayoría de la gente se molesta cuando pones el dedo en la llaga en el centro de su incoherencia. Porque en el fondo, muy en el fondo, saben que "ahí pasa algo".
Festejos y consumo de animales son dos caras de la explotación. Ambas terminan en el mismo sitio (el plato), la diferencia más llamativa que hay entre ambas es que en una se ve la tortura; en la otra, no. Y lo que no se ve, se puede esconder... pero si te lo ponen delante de las narices, ¡la cosa no es tan fácil de olvidar!
---
1“Aplicaciones del Manual Media a Sectores Industriales: Industria Cárnica”. Ministerio de Ciencia y Tecnología. Edición Impresa. 2001
2 http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/ayudas-subvenciones/ayudas.asp
sábado, 18 de abril de 2015
Algo falla en la Sanidad
El otro día, alguien me dijo que no podía comer aguacate porque engordaba. Otra persona, que no hay que juntar proteínas e hidratos de carbono, que eso también engorda (como si no estuvieran ya juntos en los alimentos). Y una tercera, que la fruta jamás debe tomarse de postre "porque tiene azúcar", y que es mejor siempre comer un yogur. Todos éstos son mitos más que extendidos -vaya usted a saber por qué- entre la población así, en general. Se han repetido hasta la saciedad de tal modo, junto a tantísimos otros (el famoso de la retención de líquidos, por ejemplo: "me como siete donuts al día, pero es que engordo porque retengo líquidos"), que ya casi, casi, parecen fundamentados.
Y el problema no es ya sólo ése. A fin de cuentas, no podemos saber de todo. El problema es que muchas veces, demasiadas, los propios médicos -profesionales de la salud, por lo tanto- también perpetúan mitos y datos incorrectos en torno a la alimentación. Con esto no quiero decir que ningún médico sepa de nutrición, ojo, pero sí que muchas veces aquellos que no saben revisten su propia opinión y prejuicios personales con su supuesta autoridad incontestable. Y eso es muy peligroso, porque si lo que tú crees que es un dato real -¿quién va a desconfiar de un médico?- resulta que es una mera opinión... el desastre está servido. Esto lo hemos visto mil y una veces con el tema de la lactancia materna: hay médicos y enfermeras que dan informaciones totalmente nefastas (por no decir otra cosa) sobre el tema de la lactancia materna, amparándose en su supuesta autoridad como profesionales de la salud, y propiciando por lo tanto una serie de mitos ridículos de los que, de haberse reciclado y formado adecuadamente, no querrían saber nada. Pero no, ahí siguen con la lactancia cada tres horas, el destete en caso de mastitis, etc. ¡Cuántas lactancias se habrían salvado si los profesionales estuvieran adecuadamente informados! Afortunadamente, sí existen, y cada vez más, médicos que se preocupan de defender la lactancia materna, de fomentarla, y de reciclarse ellos mismos constantemente para estar al tanto de los avances. Así debería ser, siempre, en medicina. En cualquier cosa, en realidad. El problema es cuando te acomodas a un puesto de trabajo... y ahí se queda todo.
Pues con la nutrición pasa algo parecido. Cuando necesitas perder peso y acudes al médico, ¿a dónde te mandan? Al endocrino, generalmente. Un endocrino es un señor que se ha especializado en endocrinología, esto es, en cómo funcionan las hormonas, en cómo curar las distintas enfermedades del sistema endocrino (por ejemplo, afecciones tiroideas). Ir a un endocrino para solicitarle asesoramiento nutricional acabará, casi siempre, con que te irás de ahí con una dieta "estándar" fotocopiada miles de veces y con la sensación de haber perdido el tiempo totalmente, porque dietas así puedes encontrarlas por todas partes sin tener que echar la tarde en ninguna consulta.
Lo que quiero decir, como ya comenté en el post sobre matronas y doulas, es que a cada cual lo suyo. Si un endocrino se encarga de las hormonas y sus afecciones, ¿quién se encarga de la nutrición, así, sin más? Pues muy sencillo: un dietista-nutricionista. Así se llama a la persona que ha estudiado la carrera de nutrición, no a la que se ha hecho un cursillo por CCC de "Naturopatía, nutrición y chakras homeopáticos" o algo similar, no. Se trata o bien de una FP2 (técnicos) o bien los que salen de una carrera universitaria denominada "nutrición humana y dietética" cuyo objetivo es precisamente formar a profesionales de la nutrición humana (hay diplomatura y grado). ¿Y dónde están esos profesionales? En la seguridad social, no. De momento, hay que costearlos a nivel privado, y muchas veces, demasiadas, bajo el riesgo de caer en el de los chakras homeopéticos del que hablaba más arriba.
Pero si quieres perder peso, o ganarlo, o que te expliquen cómo cambiar algún habito, o revisar si comes adecuadamente... lo que hay que hacer es ir a un nutricionista. A uno de verdad, con la carrera y el título y todo eso. Es que no hay más. Por eso, en este mes se está solicitando que se incluya la nutrición humana como especialidad en la seguridad social. Porque existe un hueco inmenso que no está cubierto. Porque hay gente, mucha, que necesita ser guiada en este tema.
Y porque resulta, sinceramente, vergonzoso, salir de la consulta de un endocrino con el papelito fotocopiado donde pueden leerse burradas despersonalizadas y dietas repletas de carencias. Y donde te recomiendan que no comas fruta, que separes proteínas e hidratos, o que evites el aguacate.
Algo falla en la Sanidad. Por el derecho a ser atendidos por profesionales de la nutrición y la dietética. #SanidadDesnutrida
Más información aquí.
Y el problema no es ya sólo ése. A fin de cuentas, no podemos saber de todo. El problema es que muchas veces, demasiadas, los propios médicos -profesionales de la salud, por lo tanto- también perpetúan mitos y datos incorrectos en torno a la alimentación. Con esto no quiero decir que ningún médico sepa de nutrición, ojo, pero sí que muchas veces aquellos que no saben revisten su propia opinión y prejuicios personales con su supuesta autoridad incontestable. Y eso es muy peligroso, porque si lo que tú crees que es un dato real -¿quién va a desconfiar de un médico?- resulta que es una mera opinión... el desastre está servido. Esto lo hemos visto mil y una veces con el tema de la lactancia materna: hay médicos y enfermeras que dan informaciones totalmente nefastas (por no decir otra cosa) sobre el tema de la lactancia materna, amparándose en su supuesta autoridad como profesionales de la salud, y propiciando por lo tanto una serie de mitos ridículos de los que, de haberse reciclado y formado adecuadamente, no querrían saber nada. Pero no, ahí siguen con la lactancia cada tres horas, el destete en caso de mastitis, etc. ¡Cuántas lactancias se habrían salvado si los profesionales estuvieran adecuadamente informados! Afortunadamente, sí existen, y cada vez más, médicos que se preocupan de defender la lactancia materna, de fomentarla, y de reciclarse ellos mismos constantemente para estar al tanto de los avances. Así debería ser, siempre, en medicina. En cualquier cosa, en realidad. El problema es cuando te acomodas a un puesto de trabajo... y ahí se queda todo.
Pues con la nutrición pasa algo parecido. Cuando necesitas perder peso y acudes al médico, ¿a dónde te mandan? Al endocrino, generalmente. Un endocrino es un señor que se ha especializado en endocrinología, esto es, en cómo funcionan las hormonas, en cómo curar las distintas enfermedades del sistema endocrino (por ejemplo, afecciones tiroideas). Ir a un endocrino para solicitarle asesoramiento nutricional acabará, casi siempre, con que te irás de ahí con una dieta "estándar" fotocopiada miles de veces y con la sensación de haber perdido el tiempo totalmente, porque dietas así puedes encontrarlas por todas partes sin tener que echar la tarde en ninguna consulta.
Lo que quiero decir, como ya comenté en el post sobre matronas y doulas, es que a cada cual lo suyo. Si un endocrino se encarga de las hormonas y sus afecciones, ¿quién se encarga de la nutrición, así, sin más? Pues muy sencillo: un dietista-nutricionista. Así se llama a la persona que ha estudiado la carrera de nutrición, no a la que se ha hecho un cursillo por CCC de "Naturopatía, nutrición y chakras homeopáticos" o algo similar, no. Se trata o bien de una FP2 (técnicos) o bien los que salen de una carrera universitaria denominada "nutrición humana y dietética" cuyo objetivo es precisamente formar a profesionales de la nutrición humana (hay diplomatura y grado). ¿Y dónde están esos profesionales? En la seguridad social, no. De momento, hay que costearlos a nivel privado, y muchas veces, demasiadas, bajo el riesgo de caer en el de los chakras homeopéticos del que hablaba más arriba.
Pero si quieres perder peso, o ganarlo, o que te expliquen cómo cambiar algún habito, o revisar si comes adecuadamente... lo que hay que hacer es ir a un nutricionista. A uno de verdad, con la carrera y el título y todo eso. Es que no hay más. Por eso, en este mes se está solicitando que se incluya la nutrición humana como especialidad en la seguridad social. Porque existe un hueco inmenso que no está cubierto. Porque hay gente, mucha, que necesita ser guiada en este tema.
Y porque resulta, sinceramente, vergonzoso, salir de la consulta de un endocrino con el papelito fotocopiado donde pueden leerse burradas despersonalizadas y dietas repletas de carencias. Y donde te recomiendan que no comas fruta, que separes proteínas e hidratos, o que evites el aguacate.
Algo falla en la Sanidad. Por el derecho a ser atendidos por profesionales de la nutrición y la dietética. #SanidadDesnutrida
Más información aquí.
viernes, 30 de enero de 2015
El simbólico puntapié y las cuotas de género
Cuando empezó el feminismo como movimiento consolidado, allá por la Ilustración, las mujeres protestaron porque sus reivindicaciones no eran incluidas en los nuevos sistemas, aunque bien que cuando hicieron falta se las dejó pertenecer a esa masa crítica. Así, en la Revolución Francesa, ellas también salieron a las calles, ellas también formaron parte, ellas también estuvieron ahí. Pero cuando la revolución terminó, se las mandó de vuelta a casa con un simbólico puntapié. Lo mismo sucedió en el movimiento americano de abolición de la esclavitud. En las guerras mundiales. En tantísimos conflictos donde se aprovecharon de las mujeres para "hacer bulto" (¡claro, así eran el doble!), pero una vez conseguida la meta, el bulto tenía que volver a sus cocinas.
En la actualidad, nuevos movimientos sociales están emergiendo, poco a poco, y recuerdan un poco, de lejos, a esos movimientos antiguos de ciudadanos movidos por el hartazgo y los abusos constantes. ¿Dónde quedan los feminismos en medio de todo esto? Porque nuevamente, a las mujeres se las acoge para las protestas. Pero luego llega la hora de la verdad y ni se escuchan las reivindicaciones de género ni se establecen cuotas de paridad. Syriza no ha puesto a mujeres ministras. Y la gente se lleva las manos a la cabeza, o sonríe socarronamente, cuando explicas que es un grave error que esto sea así. "Hay cosas más importantes ahora que hacer, lo del feminismo puede esperar", dicen. Como si los feminismos fueran algo secundario, un capricho tonto de un montón de niñas aburridas que no tienen nada mejor que hacer. Qué zarpas tan largas, qué paternalismo tan insultante, tiene el patriarcado, porque estamos todos imbuidos en él sin darnos ni cuenta, nuestros argumentos están siempre pasados por ese filtro, que tenemos tan interiorizado que ya ni somos conscientes.
¿Reivindicaciones secundarias? Las mujeres somos las víctimas principales de la crisis. Mayor precariedad laboral, mayores tasas de paro, salarios mucho más bajos. Dobles jornadas, porque seguimos siendo las principales cuidadoras de niños y mayores, y las que más tareas del hogar realizamos, aunque trabajemos las mismas horas o más que los varones. ¿De verdad es secundario lo que opine la mitad de la población? ¿Y por qué es secundario, porque somos la alteridad, porque lo primario ya lo deciden "ellos"? ¿Porque su opinión vale más? Otra vez la misma trampa. El mismo bache en el camino, con el que tropezamos ad infinitum.
Las cuotas de paridad son necesarias, hoy por hoy. Es un parche, una imposición, es cierto, pero mientras no exista un compromiso feminista de facto, las cuotas deberían darse siempre. Y digo siempre porque actualmente éstas dependen únicamente de la "buena voluntad" de los partidos políticos: ni son obligatorias ni son necesarias, sólo las aplican los partidos políticos que así lo desean. Y entonces pasa lo de siempre: que los varones lo tienen más fácil desde el primer momento, porque su meta está más cerca, porque sus obstáculos serán menores, porque únicamente por ostentar un género determinado tendrán muchas más posibilidades de dedicarse a la vida pública. Es así, no hay más. Sólo hay que echar un vistazo por cualquier periódico. Los feminismos aún necesitan de tanta pedagogía (empezando por que la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que son) que resulta complejo emprender una acción así, que parece tan impositiva. Pero mientras no exista una alta representatividad femenina en los gobiernos, nuestras reivindicaciones continuarán en el aire, como un mero "capricho tonto".
Y nos seguirán dando el simbólico puntapié una vez ganadas las batallas, porque ya hemos hecho el bulto, porque ya se ha terminado... porque ya no hacemos falta, en un mundo de hombres y para hombres.
En la actualidad, nuevos movimientos sociales están emergiendo, poco a poco, y recuerdan un poco, de lejos, a esos movimientos antiguos de ciudadanos movidos por el hartazgo y los abusos constantes. ¿Dónde quedan los feminismos en medio de todo esto? Porque nuevamente, a las mujeres se las acoge para las protestas. Pero luego llega la hora de la verdad y ni se escuchan las reivindicaciones de género ni se establecen cuotas de paridad. Syriza no ha puesto a mujeres ministras. Y la gente se lleva las manos a la cabeza, o sonríe socarronamente, cuando explicas que es un grave error que esto sea así. "Hay cosas más importantes ahora que hacer, lo del feminismo puede esperar", dicen. Como si los feminismos fueran algo secundario, un capricho tonto de un montón de niñas aburridas que no tienen nada mejor que hacer. Qué zarpas tan largas, qué paternalismo tan insultante, tiene el patriarcado, porque estamos todos imbuidos en él sin darnos ni cuenta, nuestros argumentos están siempre pasados por ese filtro, que tenemos tan interiorizado que ya ni somos conscientes.
¿Reivindicaciones secundarias? Las mujeres somos las víctimas principales de la crisis. Mayor precariedad laboral, mayores tasas de paro, salarios mucho más bajos. Dobles jornadas, porque seguimos siendo las principales cuidadoras de niños y mayores, y las que más tareas del hogar realizamos, aunque trabajemos las mismas horas o más que los varones. ¿De verdad es secundario lo que opine la mitad de la población? ¿Y por qué es secundario, porque somos la alteridad, porque lo primario ya lo deciden "ellos"? ¿Porque su opinión vale más? Otra vez la misma trampa. El mismo bache en el camino, con el que tropezamos ad infinitum.
Las cuotas de paridad son necesarias, hoy por hoy. Es un parche, una imposición, es cierto, pero mientras no exista un compromiso feminista de facto, las cuotas deberían darse siempre. Y digo siempre porque actualmente éstas dependen únicamente de la "buena voluntad" de los partidos políticos: ni son obligatorias ni son necesarias, sólo las aplican los partidos políticos que así lo desean. Y entonces pasa lo de siempre: que los varones lo tienen más fácil desde el primer momento, porque su meta está más cerca, porque sus obstáculos serán menores, porque únicamente por ostentar un género determinado tendrán muchas más posibilidades de dedicarse a la vida pública. Es así, no hay más. Sólo hay que echar un vistazo por cualquier periódico. Los feminismos aún necesitan de tanta pedagogía (empezando por que la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que son) que resulta complejo emprender una acción así, que parece tan impositiva. Pero mientras no exista una alta representatividad femenina en los gobiernos, nuestras reivindicaciones continuarán en el aire, como un mero "capricho tonto".
Y nos seguirán dando el simbólico puntapié una vez ganadas las batallas, porque ya hemos hecho el bulto, porque ya se ha terminado... porque ya no hacemos falta, en un mundo de hombres y para hombres.
jueves, 9 de octubre de 2014
Sólo un perro
Ayer mataron a un perro. Un perro que jamás entendió qué estaba pasando,
un perro que de la noche a la mañana se quedó solo en casa con un saco
gigante de comida y la bañera llena de agua, y que vio desde su terraza
cómo una multitud se congregaba en la calle, sin comprender qué estaba
pasando. Y no hace falta ser "animalista" para ir ahí a defender a ese
perro. Hace falta sólo tener sentido común. Un gobierno que pasa por
encima de toda la población sin despeinarse lo más mínimo, que hace todo
de la manera más auténticamente chapucera, que repatrió a dos
moribundos sin tener las instalaciones habilitadas para tal efecto, ni
los conocimientos, ni los trajes, no es sino un pedrusco inmenso en
medio del supuesto paradigma de la democracia. Ahora, sólo tienen que
usar a la auxiliar clínica infectada como chivo expiatorio, y el cóctel
ya está servido: sin responsabilidades políticas, se puede seguir
haciendo lo que a uno le venga en gana.
Me resulta curioso, cuando menos, que muchas personas que no simpatizan con la causa animalista arremetan contra la defensa de ese perro. Ese perro es un símbolo, ni más ni menos. Es la dignidad de la gente pisoteada. Es el derecho a hacer las cosas de otra manera, que no se ha respetado. Es lo privado, que sale a la palestra sin ningún rubor por parte de nadie. Porque el pánico es el arma más poderosa que existe. Y bien manipulado, la población se dejará hacer de todo, si hay pánico de por medio.
El argumento clásico de "es que os importan más los animales que las personas" también cansa, cansa muchísimo. Imagino que quienes así discurren serán voluntarios de una ONG, y se pasarán el día alegrando a los niños con cáncer en los hospitales, o trabajando los veranos reconstruyendo edificios derrumbados por terremotos. No sé, digo yo. Porque si no es así, ¿por qué juzgan los actos de buena fe ajenos? ¿Ellos qué saben de la gente? ¿No puede ser que esa misma gente que defiende al perro también esté involucarada en otras causas más "aceptables" en su estrecha escala de valores? Es que me resulta curioso que venga alguien que conduce un Mercedes y lleva ropa cosida por niños esclavos, por ejemplo, diciendo que las personas son más importantes. ¿Y tú, qué haces por las personas? ¿Por qué tengo yo que ayudar más a las personas que tú? La dicotomía personas-animales es una falacia como un pino. Demagogia pura, vamos.
En este mundo, cada uno se involucra en las causas que más le tocan, por un motivo u otro. Y quizás a mí me toquen más la defensa de los animales, o de los niños diabéticos, o de los enfermos de colon irritable, ¡qué sé yo! Son ejemplos al azar. ¿Tendría por ello que involucrarme en absolutamente todas las causas que necesiten apoyo? Pues me encantaría, pero lo veo imposible. Porque la gente que le da un euro a un mendigo no va a buscar a todos los mendigos del país para darles un euro también, y así ser equitativos. Porque la gente que más critica suele ser, curiosamente, la que menos hace. Y porque es muy sencillo juzgar a los demás sin conocerles.
Ya lo dice el gran filósofo Jesús Mosterín; si España es el país donde peor se trata a los animales de toda Europa es porque aquí jamás llegaron los ideales de la Ilustración. Y sin Ilustración no hay cultura. O, más bien, queda una cultura "bronca, hosca y violenta". Spain is different, that's a fact.
¿"Sólo un perro"? Pues sí. Y yo soy sólo una humana, mira tú. Y ahí, más allá, hay una que sólo es una vaca. Pero hasta donde yo sé, todos los animales (los humanos también somos animales, ¡pero cómo nos gusta olvidarnos de eso!) con sistema nervioso sufrimos, somos capaces de sentir dolor. ¿No te gustan los animales? No los tengas. ¿No simpatizas con la defensa animal? Estás en tu derecho. Pero juzgar a los demás por luchar por lo que consideran justo, no sólo es una muestra de la rigidez mental más absoluta, sino que oculta -mal, por cierto- una agresividad desproporcionada y sin ningún sentido.
Porque entonces, cuando venga alguien a desahuciarte de tu casa, no esperes que nadie te ayude. Total, si sólo es una casa.
Me resulta curioso, cuando menos, que muchas personas que no simpatizan con la causa animalista arremetan contra la defensa de ese perro. Ese perro es un símbolo, ni más ni menos. Es la dignidad de la gente pisoteada. Es el derecho a hacer las cosas de otra manera, que no se ha respetado. Es lo privado, que sale a la palestra sin ningún rubor por parte de nadie. Porque el pánico es el arma más poderosa que existe. Y bien manipulado, la población se dejará hacer de todo, si hay pánico de por medio.
El argumento clásico de "es que os importan más los animales que las personas" también cansa, cansa muchísimo. Imagino que quienes así discurren serán voluntarios de una ONG, y se pasarán el día alegrando a los niños con cáncer en los hospitales, o trabajando los veranos reconstruyendo edificios derrumbados por terremotos. No sé, digo yo. Porque si no es así, ¿por qué juzgan los actos de buena fe ajenos? ¿Ellos qué saben de la gente? ¿No puede ser que esa misma gente que defiende al perro también esté involucarada en otras causas más "aceptables" en su estrecha escala de valores? Es que me resulta curioso que venga alguien que conduce un Mercedes y lleva ropa cosida por niños esclavos, por ejemplo, diciendo que las personas son más importantes. ¿Y tú, qué haces por las personas? ¿Por qué tengo yo que ayudar más a las personas que tú? La dicotomía personas-animales es una falacia como un pino. Demagogia pura, vamos.
En este mundo, cada uno se involucra en las causas que más le tocan, por un motivo u otro. Y quizás a mí me toquen más la defensa de los animales, o de los niños diabéticos, o de los enfermos de colon irritable, ¡qué sé yo! Son ejemplos al azar. ¿Tendría por ello que involucrarme en absolutamente todas las causas que necesiten apoyo? Pues me encantaría, pero lo veo imposible. Porque la gente que le da un euro a un mendigo no va a buscar a todos los mendigos del país para darles un euro también, y así ser equitativos. Porque la gente que más critica suele ser, curiosamente, la que menos hace. Y porque es muy sencillo juzgar a los demás sin conocerles.
Ya lo dice el gran filósofo Jesús Mosterín; si España es el país donde peor se trata a los animales de toda Europa es porque aquí jamás llegaron los ideales de la Ilustración. Y sin Ilustración no hay cultura. O, más bien, queda una cultura "bronca, hosca y violenta". Spain is different, that's a fact.
¿"Sólo un perro"? Pues sí. Y yo soy sólo una humana, mira tú. Y ahí, más allá, hay una que sólo es una vaca. Pero hasta donde yo sé, todos los animales (los humanos también somos animales, ¡pero cómo nos gusta olvidarnos de eso!) con sistema nervioso sufrimos, somos capaces de sentir dolor. ¿No te gustan los animales? No los tengas. ¿No simpatizas con la defensa animal? Estás en tu derecho. Pero juzgar a los demás por luchar por lo que consideran justo, no sólo es una muestra de la rigidez mental más absoluta, sino que oculta -mal, por cierto- una agresividad desproporcionada y sin ningún sentido.
Porque entonces, cuando venga alguien a desahuciarte de tu casa, no esperes que nadie te ayude. Total, si sólo es una casa.
jueves, 11 de septiembre de 2014
De tradiciones, culturas, y torturas mueve-adrenalinas
Jovenzuelos gañanes echando la tarde.
Y es curioso también el rollo éste de las tradiciones, que con demasiada frecuencia se suelen equiparar con "cultura". Y no, una tradición es sólo una parte muy pequeña de la cultura de un pueblo. Porque un pueblo se compone de su estructura social, sus religiones, su organización política, económica, legal, su música, su arte, sus habitantes, su ropa, ¡qué sé yo! Y si las sociedades mutan, porque lo hacen, porque es inevitable, porque forma parte de la naturaleza humana, ¿a santo de qué viene aferrarse a tradiciones como signo de identidad? ¿Y por qué no conservamos entonces la Inquisición, que también era muy típica de este país? ¿Y por qué no seguimos retándonos en duelos? ¿Y por qué abrazamos la tecnología y otros cambios, si ponen en peligro el ser como éramos antes?
¿Y por qué ya no nos vestimos así? ¿Qué pasa con la identidad?
La riqueza cultural de un pueblo ni empieza ni termina en sus tradiciones. Porque entonces...
... como en China ya se ha prohibido el vendaje de pies, los chinos ya no serían chinos
... como en España se han prohibido las peleas de gallos (claro, aquí no mueven mucho dinero), ahora mismo ya no seríamos quienes somos
... como en Inglaterra ya no se juega al fútbol usando la cabeza de un enemigo, como en la Edad Media, los ingleses ahora deberían ser otros
... como los monjes budistas ya no se automomifican, el budismo debería llamarse de otro modo
etc, etc, etc...
Los seres humanos progresan, somos cada vez más civilizados, pero seguimos teniendo un lado oscuro, y precisamente esa dicomotía es un caldo de cultivo para que afloren los instintos más básicos, innobles, crueles y desprovistos de toda empatía. El discurso de la tradición es ridículo, porque entonces, como digo, no sólo no tendríamos que haber abolido un montón de tradiciones que hoy a cualquiera le parecen una barbaridad, sino que además no deberíamos haber cambiado muchísimos aspectos de la cultura, que es algo mucho más amplio y sobre lo que descansa la identidad de un pueblo. Sin embargo eso sí lo hacemos, sin despeinarnos. Pero lo que tenemos que comprender es que la cultura es algo flexible, cambiante, de una gran plasticidad, y desde luego y sin ninguna duda, hoy no tenemos nada que ver con los que vivían en la península hace quinientos años. Lo siento, pero no. Somos muy diferentes, y nos separan muchas más cosas de las que nos unen. Entonces, ¿para qué aferrarse a un lastre cruento y absurdo que no tiene nada que ver con la identidad de un pueblo actual? ¿Por qué permitimos que la sociedad avance pero nos agarramos como a un clavo ardiendo a pequeñas tradiciones anecdóticas dentro de la cultura en general? ¿Qué aporta, realmente, eso, al conjunto de la sociedad? No aporta NADA. De ahí no se puede extraer nada positivo.

A quienes justifican lo injustificable en un mundo donde este tipo de comportamientos cada vez tiene menos cabida...
A quienes insultan y arremeten contra los que sí tienen un mínimo de sensibilidad con descalificaciones fáciles (porque argumentos, ninguno, claro)...
A todos ellos, basta ya.
Esto es ridículo.
Quien quiera sentir emociones fuertes, que se vaya a un parque de atracciones, o haga puenting, o intente vivir con 500 euros al mes y tres hijos, o se vaya a pasear en minifalda por las calles de El Cairo, ¡qué sé yo, hay muchas maneras de sentir el subidón de adrenalina!
Así, desde luego, no.
domingo, 17 de agosto de 2014
Mirar hacia otro lado
Creo que lo mejor de este vídeo no es ya sólo la serie de verdades incómodas que se explican en él. Lo mejor es la cara del público. Esa cara de "tierra, trágame". Esa cara de "no quiero oír esto". Esa cara de "necesito seguir comiendo bacon, no me expliques cosas de las que no quiero saber nada".
Es mucho más difícil mirar hacia otro lado cuando estás en medio de una charla con proyecciones y te están filmando.
Aunque luego, en unos días, olvides voluntariamente todas las verdades incómodas, una vez regreses a tu rutina de no saber, y los estantes del supermercado te ofrezcan una carne plastificada que poco o nada recuerdan a su origen cruel. Y entonces seguirás con tu vida, porque... ¿qué más da? ¡Si es lo que hace todo el mundo!
Es mucho más difícil mirar hacia otro lado cuando estás en medio de una charla con proyecciones y te están filmando.
Aunque luego, en unos días, olvides voluntariamente todas las verdades incómodas, una vez regreses a tu rutina de no saber, y los estantes del supermercado te ofrezcan una carne plastificada que poco o nada recuerdan a su origen cruel. Y entonces seguirás con tu vida, porque... ¿qué más da? ¡Si es lo que hace todo el mundo!
lunes, 28 de julio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
La indiferencia es la peor forma de violencia
Una de las cosas que más me cuesta desde siempre es callarme. Muchas
veces, me tengo que morder la lengua hasta el infinito y más allá cuando
escucho la típica perorata salpicada de ignorancia, prejuicios, u
opiniones sin fundamentar en general.
En relación a la maternidad, sé que no hay que juzgar, así que intento callarme con todas mis fuerzas. Pero muchas veces se me llevan los demonios. Me resulta muy difícil.
Y creo que, con diferencia, en el tema del embarazo/parto/lactancia y demás, lo que más me fastidia es la actitud del "me da igual". Porque una cosa es ser una persona sin la posibilidad de informarte, y otra cosa muy diferente es tener toda la información del mundo al alcance de la mano... y aun así, despreciarla.
Creo que, principalmente, se juntan tres factores:
- La autoridad. Seguimos pensando que los profesionales de la salud tienen la última palabra, como si no fuéramos mujeres maduras con la suficiente capacidad para responsabilizarnos de nuestra propia salud. Por ello, dejamos que el embarazo y el parto caigan en el saco de lo patológico, y sean tratados como una enfermedad. Así que, si son una enfermedad, qué menos que dejarse manipular por los médicos, "que son los que saben".
- La normalidad. Nos da miedo "ser diferentes", ser "pioneras", y es que "si siempre se ha hecho así, por algo será". Así, y casi como corolario del primer punto, el de la autoridad, nos quedamos calladitas, no damos guerra, no vamos a ser más que la vecina, no queremos dar la nota, no queremos destacar. Y nos dejamos hacer, nuevamente, para no molestar, para no ser "raras".
- El miedo. Y éste es, quizás, el más importante. Y el que muchas veces deja que los dos primeros puntos se produzcan, casi con alivio. Estamos tan desconectadas de nuestros cuerpos, de la vida en general, que tenemos miedo. Miedo a parir. Miedo a amamantar. Miedo a sujetar un bebé. Miedo a ser lo que somos: mamíferas. ¡Tenemos, sencillamente, miedo a ser! Esta desconexión es terrible, porque no sólo supone desconectarse de nuestra sabiduría instintiva que subyace dentro de todos nosotros, sino sobre todo desconectarse totalmente de nuestra propia esencia. Así que nos dejamos llevar, porque tenemos miedo a encontrarnos con nosotras mismas. A descubrirnos, ahí, debajo de todas esas capas de modernidad, internet, maquillajes, piercings y sofisticaciones. Tenemos terror al dolor, terror a vernos como criaturas que gimen, gritan, sangran, y entran en un trance sinigual, animal, como nunca antes habíamos experimentado. Así que mejor ponernos anestesias y todo tipo de parches para no abandonarnos en esa locura, tan poco racional, tan extraña... tan incontrolable y, por ende, temible. La pasividad como método de controlar el terror.
Y así nos va. A años luz de otros países en cuanto a la atención en el embarazo y parto. Con toda la información a nuestro alcance... pero nos da igual.
Y se suceden los episodios de violencia obstétrica sin que nadie diga ni mu: inducciones cuando el cuerpo no está preparado, maniobras de Kristeller, separación de membranas, tactos "porque sí", posiciones impuestas, enemas, rasurados, fórceps, ventosas, cesáreas innecesarias. Pero no nos quejamos, no nos informamos, no buscamos. Y hablo con la gente y mi experiencia en los partos no tiene nada que ver con lo que otras personas me cuentan. Y la diferencia está en algo muy sencillo: la información de la madre. El criterio. La capacidad de informarse, leer, decidir, y sobre todo, desarrollar una actitud crítica. (Actitud que, por cierto, sería deseable tener en todos los aspectos de la vida para progresar como persona... aunque ésa es otra cuestión.)
Pero luego, cuando pasan esos partos, esas mujeres no se sienten mal, no encuentran a faltar nada, no se sienten violentadas. Es decir, a veces sí; algunas veces, un tiempo después, repasan lo sucedido y comprenden cómo fue lo que realmente pasó. Pero por desgracia, la inmensa mayoría sale de estos procesos totalmente indiferentes, porque se han visto en el hospital cuando sentían que estaban en un proceso patológico, y como tal se han dejado hacer, se han dejado "curar". Porque así fue también en el caso de su vecina. Porque así se hace siempre. Porque no quieren ser diferentes. Porque los médicos son los que saben. Y porque... ¡qué miedo, eso de sentir dolor en tu cuerpo!
Y si no se dan cuenta, la violencia obstétrica puede seguir adelante, como si nada, como otra arma más de control del patriarcado sobre los cuerpos de las mujeres.
Porque la indiferencia es, quizás, la forma más terrible de violencia.
En relación a la maternidad, sé que no hay que juzgar, así que intento callarme con todas mis fuerzas. Pero muchas veces se me llevan los demonios. Me resulta muy difícil.
Y creo que, con diferencia, en el tema del embarazo/parto/lactancia y demás, lo que más me fastidia es la actitud del "me da igual". Porque una cosa es ser una persona sin la posibilidad de informarte, y otra cosa muy diferente es tener toda la información del mundo al alcance de la mano... y aun así, despreciarla.
Creo que, principalmente, se juntan tres factores:
- La autoridad. Seguimos pensando que los profesionales de la salud tienen la última palabra, como si no fuéramos mujeres maduras con la suficiente capacidad para responsabilizarnos de nuestra propia salud. Por ello, dejamos que el embarazo y el parto caigan en el saco de lo patológico, y sean tratados como una enfermedad. Así que, si son una enfermedad, qué menos que dejarse manipular por los médicos, "que son los que saben".
- La normalidad. Nos da miedo "ser diferentes", ser "pioneras", y es que "si siempre se ha hecho así, por algo será". Así, y casi como corolario del primer punto, el de la autoridad, nos quedamos calladitas, no damos guerra, no vamos a ser más que la vecina, no queremos dar la nota, no queremos destacar. Y nos dejamos hacer, nuevamente, para no molestar, para no ser "raras".
- El miedo. Y éste es, quizás, el más importante. Y el que muchas veces deja que los dos primeros puntos se produzcan, casi con alivio. Estamos tan desconectadas de nuestros cuerpos, de la vida en general, que tenemos miedo. Miedo a parir. Miedo a amamantar. Miedo a sujetar un bebé. Miedo a ser lo que somos: mamíferas. ¡Tenemos, sencillamente, miedo a ser! Esta desconexión es terrible, porque no sólo supone desconectarse de nuestra sabiduría instintiva que subyace dentro de todos nosotros, sino sobre todo desconectarse totalmente de nuestra propia esencia. Así que nos dejamos llevar, porque tenemos miedo a encontrarnos con nosotras mismas. A descubrirnos, ahí, debajo de todas esas capas de modernidad, internet, maquillajes, piercings y sofisticaciones. Tenemos terror al dolor, terror a vernos como criaturas que gimen, gritan, sangran, y entran en un trance sinigual, animal, como nunca antes habíamos experimentado. Así que mejor ponernos anestesias y todo tipo de parches para no abandonarnos en esa locura, tan poco racional, tan extraña... tan incontrolable y, por ende, temible. La pasividad como método de controlar el terror.
Y así nos va. A años luz de otros países en cuanto a la atención en el embarazo y parto. Con toda la información a nuestro alcance... pero nos da igual.
Y se suceden los episodios de violencia obstétrica sin que nadie diga ni mu: inducciones cuando el cuerpo no está preparado, maniobras de Kristeller, separación de membranas, tactos "porque sí", posiciones impuestas, enemas, rasurados, fórceps, ventosas, cesáreas innecesarias. Pero no nos quejamos, no nos informamos, no buscamos. Y hablo con la gente y mi experiencia en los partos no tiene nada que ver con lo que otras personas me cuentan. Y la diferencia está en algo muy sencillo: la información de la madre. El criterio. La capacidad de informarse, leer, decidir, y sobre todo, desarrollar una actitud crítica. (Actitud que, por cierto, sería deseable tener en todos los aspectos de la vida para progresar como persona... aunque ésa es otra cuestión.)
Pero luego, cuando pasan esos partos, esas mujeres no se sienten mal, no encuentran a faltar nada, no se sienten violentadas. Es decir, a veces sí; algunas veces, un tiempo después, repasan lo sucedido y comprenden cómo fue lo que realmente pasó. Pero por desgracia, la inmensa mayoría sale de estos procesos totalmente indiferentes, porque se han visto en el hospital cuando sentían que estaban en un proceso patológico, y como tal se han dejado hacer, se han dejado "curar". Porque así fue también en el caso de su vecina. Porque así se hace siempre. Porque no quieren ser diferentes. Porque los médicos son los que saben. Y porque... ¡qué miedo, eso de sentir dolor en tu cuerpo!
Y si no se dan cuenta, la violencia obstétrica puede seguir adelante, como si nada, como otra arma más de control del patriarcado sobre los cuerpos de las mujeres.
Porque la indiferencia es, quizás, la forma más terrible de violencia.
martes, 24 de junio de 2014
Una pequeña gran victoria
A veces, los pequeños gestos sirven de algo. A veces, ponerse pesada y ofrecer argumentos REALES, también.
Se puso en contacto conmigo Miriam (http://www.mipediatravegetariano.com/, página altamente recomendable para quienes tengáis niños vegetarianos), interesándose por lo que había pasado con los bancos de leche. Le conté toda la historia, que se puede leer aquí:
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO
Y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras hablar ella con el banco de leche del Hospital 12 de Octubre, le contestan diciendo que han revisado los protocolos, y que las madres veganas correctamente suplementadas ya pueden donar.
Estoy muy feliz de haber aportado un granito de arena para llegar a esto, que además ha costado.
Muchas gracias, Miriam, por este comienzo de día tan estupendo :)
Se puso en contacto conmigo Miriam (http://www.mipediatravegetariano.com/, página altamente recomendable para quienes tengáis niños vegetarianos), interesándose por lo que había pasado con los bancos de leche. Le conté toda la historia, que se puede leer aquí:
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO
Y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras hablar ella con el banco de leche del Hospital 12 de Octubre, le contestan diciendo que han revisado los protocolos, y que las madres veganas correctamente suplementadas ya pueden donar.
Estoy muy feliz de haber aportado un granito de arena para llegar a esto, que además ha costado.
Muchas gracias, Miriam, por este comienzo de día tan estupendo :)
lunes, 19 de mayo de 2014
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Hoy es el día mundial de la donación de leche materna, un gesto que me parece maravilloso y absolutamente loable, qué duda cabe. Pero me sigue escociendo el que no se permita donar a las madres veganas. Me gusta escuchar la radio mientras me desplazo, y llevan todo el día hablando sobre el tema (que por otro lado, qué bien que cada vez se sensibilice a la gente más sobre este tipo de cuestiones), y nuevamente me encuentro con que por todas partes se habla de los requisitos para donar, y entre éstos sólo se menciona que la madre ha de tener hábitos de vida saludables. NUNCA se menciona nada sobre vegetarianismo, siempre se dice "por lo bajo" a las madres interesadas que preguntan, pero en los medios de comunicación, no. Esto me molesta, y mucho.
Si el requisito para ser donante de leche materna es tener hábitos de vida saludables, y las madres veganas no pueden donar, quiere decir que se considera que las madres veganas no tienen hábitos de vida saludables. Tan sencillo como eso. Ese prejuicio infundado y que puede desmontarse con un sencillo análisis de sangre parece un escollo muy grande para determinados centros médicos. La responsable del banco de leche del 12 de Octubre, con quien mantuve una ávida correspondencia sobre este tema, ha explicado en Radio Nacional cómo se hace para manipular la leche donada: análisis de nutrientes, pasteurización y todo tipo de avances. ¿De verdad, ante tamaña expresión futurista de medios más propios de la NASA que de un hospital español, no son capaces de saber cuándo una madre está correctamente provista de B12? Es que sólo hay que analizar la homocisteína, ¡no es tan complicado!
En fin. Me alegro enormemente de que existan los bancos de leche. Me alegro inmensamente de que cada vez más personas se ofrezcan voluntariamente y con todo el amor de su corazón a donar para los niños prematuros que tanto lo necesitan. Y me alegro infinitamente de que cada vez se hable más de estos temas en los medios de comunicación.
Pero el progreso ha de ir de la mano de la revisión de protocolos cuando éstos están obsoletos, cosa que en el caso de los bancos de leche, NO se hace, según ellos mismos me confesaron.
Una auténtica pena, porque cada vez hay más mamás veganas, y se les cierran las puertas absurdamente a este tipo de colaboraciones, sin ningún motivo real, científico y demostrable. Porque aún estoy esperando a que me lo demuestren... pero no fueron capaces.
Feliz día a las que os dejan donar.
Más sobre el tema:
Si el requisito para ser donante de leche materna es tener hábitos de vida saludables, y las madres veganas no pueden donar, quiere decir que se considera que las madres veganas no tienen hábitos de vida saludables. Tan sencillo como eso. Ese prejuicio infundado y que puede desmontarse con un sencillo análisis de sangre parece un escollo muy grande para determinados centros médicos. La responsable del banco de leche del 12 de Octubre, con quien mantuve una ávida correspondencia sobre este tema, ha explicado en Radio Nacional cómo se hace para manipular la leche donada: análisis de nutrientes, pasteurización y todo tipo de avances. ¿De verdad, ante tamaña expresión futurista de medios más propios de la NASA que de un hospital español, no son capaces de saber cuándo una madre está correctamente provista de B12? Es que sólo hay que analizar la homocisteína, ¡no es tan complicado!
En fin. Me alegro enormemente de que existan los bancos de leche. Me alegro inmensamente de que cada vez más personas se ofrezcan voluntariamente y con todo el amor de su corazón a donar para los niños prematuros que tanto lo necesitan. Y me alegro infinitamente de que cada vez se hable más de estos temas en los medios de comunicación.
Pero el progreso ha de ir de la mano de la revisión de protocolos cuando éstos están obsoletos, cosa que en el caso de los bancos de leche, NO se hace, según ellos mismos me confesaron.
Una auténtica pena, porque cada vez hay más mamás veganas, y se les cierran las puertas absurdamente a este tipo de colaboraciones, sin ningún motivo real, científico y demostrable. Porque aún estoy esperando a que me lo demuestren... pero no fueron capaces.
Feliz día a las que os dejan donar.
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sábado, 26 de abril de 2014
Ropa chapucera, pero limpia
Muchas personas me han preguntado por qué coso ropa, si se pueden encontrar cosas muy monas en cualquier tienda por cuatro euros.
En efecto, me cuesta mucho más la tela y el tiempo que invierto que esos cuatro euros o precios archi rebajados.
Además, no coso bien. He sido absolutamente autodidacta, con lo que realmente carezco de algunas bases, todo lo he aprendido mirando tutoriales por internet. Y soy chapucera. Muchas veces hago las cosas de cualquier manera, y por precipitarme al final tengo que acabar descosiendo todo y volviendo a empezar. Realmente creo que la costura no es lo mío. Hay gente muy mañosa, hábil con este tipo de actividades manuales... no es mi caso. Pero mi cabezonería es superior a mi gran torpeza, y al final, aunque tarde mucho más que otras personas, lo acabo terminando todo.
Tampoco tengo mucho tiempo. Entre el trabajo y las nenas, coso cuando puedo, a veces ni siquiera disfruto porque estoy más preocupada por acabar en la escasa hora de la que dispongo que por disfrutar y aprender en el proceso.
¿Por qué coso entonces, si se me da mal, no tengo tiempo, me sale caro, y encima me cabreo conmigo misma muchas veces?
Coso por ética. Ni más ni menos. Efectivamente, la ropa es muy barata hoy en día. ¿A qué precio? El precio de las tiendas no es real.
Lo que se compra es trabajo esclavo. Infantil, muchas veces.
Lo que se compra son condiciones infrahumanas.
Lo que se compra son salarios irrisorios.
Lo que se compra son jornadas de trabajo vergonzosas.
Lo que se compra son accidentes terribles, como el de Bangladesh... pero aquí no pasa nada.
Lo que se compra son productos hechos todos en países lejanos, cuyas desgracias "no nos afectan", y así seguimos con nuestras vidas como si nada.
Lo que se compra es "externalización", eufemismo absurdo para decir que ellos producen por diez céntimos y se hacen millonarios a costa de la explotación más absoluta.
Quizás hoy en día sólo llego a realizar una prenda de cada cinco, pero ya es algo. El resto de prendas, siempre pienso mucho si comprarlas o no, si hacen falta o no (a mí misma no me compro casi nunca nada... ¿para qué, si ya tengo mucha ropa y me sigue valiendo?), si son imprescindibles o no. Y si algún día consigo mejorar en mi patético nivel de costura, y/o dispongo de más tiempo, quiero aumentar esa ratio y conseguir por lo menos realizar la mitad de la ropa.
Porque me sale más caro, porque tardo más tiempo, porque es ropa "casera" y no cosida con máquinas industriales... pero está realizada de un modo mucho más ético, y desde luego con mucho cariño.
Para más información: Guía para vestir sin trabajo esclavo.
En efecto, me cuesta mucho más la tela y el tiempo que invierto que esos cuatro euros o precios archi rebajados.
Además, no coso bien. He sido absolutamente autodidacta, con lo que realmente carezco de algunas bases, todo lo he aprendido mirando tutoriales por internet. Y soy chapucera. Muchas veces hago las cosas de cualquier manera, y por precipitarme al final tengo que acabar descosiendo todo y volviendo a empezar. Realmente creo que la costura no es lo mío. Hay gente muy mañosa, hábil con este tipo de actividades manuales... no es mi caso. Pero mi cabezonería es superior a mi gran torpeza, y al final, aunque tarde mucho más que otras personas, lo acabo terminando todo.
Tampoco tengo mucho tiempo. Entre el trabajo y las nenas, coso cuando puedo, a veces ni siquiera disfruto porque estoy más preocupada por acabar en la escasa hora de la que dispongo que por disfrutar y aprender en el proceso.
¿Por qué coso entonces, si se me da mal, no tengo tiempo, me sale caro, y encima me cabreo conmigo misma muchas veces?
Coso por ética. Ni más ni menos. Efectivamente, la ropa es muy barata hoy en día. ¿A qué precio? El precio de las tiendas no es real.
Lo que se compra es trabajo esclavo. Infantil, muchas veces.
Lo que se compra son condiciones infrahumanas.
Lo que se compra son salarios irrisorios.
Lo que se compra son jornadas de trabajo vergonzosas.
Lo que se compra son accidentes terribles, como el de Bangladesh... pero aquí no pasa nada.
Lo que se compra son productos hechos todos en países lejanos, cuyas desgracias "no nos afectan", y así seguimos con nuestras vidas como si nada.
Lo que se compra es "externalización", eufemismo absurdo para decir que ellos producen por diez céntimos y se hacen millonarios a costa de la explotación más absoluta.
Quizás hoy en día sólo llego a realizar una prenda de cada cinco, pero ya es algo. El resto de prendas, siempre pienso mucho si comprarlas o no, si hacen falta o no (a mí misma no me compro casi nunca nada... ¿para qué, si ya tengo mucha ropa y me sigue valiendo?), si son imprescindibles o no. Y si algún día consigo mejorar en mi patético nivel de costura, y/o dispongo de más tiempo, quiero aumentar esa ratio y conseguir por lo menos realizar la mitad de la ropa.
Porque me sale más caro, porque tardo más tiempo, porque es ropa "casera" y no cosida con máquinas industriales... pero está realizada de un modo mucho más ético, y desde luego con mucho cariño.
Para más información: Guía para vestir sin trabajo esclavo.
lunes, 6 de enero de 2014
¿Que el veganismo es radical?
Radical es separar a un bebé de su madre a las pocas horas de nacer, para comerse el bebé a los pocos días, y explotar a la mamá como a una máquina de fabricación de leche, piel y carne, y obligarla a preñarse una y otra vez y ver cómo todos sus hijos le son arrebatados sin poder hacer nada.
Radical es arañar el fondo marino para arrasar con todo lo que ahí se encuentra, porque para que tú te comas una bandeja de sushi han tenido que perecer once kilos de todo tipo de animales.
Radical es asistir a espectáculos, recintos, lugares destinados a niños, donde los animales están entrenados a base de golpes. Donde para conseguir traer a según qué seres exóticos, han muerto miles de ellos por el camino. Donde no viven en su hábitat natural. Donde se vuelven locos en jaulas.
Radical es criar en condiciones espantosas a todo tipo de dulces criaturas para arrebatarles su piel y confeccionar abrigos para señoras gordas que se creen hermosas llevando sobre sí la muerte y el sufrimiento.
Radical es desmembrar a víctimas inocentes estando aún vivas, porque el aturdimiento no funciona casi nunca (¡que hay que ahorrar!).
Radical es comprar animales como quien se compra un muñeco, y cuando te cansas, lo dejas por ahí tirado como cualquier otro objeto de obsolescencia exprés. Radical es saber que estos animales provienen de madres en condiciones espantosas, que son violadas una y otra vez, y viven en jaulas sin poder moverse, sólo teniendo más y más hijos.
Radical es asesinar a un pobre ser mientras chilla desconsolado, desangrándolo totalmente porque así sabe mejor o no sé qué. Y encima convertirlo en un acto de regocijo y celebración.
Radical es cargarte con una escopeta y pegarle un tiro a todo lo que se mueva, porque sí. Porque cuando matar se convierte en deporte, la atrocidad se diluye y parece que no es tal. Cazar es un acto cobarde y vil y desde luego de deporte no tiene absolutamente nada.
Radical es matar a palos a un animal para quitarle su piel y que ésta esté más suave.
Radical es usar un anzuelo para que una bella criatura marina agonice fuera del agua sin poder respirar y encima con ese espantoso artilugio de metal clavado, desgarrándole la carne.
Radical es que se apiñen gallinas en espacios mínimos, robándoles sus huevos, cambiándoles los ciclos con luces artificiales, aplastando los pollitos machos nada más nacer para convertirlos en caldo, cortándoles los picos a todas (¡y sin anestesia, claro!) para que en un acto de locura que siempre sucede no se lesionen o lesionen a las demás, buscando el aire y el espacio y la libertad que jamás tendrán.
Radical es torturar como un espectáculo, llamándolo arte, blindándolo con leyes y decretos para que sea un algo intocable, porque mueve dinero a espuertas, mientras gente sin empatía observa cómo muere un ser indefenso, en una agonía larga, en un miedo terrible. Radical es ignorar ese terrible sufrimiento, porque quienes no tienen empatía reciben un nombre bien claro: psicópatas.
Radical es criar animales en las peores condiciones para así ahorrar en costes, sin permitirles jamás ver la luz del día ni disfrutar de la felicidad, sólo comiendo piensos repletos de medicinas porque están enfermos en el hacinamiento, enfermos entre sus heces, enfermos en el alma.
Radical es inyectar jabones y tabaco y sustancias en ojos y orejas, en cuerpos indefensos que no entienden qué han hecho para merecer esto, por qué para tener un lavavajillas que limpie muy bien han tenido que morir a centenares un montón de pequeños que jamás conocieron una vida sin dolor.
Radical es saber todo esto y no hacer nada.
Radical es ser cómplice.
Radical es seguir adelante como si nada.
¿Y tú me llamas a mí radical?
Radical es arañar el fondo marino para arrasar con todo lo que ahí se encuentra, porque para que tú te comas una bandeja de sushi han tenido que perecer once kilos de todo tipo de animales.
Radical es asistir a espectáculos, recintos, lugares destinados a niños, donde los animales están entrenados a base de golpes. Donde para conseguir traer a según qué seres exóticos, han muerto miles de ellos por el camino. Donde no viven en su hábitat natural. Donde se vuelven locos en jaulas.
Radical es criar en condiciones espantosas a todo tipo de dulces criaturas para arrebatarles su piel y confeccionar abrigos para señoras gordas que se creen hermosas llevando sobre sí la muerte y el sufrimiento.
Radical es desmembrar a víctimas inocentes estando aún vivas, porque el aturdimiento no funciona casi nunca (¡que hay que ahorrar!).
Radical es comprar animales como quien se compra un muñeco, y cuando te cansas, lo dejas por ahí tirado como cualquier otro objeto de obsolescencia exprés. Radical es saber que estos animales provienen de madres en condiciones espantosas, que son violadas una y otra vez, y viven en jaulas sin poder moverse, sólo teniendo más y más hijos.
Radical es asesinar a un pobre ser mientras chilla desconsolado, desangrándolo totalmente porque así sabe mejor o no sé qué. Y encima convertirlo en un acto de regocijo y celebración.
Radical es cargarte con una escopeta y pegarle un tiro a todo lo que se mueva, porque sí. Porque cuando matar se convierte en deporte, la atrocidad se diluye y parece que no es tal. Cazar es un acto cobarde y vil y desde luego de deporte no tiene absolutamente nada.
Radical es matar a palos a un animal para quitarle su piel y que ésta esté más suave.
Radical es usar un anzuelo para que una bella criatura marina agonice fuera del agua sin poder respirar y encima con ese espantoso artilugio de metal clavado, desgarrándole la carne.
Radical es que se apiñen gallinas en espacios mínimos, robándoles sus huevos, cambiándoles los ciclos con luces artificiales, aplastando los pollitos machos nada más nacer para convertirlos en caldo, cortándoles los picos a todas (¡y sin anestesia, claro!) para que en un acto de locura que siempre sucede no se lesionen o lesionen a las demás, buscando el aire y el espacio y la libertad que jamás tendrán.
Radical es torturar como un espectáculo, llamándolo arte, blindándolo con leyes y decretos para que sea un algo intocable, porque mueve dinero a espuertas, mientras gente sin empatía observa cómo muere un ser indefenso, en una agonía larga, en un miedo terrible. Radical es ignorar ese terrible sufrimiento, porque quienes no tienen empatía reciben un nombre bien claro: psicópatas.
Radical es criar animales en las peores condiciones para así ahorrar en costes, sin permitirles jamás ver la luz del día ni disfrutar de la felicidad, sólo comiendo piensos repletos de medicinas porque están enfermos en el hacinamiento, enfermos entre sus heces, enfermos en el alma.
Radical es inyectar jabones y tabaco y sustancias en ojos y orejas, en cuerpos indefensos que no entienden qué han hecho para merecer esto, por qué para tener un lavavajillas que limpie muy bien han tenido que morir a centenares un montón de pequeños que jamás conocieron una vida sin dolor.
Radical es saber todo esto y no hacer nada.
Radical es ser cómplice.
Radical es seguir adelante como si nada.
¿Y tú me llamas a mí radical?
miércoles, 4 de diciembre de 2013
El orgullo del florero
Fue noticia en Noruega, hace unos días, la mujer de un futbolista que, cuatro días después de parir, ha subido a internet una foto suya "totalmente recuperada del parto".
¿Qué quiere decir "totalmente recuperada"? ¿Quiere decir que ya se siente bien para retomar sus actividades cotidianas, que no tiene ningún dolor derivado del parto (qué sé yo, hemorroides, por ejemplo)? ¿Quiere decir que se encuentra feliz y pletórica?
No, nada de eso.
Lo que indica es que su barriga está plana. Que en tan sólo cuatro días ha perdido la tripa del embarazo, lo que le hace sentir "orgullosa de sí misma".
No está orgullosa de sí misma por haber tenido un bebé. Por haber parido. Por haber pasado por unos momentos emocional y físicamente agotadores. Por que su mundo se haya revolucionado. Si está orgullosa es por tener la tripa plana, por que su cuerpo haya "vuelto a la normalidad" en tan sólo cuatro días.
Pero vamos a ver, ¿de qué estamos hablando? El proceso natural de involución del útero después del parto, esto es, el tiempo que tarda un útero normal, sano, en volver a su posición y tamaño de antes del embarazo, es de entre cuatro a seis semanas. Sí, semanas, no días. Por otro lado, no se trata sólo del útero, sino que el cuerpo de la mujer, como el de cualquier hembra mamífera, acumula grasas durante el embarazo para poder afrontar la lactancia. Además, a lo largo del embarazo se retienen muchos líquidos que también contribuyen a que el peso sea mayor.
Cuando una mujer da a luz, está varias semanas con la tripa colgando, en mayor o menor medida, según su propia constitución. Pero NO puede tener la tripa plana. Y aunque la tuviera, ¿por qué hay que estar orgullosa de eso? ¿Qué importa, en esos momentos? Y sí, la genética tiene mucho que ver, pero hasta cierto punto. Algunas mujeres se recuperan antes que otras, qué duda cabe. ¿Pero tan importante es exhibirse en plan "mira, qué guapa estoy"? ¿Qué esconde a gritos esa fotografía?
La presión que ejerce la sociedad patriarcal para que la mujer vuelva a ser un florero a la mayor prontitud me resulta abrumadora. Es como si durante el embarazo se permitiera ese breve lapso donde la hembra ya no está "receptiva", donde puede permitirse ganar peso (pero no demasiado, "que luego tengo que perderlo"), pero después de eso hay que volver corriendo a entrar en el redil.
A mí personalmente me da igual que en esta imagen haya Photoshop o no, sea auténtica o no, haya cirugía o no. No me interesa el qué, sino el porqué.
Es lógico que muchas mujeres noruegas se hayan sentido profundamente ofendidas ante la imagen de esta señora posando en lencería cuatro días después de parir.
Porque además, cuando das a luz, y entras en la "cuarentena", te tiras varias semanas expulsando loquios por la vagina, así que tienes que usar compresas (no, no se pueden utilizar tampones o copa después del parto), lo cual no siempre es muy cómodo, la verdad. Al cuarto día, aún estás expulsando sangre y loquios en cantidades ingentes. No creo que esta señora lleve una compresa en esas bragas. Lo que me hace pensar que se ha puesto ese modelito para posar artificialmente en una foto que le suba la autoestima, y que además al ponerla en sus redes sociales, produzca la admiración de todos.
Es terriblemente triste querer sentirse "deseada" para poder sentirse "orgullosa".
Es terriblemente triste estar pendiente, cuatro días después del parto, de tu aspecto físico con tanto ahínco.
Es terriblemente triste aceptar ser un objeto de deseo, sin más, sin tiempo para una introspección necesaria en un contexto que debería ser profundamente reflexivo como es el del puerperio.
Pero lo que me resulta más triste es que admiradoras y detractoras no vean ahí a una mujer herida, víctima de sí misma y de una sociedad machista (sí, en Escandinavia también son muy machistas), víctima del bajón hormonal tras el parto, que no ha encontrado mejor forma de sentirse mejor que mirándose en el espejo y encontrando en él un reflejo de su antiguo yo.
Porque quizás sólo necesitaba un abrazo, un apoyo y un consuelo, y como no lo ha tenido, ha sustituido el sustento emocional por el físico... porque es más sencillo, y desde luego mucho más manejable.
¿Qué quiere decir "totalmente recuperada"? ¿Quiere decir que ya se siente bien para retomar sus actividades cotidianas, que no tiene ningún dolor derivado del parto (qué sé yo, hemorroides, por ejemplo)? ¿Quiere decir que se encuentra feliz y pletórica?
No, nada de eso.
Lo que indica es que su barriga está plana. Que en tan sólo cuatro días ha perdido la tripa del embarazo, lo que le hace sentir "orgullosa de sí misma".
No está orgullosa de sí misma por haber tenido un bebé. Por haber parido. Por haber pasado por unos momentos emocional y físicamente agotadores. Por que su mundo se haya revolucionado. Si está orgullosa es por tener la tripa plana, por que su cuerpo haya "vuelto a la normalidad" en tan sólo cuatro días.
Pero vamos a ver, ¿de qué estamos hablando? El proceso natural de involución del útero después del parto, esto es, el tiempo que tarda un útero normal, sano, en volver a su posición y tamaño de antes del embarazo, es de entre cuatro a seis semanas. Sí, semanas, no días. Por otro lado, no se trata sólo del útero, sino que el cuerpo de la mujer, como el de cualquier hembra mamífera, acumula grasas durante el embarazo para poder afrontar la lactancia. Además, a lo largo del embarazo se retienen muchos líquidos que también contribuyen a que el peso sea mayor.
Cuando una mujer da a luz, está varias semanas con la tripa colgando, en mayor o menor medida, según su propia constitución. Pero NO puede tener la tripa plana. Y aunque la tuviera, ¿por qué hay que estar orgullosa de eso? ¿Qué importa, en esos momentos? Y sí, la genética tiene mucho que ver, pero hasta cierto punto. Algunas mujeres se recuperan antes que otras, qué duda cabe. ¿Pero tan importante es exhibirse en plan "mira, qué guapa estoy"? ¿Qué esconde a gritos esa fotografía?
La presión que ejerce la sociedad patriarcal para que la mujer vuelva a ser un florero a la mayor prontitud me resulta abrumadora. Es como si durante el embarazo se permitiera ese breve lapso donde la hembra ya no está "receptiva", donde puede permitirse ganar peso (pero no demasiado, "que luego tengo que perderlo"), pero después de eso hay que volver corriendo a entrar en el redil.
A mí personalmente me da igual que en esta imagen haya Photoshop o no, sea auténtica o no, haya cirugía o no. No me interesa el qué, sino el porqué.
Es lógico que muchas mujeres noruegas se hayan sentido profundamente ofendidas ante la imagen de esta señora posando en lencería cuatro días después de parir.
Porque además, cuando das a luz, y entras en la "cuarentena", te tiras varias semanas expulsando loquios por la vagina, así que tienes que usar compresas (no, no se pueden utilizar tampones o copa después del parto), lo cual no siempre es muy cómodo, la verdad. Al cuarto día, aún estás expulsando sangre y loquios en cantidades ingentes. No creo que esta señora lleve una compresa en esas bragas. Lo que me hace pensar que se ha puesto ese modelito para posar artificialmente en una foto que le suba la autoestima, y que además al ponerla en sus redes sociales, produzca la admiración de todos.
Es terriblemente triste querer sentirse "deseada" para poder sentirse "orgullosa".
Es terriblemente triste estar pendiente, cuatro días después del parto, de tu aspecto físico con tanto ahínco.
Es terriblemente triste aceptar ser un objeto de deseo, sin más, sin tiempo para una introspección necesaria en un contexto que debería ser profundamente reflexivo como es el del puerperio.
Pero lo que me resulta más triste es que admiradoras y detractoras no vean ahí a una mujer herida, víctima de sí misma y de una sociedad machista (sí, en Escandinavia también son muy machistas), víctima del bajón hormonal tras el parto, que no ha encontrado mejor forma de sentirse mejor que mirándose en el espejo y encontrando en él un reflejo de su antiguo yo.
Porque quizás sólo necesitaba un abrazo, un apoyo y un consuelo, y como no lo ha tenido, ha sustituido el sustento emocional por el físico... porque es más sencillo, y desde luego mucho más manejable.
lunes, 2 de diciembre de 2013
Teleología de la autorrealización
Muchas veces, sobre todo en personajes públicos, se habla de la "realización personal". Fulanita se siente realizada. Menganito se realiza con su trabajo. Y por eso están muy felices y completos y no les falta de nada. La realización lo es todo, y ellos ya han tocado su cúspide.
Y creo que es totalmente imposible ser feliz en un proceso "cerrado". Porque al ser humano no le interesan las respuestas, sino las preguntas. Porque lo que importa en un truco de magia no es el cómo se hace, sino el asombro que implica el truco en sí. Porque los días son diferentes unos de otros, nosotros tampoco somos hoy los mismos que ayer, y nos vamos haciendo día tras día.
La realización es algo muy sutil, pero se me antoja más un proceso indeterminado, en el que sólo importa el proceso en sí, sin llegar nunca a un fin exacto. Y así, yo me voy realizando, y en ese camino aprendo cosas y progreso como persona, también me equivoco mucho y a veces tropiezo siete veces con la misma piedra.
La realización personal no puede nunca cerrarse. Es un ir haciéndose, un proceso circular, abierto, en el que no se vislumbra ningún fin más allá que el propio proceso.
Me realizo y me desrealizo y me construyo y me deconstruyo día tras día. Y en ese ir haciéndome aprendo, aprehendo, desaprendo, comprendo y progreso. Pero jamás, jamás, me realizaré, porque entonces estaría, sencillamente, muerta como persona.
Y creo que es totalmente imposible ser feliz en un proceso "cerrado". Porque al ser humano no le interesan las respuestas, sino las preguntas. Porque lo que importa en un truco de magia no es el cómo se hace, sino el asombro que implica el truco en sí. Porque los días son diferentes unos de otros, nosotros tampoco somos hoy los mismos que ayer, y nos vamos haciendo día tras día.
La realización es algo muy sutil, pero se me antoja más un proceso indeterminado, en el que sólo importa el proceso en sí, sin llegar nunca a un fin exacto. Y así, yo me voy realizando, y en ese camino aprendo cosas y progreso como persona, también me equivoco mucho y a veces tropiezo siete veces con la misma piedra.
La realización personal no puede nunca cerrarse. Es un ir haciéndose, un proceso circular, abierto, en el que no se vislumbra ningún fin más allá que el propio proceso.
Me realizo y me desrealizo y me construyo y me deconstruyo día tras día. Y en ese ir haciéndome aprendo, aprehendo, desaprendo, comprendo y progreso. Pero jamás, jamás, me realizaré, porque entonces estaría, sencillamente, muerta como persona.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Las vacas también deberían tener un destete natural
Ya son varias, demasiadas, veces, las que escucho que "si a una vaca no
se la ordeña, es malo para ella porque entonces tiene mastitis y otras
enfermedades". Éste es un ejemplo más de cómo se le da la vuelta a las
cosas de un modo totalmente oportunista (como sucede también, por
ejemplo, con la "leche de continuación", que es más barata porque es de
peor calidad, pero las empresas la venden como "adaptada a las
necesidades nutricionales de los bebés de más de seis meses"). Lo malo
es que este mito se escucha incluso entre colectivos vegetarianos (por
ejemplo, los Hare Krishna). Quizás algunas personas utilicen este
argumento para justificar su consumo de lácteos. Pero creo que la
mayoría, simplemente, de verdad lo cree. Cuando se repite algo muchas
veces, al final, "casi" se convierte en verdad.
Las vacas son mamíferos. Hasta ahí, todos estamos de acuerdo. Las hembras mamíferas dan el pecho del siguiente modo: nace su bebé, producen calostro, luego sube la leche, y la lactancia prosigue mientras haya demanda. La lactancia suele terminar paulatinamente, por lo que la producción de leche irá disminuyendo poco a poco, hasta desaparecer. Esto sucede así en todas las hembras mamíferas, humanas incluidas. ¿Qué pasa si el destete se da abruptamente? Pues que puede haber una obstrucción, y de ahí, una mastitis (que puede derivar en cosas peores, como un abceso). ¿Qué causa el destete en las vacas? Desde luego, no ellas. El destete abrupto, en todo caso, se daría por parte de los humanos, que les arrebatamos a sus hijos.
Pero en la ganadería industrial la cosa va más allá. Porque los ciclos reproductivos de las vacas están totalmente alterados por hormonas (la hormona de crecimiento bovino es inyectada a diario), para aumentar la producción de leche hasta niveles absurdos. Las vacas son inseminadas continuamente (60 días después de parir), porque así se mantienen sus niveles de producción. Los terneros son separados al día de nacer, de ese modo también se vende el preciado calostro de las vacas. La vida de una vaca lechera en una ganadería industrial es de unos cinco años. En condiciones normales, sería de unos veinte. Además, las vacas se ordeñan con máquinas que frecuentemente producen descargas eléctricas de mayor o menor intensidad, que suelen causar heridas en las ubres, lo que favorece igualmente la aparición de mastitis. También implica, por cierto, que la leche extraída tenga restos de pus. Para "solucionar" esto, se les suministran antibióticos continuamente, lo que hace que al beber leche se consuman antibióticos, desarrollando poco a poco tolerancia hacia ellos.
Los terneros, que no olvidemos son bebés recién nacidos, son separados, pues, de sus madres, a las pocas horas de nacer, confinados en espacios minúsculos para que no se muevan y su carne sea más "tierna". Uno de sus cuatro estómagos se usará para realizar cuajo para los quesos.
Cuando la producción de leche baja, cuando la vaca está totalmente agotada, es enviada al matadero.
En condiciones naturales, una vaca sólo desarrollaría mastisis por causas naturales (obstrucción, destete abrupto). Por lo tanto, no ordeñar a las vacas NO causa mastitis. Lo que causa mastitis es explotarlas artificialmente. ¿Cómo puede ser que se le haya dado la vuelta a esto de una manera tan evidente?
Por último, sólo recordar que la leche de las vacas está nutricionalmente adaptada a las necesidades de los terneros. Esto es, no a la de los humanos. Tiene demasiada grasa para los humanos y está fuertemente vinculada a la obesidad (EEUU, por ejemplo, que tiene unas tasas apabullantes de obesidad, está en el top de consumo de lácteos), así como a la osteoporosis (sí, por contradictorio que pueda parecer, mucha gente cree que el calcio de la leche de vaca protege de la osteoporosis, pero ése es otro mito más: el calcio de la leche está ligado a sus proteínas, lo que dificulta enormemente su absorción; la tirocalcina, de hecho, inhibe la absorción del calcio; en países asiáticos donde no se consumen lácteos es precisamente donde las tasas de osteoporosis son las más bajas). Además, muchísima gente tiene intolerancia en menor o mayor grado a la lactosa (porque la leche, no lo olvidemos, es un alimento para bebés y niños, no para adultos, por eso hacia los seis o siete años -la edad natural de destete en el ser humano, cuando se comienzan a caer los "dientes de leche", que por eso se llaman así- se suele desarrollar dicha sensibilidad, el no desarrollarla es una mutación).
En resumidas cuentas, cada uno tiene que decidir si consume leche, o cualquier otra cosa. No se trata de eso. Pero creo que hay que saber siempre cómo se produce lo que se consume, para que la decisión sea con pleno conocimiento. Porque sólo sabiendo lo que se decide, se decide realmente.
Si no, es únicamente un dejarse llevar. Una inercia.
Las vacas son mamíferos. Hasta ahí, todos estamos de acuerdo. Las hembras mamíferas dan el pecho del siguiente modo: nace su bebé, producen calostro, luego sube la leche, y la lactancia prosigue mientras haya demanda. La lactancia suele terminar paulatinamente, por lo que la producción de leche irá disminuyendo poco a poco, hasta desaparecer. Esto sucede así en todas las hembras mamíferas, humanas incluidas. ¿Qué pasa si el destete se da abruptamente? Pues que puede haber una obstrucción, y de ahí, una mastitis (que puede derivar en cosas peores, como un abceso). ¿Qué causa el destete en las vacas? Desde luego, no ellas. El destete abrupto, en todo caso, se daría por parte de los humanos, que les arrebatamos a sus hijos.
Pero en la ganadería industrial la cosa va más allá. Porque los ciclos reproductivos de las vacas están totalmente alterados por hormonas (la hormona de crecimiento bovino es inyectada a diario), para aumentar la producción de leche hasta niveles absurdos. Las vacas son inseminadas continuamente (60 días después de parir), porque así se mantienen sus niveles de producción. Los terneros son separados al día de nacer, de ese modo también se vende el preciado calostro de las vacas. La vida de una vaca lechera en una ganadería industrial es de unos cinco años. En condiciones normales, sería de unos veinte. Además, las vacas se ordeñan con máquinas que frecuentemente producen descargas eléctricas de mayor o menor intensidad, que suelen causar heridas en las ubres, lo que favorece igualmente la aparición de mastitis. También implica, por cierto, que la leche extraída tenga restos de pus. Para "solucionar" esto, se les suministran antibióticos continuamente, lo que hace que al beber leche se consuman antibióticos, desarrollando poco a poco tolerancia hacia ellos.
Los terneros, que no olvidemos son bebés recién nacidos, son separados, pues, de sus madres, a las pocas horas de nacer, confinados en espacios minúsculos para que no se muevan y su carne sea más "tierna". Uno de sus cuatro estómagos se usará para realizar cuajo para los quesos.
Cuando la producción de leche baja, cuando la vaca está totalmente agotada, es enviada al matadero.
En condiciones naturales, una vaca sólo desarrollaría mastisis por causas naturales (obstrucción, destete abrupto). Por lo tanto, no ordeñar a las vacas NO causa mastitis. Lo que causa mastitis es explotarlas artificialmente. ¿Cómo puede ser que se le haya dado la vuelta a esto de una manera tan evidente?
Por último, sólo recordar que la leche de las vacas está nutricionalmente adaptada a las necesidades de los terneros. Esto es, no a la de los humanos. Tiene demasiada grasa para los humanos y está fuertemente vinculada a la obesidad (EEUU, por ejemplo, que tiene unas tasas apabullantes de obesidad, está en el top de consumo de lácteos), así como a la osteoporosis (sí, por contradictorio que pueda parecer, mucha gente cree que el calcio de la leche de vaca protege de la osteoporosis, pero ése es otro mito más: el calcio de la leche está ligado a sus proteínas, lo que dificulta enormemente su absorción; la tirocalcina, de hecho, inhibe la absorción del calcio; en países asiáticos donde no se consumen lácteos es precisamente donde las tasas de osteoporosis son las más bajas). Además, muchísima gente tiene intolerancia en menor o mayor grado a la lactosa (porque la leche, no lo olvidemos, es un alimento para bebés y niños, no para adultos, por eso hacia los seis o siete años -la edad natural de destete en el ser humano, cuando se comienzan a caer los "dientes de leche", que por eso se llaman así- se suele desarrollar dicha sensibilidad, el no desarrollarla es una mutación).
En resumidas cuentas, cada uno tiene que decidir si consume leche, o cualquier otra cosa. No se trata de eso. Pero creo que hay que saber siempre cómo se produce lo que se consume, para que la decisión sea con pleno conocimiento. Porque sólo sabiendo lo que se decide, se decide realmente.
Si no, es únicamente un dejarse llevar. Una inercia.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
El principio está en el NO
Desde que cuentas con tan sólo unas horas de vida, empiezas a entrar en el redil. Las cosas son así porque siempre lo han sido. Hay normas que debemos cumplir.
Creces y te encuentras con más límites, más normas, más reglas: en casa, en el colegio, en la calle, en todas partes. Sólo percibes negativas, no te dan explicaciones, y cada vez van disminuyendo en ti las ganas de saber. Estás siendo alienado, amoldado, construido.
La vida sigue y sigue, tú ya no eres un niño, pero el sistema y tú os habéis vuelto un uno, no puedes huir porque eres parte de él y él parte de ti, como una ameba pegajosa y trágica.
Y un día, de repente, caes en que no entiendes nada. No comprendes por qué son así las cosas, así y no de otra manera. No te entra en la cabeza cómo hay personas que no van más allá, cuestionándose absolutamente todo. El conformismo es lo más peligroso que existe, porque te anula como individuo e impide a la sociedad avanzar. Ampararse en las tradiciones, en la cultura, en los "esto es así porque siempre ha sido así" es dramático hasta límites insospechados.
Decía Thomas Kuhn que todas las revoluciones empiezan con una simple palabra: NO. Sólo cuando nos atrevemos a decir que no, estaremos demostrando una voluntad de cambio, estaremos iniciando el gesto dificilísimo pero esencial de gritar "hasta aquí, esto no está bien, esto no puede seguir así".
Lo cómodo es vivir dentro de la caverna, todos lo sabemos. Dejarse mecer por las aguas tranquilas, alterándose sólo cuando quitan de la televisión tu serie favorita o pierde tu equipo de fútbol.
Es fácil. Es manejable. Es práctico.
Pero quien no se plantea alguna vez estas cosas...
... ¿cómo puede siquiera creerse vivo?
No saber decir NO es la muerte del individuo y la perpetuación del inmovilismo social. Y ahí es donde residen la ignorancia, las desigualdades, la falta de principios.
Porque, al revés de lo que siempre nos trataron de inculcar, el conformismo implica el suicidio, lento pero inexorable, de la moral.
Creces y te encuentras con más límites, más normas, más reglas: en casa, en el colegio, en la calle, en todas partes. Sólo percibes negativas, no te dan explicaciones, y cada vez van disminuyendo en ti las ganas de saber. Estás siendo alienado, amoldado, construido.
La vida sigue y sigue, tú ya no eres un niño, pero el sistema y tú os habéis vuelto un uno, no puedes huir porque eres parte de él y él parte de ti, como una ameba pegajosa y trágica.
Y un día, de repente, caes en que no entiendes nada. No comprendes por qué son así las cosas, así y no de otra manera. No te entra en la cabeza cómo hay personas que no van más allá, cuestionándose absolutamente todo. El conformismo es lo más peligroso que existe, porque te anula como individuo e impide a la sociedad avanzar. Ampararse en las tradiciones, en la cultura, en los "esto es así porque siempre ha sido así" es dramático hasta límites insospechados.
Decía Thomas Kuhn que todas las revoluciones empiezan con una simple palabra: NO. Sólo cuando nos atrevemos a decir que no, estaremos demostrando una voluntad de cambio, estaremos iniciando el gesto dificilísimo pero esencial de gritar "hasta aquí, esto no está bien, esto no puede seguir así".
Lo cómodo es vivir dentro de la caverna, todos lo sabemos. Dejarse mecer por las aguas tranquilas, alterándose sólo cuando quitan de la televisión tu serie favorita o pierde tu equipo de fútbol.
Es fácil. Es manejable. Es práctico.
Pero quien no se plantea alguna vez estas cosas...
Lo que come
Lo que compra
Dónde vive
Por qué es así la familia
Por qué es así la sociedad
Por qué existen desigualdades
Cómo se consigue el poder y por qué se ansía
Cómo se jode una infancia
Por qué se tolera la crueldad hacia otros
Por qué se tolera el sufrimiento
Por qué no se cambian las cosas que no funcionan
Cómo se paran los engranajes podridos
Por qué nadie escucha tu voz
Por qué hay tanta competitividad
Cómo funcionan los traumas, y cómo superarlos
...
(etc, etc)
... ¿cómo puede siquiera creerse vivo?
No saber decir NO es la muerte del individuo y la perpetuación del inmovilismo social. Y ahí es donde residen la ignorancia, las desigualdades, la falta de principios.
Porque, al revés de lo que siempre nos trataron de inculcar, el conformismo implica el suicidio, lento pero inexorable, de la moral.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Traficantes de ilusiones
El otro día me contaban "pues mi amigo Zutanito está ahora en la India recogiendo a sus dos hijos", así que pregunté que si había adoptado. Pero la respuesta fue "no, no, ha sido con una madre de alquiler". ¿Por qué? Porque "lo de la adopción es un rollo y tarda mucho, pero con la madre de alquiler es todo muy rápido y mucho más barato".
Pasado mi estupor inicial, me pregunté hasta dónde llega el deseo de tener un hijo. ¿Hasta pasar por encima de ese propio hijo? ¿Hasta pasar por encima de la ética más básica?
Evidentemente, si una mujer en la India decide alquilar su útero es porque no tiene qué llevarse a la boca. Porque son mujeres que residen en una pobreza espantosa, y tienen que dejar atrás todo miramiento y hacer lo que sea para alimentar a sus otros hijos, a aquellos que sí puede reconocer como tales. Porque son mujeres que no tienen garantizada la asistencia antes o después del parto por ninguna normativa, con lo cual se mueven en un vacío legal. Porque si pierden al bebé se irán con las manos vacías. Y porque forman parte, como siempre, de un amplísimo negocio, cuyos intermediarios se tienen que estar forrando (¡cómo no!), aprovechándose de dos desesperaciones, de dos caras de la misma moneda: la de querer tener hijos y no poder, y la de poder pero no tener con qué alimentarlos.
Este negocio ya mueve más de 350 millones de euros al año. El óvulo, además, suele ser de otra madre, para que la que alquila su útero "no se vincule" emocionalmente. Como si eso lo impidiera. (Y para que el niño no tenga pinta de indio, dicho sea de paso. Se usa el óvulo de una mujer blanca y listo.)
¿Y qué pasa si sale algo mal? ¿Qué pasa con esas familias que han tenido problemas legales, no han podido sacar a "sus" bebés del país, o no han podido darles su nacionalidad y ahora viven en un vacío legal y apátrida? ¿Qué pasa si la madre gestante se arrepiente? ¿Qué pasa si el bebé nace con una malformación y la familia "compradora" lo rechaza? ¿Qué pasa si hay un aborto, si la madre gestante muere en el parto? ¿Qué pasa si es un pederasta el que obtiene el bebé? ¿Qué pasa si...?
Y es que mucha gente no quiere comprar ropa en determinadas tiendas porque están fabricadas bajo condiciones infrahumanas en países como China, India, Nepal o qué sé yo. Pero se tragan sus escrúpulos (¡y cómo!) cuando se trata de ahorrarse un pastizal en obtener el vástago de sus sueños.
Y es que mucha gente quiere tener un hijo, pero si no puede concebir de manera natural, lo de la adopción... puf, qué rollo. Papeles y un montón de cosas y sobre todo mucho dinero... Claro, de esta vulnerabilidad se aprovechan los traficantes de ilusiones.
Y es que mucha, demasiada gente, lo que realmente exige, lo único que aceptará, es un niño recién nacido y sano. Poco importa que haya niños aptos para la adopción que tienen más de ocho años a los que nadie quiere y que jamás conocerán el calor de una familia de verdad. De nuevo, parece que eso conlleva un esfuerzo inmenso, por lo que un niño mayor no se ve con buenos ojos, aunque sea quien más lo necesite.
Puedo comprender la desesperación por no poder ser madre. Los meses se convierten en años, las heridas duelen cada vez más, no parece haber manera de lograr el sueño. ¿Pero qué le contarán a sus hijos los "subrogadores" de la maternidad' ¿El cuento de la cigüeña, versión moderna? ¿En vez de ser encargados a París, fueron encargados a una pobre campesina india que sólo quería pagarles los estudios a sus hijos?
Queremos maternidades cómodas, baratas, y por encima del derecho de los bebés. Bebés que han sido fabricados a la carta, que no van a disfrutan de la lactancia materna, de ese primer vínculo con su madre.
Bebés que han nacido porque sí, en un mundo que sólo se mueve por dinero, por funestos "aquí y ahora".
En un mundo donde todo se puede comprar, todo es posible. Lo bueno... y lo terrible.
Más información:
Abusos escandalosos en la India con los vientres de alquiler
Surrogacy motherhood, ethical or commercial
Comercialización de vientes de alquiler: ¿una forma de esclavitud?
Pasado mi estupor inicial, me pregunté hasta dónde llega el deseo de tener un hijo. ¿Hasta pasar por encima de ese propio hijo? ¿Hasta pasar por encima de la ética más básica?
Evidentemente, si una mujer en la India decide alquilar su útero es porque no tiene qué llevarse a la boca. Porque son mujeres que residen en una pobreza espantosa, y tienen que dejar atrás todo miramiento y hacer lo que sea para alimentar a sus otros hijos, a aquellos que sí puede reconocer como tales. Porque son mujeres que no tienen garantizada la asistencia antes o después del parto por ninguna normativa, con lo cual se mueven en un vacío legal. Porque si pierden al bebé se irán con las manos vacías. Y porque forman parte, como siempre, de un amplísimo negocio, cuyos intermediarios se tienen que estar forrando (¡cómo no!), aprovechándose de dos desesperaciones, de dos caras de la misma moneda: la de querer tener hijos y no poder, y la de poder pero no tener con qué alimentarlos.
Este negocio ya mueve más de 350 millones de euros al año. El óvulo, además, suele ser de otra madre, para que la que alquila su útero "no se vincule" emocionalmente. Como si eso lo impidiera. (Y para que el niño no tenga pinta de indio, dicho sea de paso. Se usa el óvulo de una mujer blanca y listo.)
¿Y qué pasa si sale algo mal? ¿Qué pasa con esas familias que han tenido problemas legales, no han podido sacar a "sus" bebés del país, o no han podido darles su nacionalidad y ahora viven en un vacío legal y apátrida? ¿Qué pasa si la madre gestante se arrepiente? ¿Qué pasa si el bebé nace con una malformación y la familia "compradora" lo rechaza? ¿Qué pasa si hay un aborto, si la madre gestante muere en el parto? ¿Qué pasa si es un pederasta el que obtiene el bebé? ¿Qué pasa si...?
Y es que mucha gente no quiere comprar ropa en determinadas tiendas porque están fabricadas bajo condiciones infrahumanas en países como China, India, Nepal o qué sé yo. Pero se tragan sus escrúpulos (¡y cómo!) cuando se trata de ahorrarse un pastizal en obtener el vástago de sus sueños.
Y es que mucha gente quiere tener un hijo, pero si no puede concebir de manera natural, lo de la adopción... puf, qué rollo. Papeles y un montón de cosas y sobre todo mucho dinero... Claro, de esta vulnerabilidad se aprovechan los traficantes de ilusiones.
Y es que mucha, demasiada gente, lo que realmente exige, lo único que aceptará, es un niño recién nacido y sano. Poco importa que haya niños aptos para la adopción que tienen más de ocho años a los que nadie quiere y que jamás conocerán el calor de una familia de verdad. De nuevo, parece que eso conlleva un esfuerzo inmenso, por lo que un niño mayor no se ve con buenos ojos, aunque sea quien más lo necesite.
Puedo comprender la desesperación por no poder ser madre. Los meses se convierten en años, las heridas duelen cada vez más, no parece haber manera de lograr el sueño. ¿Pero qué le contarán a sus hijos los "subrogadores" de la maternidad' ¿El cuento de la cigüeña, versión moderna? ¿En vez de ser encargados a París, fueron encargados a una pobre campesina india que sólo quería pagarles los estudios a sus hijos?
Queremos maternidades cómodas, baratas, y por encima del derecho de los bebés. Bebés que han sido fabricados a la carta, que no van a disfrutan de la lactancia materna, de ese primer vínculo con su madre.
Bebés que han nacido porque sí, en un mundo que sólo se mueve por dinero, por funestos "aquí y ahora".
En un mundo donde todo se puede comprar, todo es posible. Lo bueno... y lo terrible.
Más información:
Abusos escandalosos en la India con los vientres de alquiler
Surrogacy motherhood, ethical or commercial
Comercialización de vientes de alquiler: ¿una forma de esclavitud?
“La ciencia nos ha llevado a un lugar tan mágico que es como decir: Si existe el microondas, ¿por qué no utilizarlo? Si existe el aire acondicionado ¿por qué no encenderlo? Si el día de hoy existe la subrogación gestacional, ¿por qué no considerarla como una opción?”
Ricky Martin, comparando el alquilar un vientre con usar un microondas
jueves, 29 de agosto de 2013
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Después de mi indignación inicial que conté aquí, y como resulta que siempre he sido una cabezota y me gusta investigar las cosas que no comprendo y/o me parecen injustas, pues eso mismo hice con la historia de los bancos de leche. En primer lugar, aprendí que en los países donde hay más números de veganos, los bancos de leche sí dejan donar a madres que se suplementan. Es lógico, hasta cierto punto. De hecho, en EEUU, por ejemplo, en los requisitos de donación de los bancos se puede leer algo como que quedan excluidas aquellas madres que:
Es decir, que hacen la distinción, que ellos sí comprenden que el matiz en inmenso. Hoy en día, las autoridades a nivel mundial en cuanto a nutrición vegetariana recomiendan que todos los vegetarianos se suplementen, madres lactantes incluidas por supuesto (dicho sea de paso, las autoridades recomiendan que se suplementen también los vegetarianos no estrictos, ¿por qué entonces en los bancos de leche no se pide así?), no hacerlo es una temeridad, y no distinguir entre un tipo de madres y otro, también.
La cosa es que después de investigar fuera de nuestras fronteras, hice lo propio dentro. Escribí a muchos sitios, y esto es lo que he concluido:
* Le comenté el problema a la Vegan Society, por si me podían orientar. Por desgracia no me hicieron mucho caso, sólo me remitieron al apartado de su web sobre madres lactantes, cosa que ya sé mirar yo solita.
* La Unión Vegetariana Española no me contestó al email. Nada. Cero patatero. Pero bueno, es agosto, y este país está catatónico en agosto.
* Escribí a todos los bancos de leche españoles que pude hallar. Algunos no me contestaron (¿agosto, de nuevo?), otros sí, y es cierto que en casi todos quedan excluidas las madres veganas. En casi todos, no en todos. En el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, por ejemplo, me dicen explícitamente que:
Vamos, que los protocolos no son iguales en todas partes. ¿Por qué, qué es lo que marca esa diferencia, qué es lo que está pasando? Mantuve una serie de correos con el responsable de otro banco de leche (no diré la provincia para respetar su anonimato), y él admitió finalmente estas joyas:
* En éste, como en otros temas que afectan a quien se sale de lo que la sociedad entiende como normal, las realidades y los prejuicios se entremezclan con excesiva frecuencia y muchas veces además, con una indudable tendencia a que la balanza se incline hacia las ideas preconcebidas, en no pocas ocasiones originadas en situaciones anecdóticas que son tomadas como generales y que, de alguna forma, pueden llegar a estigmatizar a todo un colectivo.
* No conozco yo tampoco, ningún estudio experimental que compare los efectos a nivel nutricional y metabólico de una dieta, digamos, tradicional (omnívora), con una dieta vegana.
* En pocas disciplinas funciona tanto el copiar y pegar como en los protocolos médicos. Y en eso, no somos nosotros, nuestro Banco, una excepción. En parte por comodidad, ciertamente, pero en parte también, porque reconocemos una mayor autoridad científica en aquellos a los que tomamos como ejemplo (o a los que copiamos, ¿por qué no decirlo?), sea por su mayor prestigio, por su mayor experiencia o por cualquier otra razón. Y es por ello que se van perpetuando determinados criterios que no haríamos mal en cuestionar, y éste sobre el que ahora discutimos, podría ser uno de ellos.
Me parece escandaloso. Sencillamente. Este señor (que es muy amable, por cierto), está admitiendo en sus correos que el rechazo hacia madres veganas es un prejuicio. Que no existen estudios que lo corroboren. Y que los protocolos son pura inercia, se copian unos de otros sin revisar ni actualizar sus contenidos. Vamos, que "in dubio pro reo", siendo el reo la sociedad ignorante.
Por otro lado, recibí una nueva contestación de la responsable del banco de leche del 12 de Octubre, quien finalmente admitió que es cierto que no existen dichos estudios. Y, lo mejor de todo, está interesada en realizarlos ella misma:
Esto último me pone muy contenta. Ése es el espíritu científico de verdad: si no hay estudios, ¿por qué no hacerlos? Si no, nos estamos basando sólo en elucubraciones... en humo.
No sé en qué quedará todo esto. Quizás en nada. Quizás se empiece un estudio algún día. Quizás no. Pero lo que está claro es que este debate saldrá, antes o después. Porque cada vez hay más veganos. Porque cada vez hay más mujeres que dan el pecho. Y porque, lógicamente, la combinación de ambos elementos hará que cada vez más mamás veganas quieran donar, solidariamente, su leche. Así que es cuestión de tiempo, pero este tema volverá a salir, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que tendrán que revisar esos protocolos basados en prejuicios, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que las madres veganas dejaremos de ser discriminadas, tratadas como enfermas, y podremos donar nuestra leche, que es igual de buena que la de cualquier otra madre sana.
Es sólo cuestión de tiempo.
"Are total vegetarians (vegans) and do not supplement their diets with vitamins"
Es decir, que hacen la distinción, que ellos sí comprenden que el matiz en inmenso. Hoy en día, las autoridades a nivel mundial en cuanto a nutrición vegetariana recomiendan que todos los vegetarianos se suplementen, madres lactantes incluidas por supuesto (dicho sea de paso, las autoridades recomiendan que se suplementen también los vegetarianos no estrictos, ¿por qué entonces en los bancos de leche no se pide así?), no hacerlo es una temeridad, y no distinguir entre un tipo de madres y otro, también.
La cosa es que después de investigar fuera de nuestras fronteras, hice lo propio dentro. Escribí a muchos sitios, y esto es lo que he concluido:
* Le comenté el problema a la Vegan Society, por si me podían orientar. Por desgracia no me hicieron mucho caso, sólo me remitieron al apartado de su web sobre madres lactantes, cosa que ya sé mirar yo solita.
* La Unión Vegetariana Española no me contestó al email. Nada. Cero patatero. Pero bueno, es agosto, y este país está catatónico en agosto.
* Escribí a todos los bancos de leche españoles que pude hallar. Algunos no me contestaron (¿agosto, de nuevo?), otros sí, y es cierto que en casi todos quedan excluidas las madres veganas. En casi todos, no en todos. En el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, por ejemplo, me dicen explícitamente que:
"Una de las contraindicaciones para la donación es:
Vegetarianas estrictas que no suplementen su dieta con vitaminas.
Si están correctamente suplementadas, no habría problema."
Vamos, que los protocolos no son iguales en todas partes. ¿Por qué, qué es lo que marca esa diferencia, qué es lo que está pasando? Mantuve una serie de correos con el responsable de otro banco de leche (no diré la provincia para respetar su anonimato), y él admitió finalmente estas joyas:
* En éste, como en otros temas que afectan a quien se sale de lo que la sociedad entiende como normal, las realidades y los prejuicios se entremezclan con excesiva frecuencia y muchas veces además, con una indudable tendencia a que la balanza se incline hacia las ideas preconcebidas, en no pocas ocasiones originadas en situaciones anecdóticas que son tomadas como generales y que, de alguna forma, pueden llegar a estigmatizar a todo un colectivo.
* No conozco yo tampoco, ningún estudio experimental que compare los efectos a nivel nutricional y metabólico de una dieta, digamos, tradicional (omnívora), con una dieta vegana.
* En pocas disciplinas funciona tanto el copiar y pegar como en los protocolos médicos. Y en eso, no somos nosotros, nuestro Banco, una excepción. En parte por comodidad, ciertamente, pero en parte también, porque reconocemos una mayor autoridad científica en aquellos a los que tomamos como ejemplo (o a los que copiamos, ¿por qué no decirlo?), sea por su mayor prestigio, por su mayor experiencia o por cualquier otra razón. Y es por ello que se van perpetuando determinados criterios que no haríamos mal en cuestionar, y éste sobre el que ahora discutimos, podría ser uno de ellos.
Me parece escandaloso. Sencillamente. Este señor (que es muy amable, por cierto), está admitiendo en sus correos que el rechazo hacia madres veganas es un prejuicio. Que no existen estudios que lo corroboren. Y que los protocolos son pura inercia, se copian unos de otros sin revisar ni actualizar sus contenidos. Vamos, que "in dubio pro reo", siendo el reo la sociedad ignorante.
Por otro lado, recibí una nueva contestación de la responsable del banco de leche del 12 de Octubre, quien finalmente admitió que es cierto que no existen dichos estudios. Y, lo mejor de todo, está interesada en realizarlos ella misma:
"Estoy dándole vueltas al diseño de un estudio para medir la concentración en sangre y leche de la vitamina B12 de mujeres sanas no vegetarianas y vegetarianas para que podamos realmente basarnos en criterios científicos para descartar o no a un mujer como donante de leche si es vegetariana, estricta o no."
Esto último me pone muy contenta. Ése es el espíritu científico de verdad: si no hay estudios, ¿por qué no hacerlos? Si no, nos estamos basando sólo en elucubraciones... en humo.
No sé en qué quedará todo esto. Quizás en nada. Quizás se empiece un estudio algún día. Quizás no. Pero lo que está claro es que este debate saldrá, antes o después. Porque cada vez hay más veganos. Porque cada vez hay más mujeres que dan el pecho. Y porque, lógicamente, la combinación de ambos elementos hará que cada vez más mamás veganas quieran donar, solidariamente, su leche. Así que es cuestión de tiempo, pero este tema volverá a salir, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que tendrán que revisar esos protocolos basados en prejuicios, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que las madres veganas dejaremos de ser discriminadas, tratadas como enfermas, y podremos donar nuestra leche, que es igual de buena que la de cualquier otra madre sana.
Es sólo cuestión de tiempo.
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