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sábado, 24 de octubre de 2015

Fomentando la falta de empatía desde bien pronto

Después de los cotidianos anuncios de juguetes sexistas de todas las navidades, llega ahora una nueva categoría: los juguetes crueles.

¿Puede alguien decirme cómo esto se considera normal, más aún, cómo esto es divertido?



¿De verdad es gracioso ordeñar a una vaca hasta que se le salgan los ojos?



Otro ejemplo, de la misma marca, que clama al cielo: 


Ahí, enseñando a los niños a matar roedores a escobazos.


Me resulta tremendamente triste cómo se juega con esta ausencia de empatía y esta falta de respeto absoluta hacia los animales.
Si el maltrato y la muerte de animales no debería ser un espectáculo (véase corridas, toro de la vega, etc)... ¿por qué sí es lícito si se dan en los juguetes infantiles?
Sin palabras.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Festejos populares versus mataderos: ¿qué pasa aquí?

A la mayoría de la gente le indigna que los animales sufran. Esto es así. A menos que seas un psicópata que se regodee en el dolor ajeno, o un pobre ignorante sin criterio que prefiera aferrarse a la creencia errónea de que los animales no son capaces de sufrir (¡como si no tuvieran sistema nervioso, qué cosas!), no te gustará ver a un animal torturado. La empatía está ahí, es algo que tenemos más o menos desarrollado la mayoría de humanos, y que tiene una gran utilidad social.

Dicho esto, es sorprendente cómo cada vez más y más personas se manifiestan y se indignan a causa de los espantosos "festejos populares" que incluyen maltrato animal, no ya sólo las sempiternas corridas de todos, sino el toro de la vega, las becerradas de Algamesí, y demás simpáticas fiestecillas, que con la etiqueta de "tradición" justifican cualquier barbaridad (las tradiciones, por cierto, no son inmutables, y los pueblos no mueren porque mueran determinadas tradiciones, la identidad cultural es otra cosa, y desde luego cambia con el tiempo, no hay un esencialismo inamovible sin el cual un pueblo ya no sea un pueblo... porque si no, estaríamos todos aún bajo el derecho de pernada y cosas así, anda que no hay tradiciones absurdas que han desaparecido). Es emocionante cómo cada vez más personas reclaman que se ponga fin a esto, y les estoy eternamente agradecida a quienes son tan sumamente valientes de enfrentarse a los paletos hechos masa -sí, la "valentía" canallesca siempre surge de la masa, o del anonimato de internet-. Gracias a todos los que os preocupáis por los animales, de corazón.


Pero... ¿y qué pasa con la otra cara de la moneda? ¿Por qué hay tanta gente que se indigna con los maltratos "festivos" de los animales y sin embargo no dice ni mu sobre el filete que tiene delante, en su plato de comida, todos los días? ¿Qué sucede aquí? Hagamos un pequeño repaso de las cosas en común y de las diferencias que hay entre ambas cuestiones, basándonos en los argumentos clásicos que se escuchan popularmente.

1. "No es lo mismo el matar animales para un espectáculo que para comer; comer es una necesidad imprescindible, y como omnívoros, tenemos que comer carne".
No sé el número de veces que habré escuchado este argumento. Y sí, somos omnívoros. Pero "omnívoro" no quiere decir "tener que comer de todo" (si no, la mayoría de la gente en Occidente tendría una dieta bastante pobre, ya que no suele comer insectos, por ejemplo), sino "tener la capacidad de poder comer de todo". La diferencia parece sutil, pero no lo es en absoluto. Ser omnívoro es, desde luego, muy ventajoso, porque nos permite alimentarnos de animales y/o vegetales, es decir, ¡podemos estar perfectamente sanos comiendo sólo vegetales, precisamente porque somos omnívoros!
Los toros que se lidian después se comen, por cierto. Y su carne es muy cara, además. Y los animales de la mayoría de festejos, lo mismo: ¡la carne no se "desaprovecha"!
Es decir, los animales que se usan en los festejos populares normalmente acaban en un plato, igual que los de los mataderos.


2. "Los animales de los festejos sufren un montón, no así los que nos comemos".
Ésta es muy graciosa. La mayoría de la gente no sabe nada de los animales que se come, o, más bien, prefiere no saber. ¿Tú conoces dónde están los centros donde se procesa la carne, has visto alguna vez cómo se engorda a estos animales, cómo se les trata, o cómo se les mata? No, claro, todo esto "se esconde debajo de la alfombra", porque si la gente supiera, si la gente viera de verdad cómo funciona la industria alimentaria de la carne... no podrían soportarlo, con total seguridad. Al menos, la gente normal, no los psicópatas. Al toro de la vega lo lancean sin piedad. A las vacas que esperan en línea su muerte (imagina ese momento: ver cómo estás haciendo fila y cómo las que están delante de ti, tus compañeras, son torturadas, cómo se las mata de mala manera, cómo muchas veces hay tanta prisa que son escaldadas vivas, descuartizadas vivas, colgadas de un gancho sin que haya funcionado el aturdimiento...), las espolean, esto es, ¡lo mismo! Las pinchan y golpean con palos, se los clavan, para que continúen en la fila1. Cortes, mutilaciones, roturas de huesos... están a la orden del día. Y eso en las vacas o en los cerdos. En animales más pequeños y por ello más "manejables", como los pollos, el horror es aún más impresionante.
Es decir, tanto los animales de los festejos como los que acaban en el plato, sufren muchísimo y son torturados.


3. "Sí, bueno, pero es que yo sólo como carne ecológica de primera, de animales felices".
La carne ecológica se supone que tiene mejor calidad porque los animales han sido mejor alimentados, con ellos no se han usado tantos químicos (antibióticos y demás), y "en teoría" han llevado una "buena vida en libertad". ¡Anda, qué curioso, el mismo argumento que dan con los toros... que han vivido estupendamente, y que por eso no se pueden quejar! Ahora imagina que te ofrecen vivir en una jaula de oro, donde te van a dar masajes todos los días, comida estupenda y te van a poner música clásica. Eso sí, te explican que sólo será el tiempo indispensable hasta que engordes y entonces te maten. ¿De verdad elegirías esto? ¿Qué clase de argumento es "te voy a matar pero hasta entonces vas a vivir estupendamente"? Y por cierto, yo he visto gallinas "ecológicas". El término es tan laxo que resulta gracioso. Te ponen un 0 en los huevos (indicativo de que son gallinas en libertad) únicamente con que éstas salgan un rato al día a un patio pequeño. Evidentemente, no debe de ser suficiente, porque estas pobres gallinas tenían el pico tan cortado como las "no ecológicas" (a las gallinas se les corta el pico porque se vuelven locas hacinadas, y acaban desarrollando comportamientos psicóticos, y dándose de picotazos las unas a las otras... se les corta sin anestesia, y a veces tanto que les impide comer y finalmente mueren de inanición... las gallinas usan el pico para conocer el entorno, y con esta práctica se las deja como ciegas).
Es decir, no hay "animales felices", todos tienen el mismo final: los de los festejos, y los de los mataderos.


4. "Las fiestas con animales mueven mucho dinero, es una industria podrida que se beneficia de subvenciones y demás".
Sí, es verdad. Hay mucha pasta en juego. Subvenciones PÚBLICAS (financiamos estas barbaridades con nuestros impuestos)... al igual que las hay para la ganadería. ¿O acaso pensamos que los toros de lidia, por ejemplo, surgen de la nada? Forman parte de la industria ganadera, al igual que las vacas, son por lo tanto dos caras de la misma moneda. La ganadería mueve mucho dinero. Me contaba un compañero de trabajo cómo en su pueblo mucha gente vivía de la ganadería, forrada gracias a las subvenciones que les daban2. Oh, sí, ahora diremos que si la crisis, o que si esto ya no es lo que era. Me da exactamente lo mismo: se está sacando dinero a costa de la esclavitud, la tortura y la explotación.
Es decir, hay dinero en medio de ambas prácticas, porque forman parte de lo mismo: la cría y explotación animal.


5. "Los espectáculos de los festejos populares dan una imagen festiva de matar, sacando lo peor de los humanos".
Es lamentable ver cómo se comportan los garrulos de Tordesillas, por ejemplo. Cómo se dedican a increpar a los activistas, insultándoles y agrediéndoles como "valientes machos ibéricos". Lo mismo pasa con el paradigma del torero, como el de un hombre "valiente" que se enfrenta "ante la bestia" (¿no hay detrás de esto algo ancestral, ritual?), mientras las damiselas (véase el arquetipo de "la folclórica y el torero") les lanzan un pañuelo perfumado y se entregan a ellos cuando le ganan la batalla al animal. En los mataderos, los empleados (hombres, generalmente, sobre todo con los animales más grandes), se emplean con una agresividad alucinante en la tortura y el "procesamiento" de los animales.
Hay una dicotomía de géneros que siempre se ha esgrimido, un sistema dualista donde lo masculino se ve como lo fuerte, lo activo, lo que manda, y a esto podríamos añadir también... y la carne. Sin embargo, lo femenino se asocia con lo débil, lo pasivo, lo que debe de ser mandado... Comer verduras entraría aquí también, según el imaginario colectivo. No tenemos el arquetipo de un hombre fuerte, vigoroso... y vegetariano (que haberlos, haylos, pero no nos los solemos representar así). ¿Qué quiero decir con esto? Que para mí, veganismo y feminismo son dos cuestiones que deben de darse la mano. Feminismo y veganismo son justicia. Luchan contra estereotipos y dualismos estúpidos y mañidos, donde se explota a unos seres para beneficio de otros.
Es decir, que tanto en los festejos populares como en los mataderos, los humanos sacan lo peor de sí mismos. Y eso se extrapola al imaginario social, donde esta agresividad se asocia con valores patriarcales, masculinos.
Guauuu, qué machoteeee

6. "Todo el mundo come carne, no puede ser que todo el mundo esté equivocado, me gusta cómo sabe la carne, sin embargo no me gusta ver festejos populares donde maltratan animales".
Todo el mundo (bueno, no todo, pero la mayoría) come carne porque no se lo ha planteado. Yo no pienso que quienes coman carne estén equivocados. Simplemente opino que aún no han reflexionado sobre de dónde proviene lo que se comen. Porque no es sencillo hacerlo. Porque supone ir en contra del sistema, que ampara estas prácticas, escondidas por la industria alimentaria porque son tremendamente crueles con los animales para obtener el máximo beneficio al mínimo coste. Capitalismo puro y duro. Lo que está normalizado, se legitima, y con ello cualquier práctica, por cruel que sea, se aprueba, aunque sea intentando olvidar que existe. Así que vamos por ahí "haciéndonos los tontos", comprando en el supermercado bandejitas monísimas con todo despiezado, carnes tratadas con nitratos para que estén rositas (y no grises, como serían sin tratar... son cadáveres, a fin de cuentas), donde no podemos ver nada que nos recuerde que "eso" fue un animal, que sintió y quiso vivir como todos los demás. Y sí, la carne está muy rica para mucha gente, pero hay algo más allá del mero placer momentáneo: la ética. Sin embargo, ver las fiestas produce mucho malestar. ¿Por qué?

PORQUE SE VEN, sencillamente.

Y aquí es donde está la diferencia que buscamos: lo que no se ve, se puede obviar, pero lo que está delante de mis narices... ¿cómo lo escondo, cómo "hago como que no está"... si está ahí?

Yo comprendo que todo el mundo ha de elegir sus batallas. Que no se puede luchar contra todo. Que el mundo está repleto de injusticias, y que cada uno ayuda en lo que buenamente puede. Por ello, es de agradecer que tanta gente se indigne y reaccione ante la crueldad animal. Pero siempre ha de tenerse en cuenta que eso implica una gran contradicción. Que no podemos quejarnos de la crueldad en las fiestas populares pero aceptar la crueldad de los mataderos. Yo misma, cuando comía carne, era consciente de que no estaba siendo coherente, lo sabía y lo admitía, pero la inmensa mayoría de la gente se molesta cuando pones el dedo en la llaga en el centro de su incoherencia. Porque en el fondo, muy en el fondo, saben que "ahí pasa algo".



Festejos y consumo de animales son dos caras de la explotación. Ambas terminan en el mismo sitio (el plato), la diferencia más llamativa que hay entre ambas es que en una se ve la tortura; en la otra, no. Y lo que no se ve, se puede esconder... pero si te lo ponen delante de las narices, ¡la cosa no es tan fácil de olvidar!

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1“Aplicaciones del Manual Media a Sectores Industriales: Industria Cárnica”. Ministerio de Ciencia y Tecnología. Edición Impresa. 2001

2 http://www.magrama.gob.es/es/ministerio/servicios/ayudas-subvenciones/ayudas.asp

jueves, 11 de septiembre de 2014

De tradiciones, culturas, y torturas mueve-adrenalinas

Jovenzuelos gañanes echando la tarde.

En estos días en que se aproxima inevitablemente otra espantosa matanza de un pobre toro desgraciado en la localidad de Tordesillas, los defensores de tan tremebundo acto se llenan la boca con una única palabra: tradición. Sí, ése es el único argumento que, sin ninguna duda, esgrimen los perpetuadores de actos gañanes como éste, porque realmente... ¿qué otra justificación hay si no? (dejando aparte la innoble cantidad de dinero que moverán con unas fiestas de esta calaña para atraer a la gente que tenga un vórtice negro en el corazón y que sólo mediante emociones como la tortura logre sentir "algo"... por desgracia son muchas las personas así, en este mundo cruel). De hecho, eso fue lo que repitieron machaconamente en el pregón, que si era una tradición antiquísima y por ello debe de ser salvada, que si quienes defienden a los animales son una vergüenza para la democracia y se acercan al terrorismo (ahora está de moda esto, si piensas diferente, eres terrorista y ya está), y demás perlitas que surgieron como agua de mayo de la boquita viperina del simpático pregonero. Curiosa vuelta de tortilla en la que quienes defienden a la víctima son ahora los verdugos.

Y es curioso también el rollo éste de las tradiciones, que con demasiada frecuencia se suelen equiparar con "cultura". Y no, una tradición es sólo una parte muy pequeña de la cultura de un pueblo. Porque un pueblo se compone de su estructura social, sus religiones, su organización política, económica, legal, su música, su arte, sus habitantes, su ropa, ¡qué sé yo! Y si las sociedades mutan, porque lo hacen, porque es inevitable, porque forma parte de la naturaleza humana, ¿a santo de qué viene aferrarse a tradiciones como signo de identidad? ¿Y por qué no conservamos entonces la Inquisición, que también era muy típica de este país? ¿Y por qué no seguimos retándonos en duelos? ¿Y por qué abrazamos la tecnología y otros cambios, si ponen en peligro el ser como éramos antes?

¿Y por qué ya no nos vestimos así? ¿Qué pasa con la identidad?

Lo que quiero decir es que, en un mundo globalizado como éste, es cierto que las identidades parecen diluirse: todos vemos las mismas series, usamos la misma ropa, los mismos teléfonos, compramos en las mismas tiendas... ¿qué queda en medio de todo eso que identifique a los pueblos? ¿Sólo las tradiciones? Evidentemente, no.

La riqueza cultural de un pueblo ni empieza ni termina en sus tradiciones. Porque entonces...

... como en China ya se ha prohibido el vendaje de pies, los chinos ya no serían chinos
... como en España se han prohibido las peleas de gallos (claro, aquí no mueven mucho dinero), ahora mismo ya no seríamos quienes somos
... como en Inglaterra ya no se juega al fútbol usando la cabeza de un enemigo, como en la Edad Media, los ingleses ahora deberían ser otros
... como los monjes budistas ya no se automomifican, el budismo debería llamarse de otro modo
 etc, etc, etc...

Los seres humanos progresan, somos cada vez más civilizados, pero seguimos teniendo un lado oscuro, y precisamente esa dicomotía es un caldo de cultivo para que afloren los instintos más básicos, innobles, crueles y desprovistos de toda empatía. El discurso de la tradición es ridículo, porque entonces, como digo, no sólo no tendríamos que haber abolido un montón de tradiciones que hoy a cualquiera le parecen una barbaridad, sino que además no deberíamos haber cambiado muchísimos aspectos de la cultura, que es algo mucho más amplio y sobre lo que descansa la identidad de un pueblo. Sin embargo eso sí lo hacemos, sin despeinarnos. Pero lo que tenemos que comprender es que la cultura es algo flexible, cambiante, de una gran plasticidad, y desde luego y sin ninguna duda, hoy no tenemos nada que ver con los que vivían en la península hace quinientos años. Lo siento, pero no. Somos muy diferentes, y nos separan muchas más cosas de las que nos unen. Entonces, ¿para qué aferrarse a un lastre cruento y absurdo que no tiene nada que ver con la identidad de un pueblo actual? ¿Por qué permitimos que la sociedad avance pero nos agarramos como a un clavo ardiendo a pequeñas tradiciones anecdóticas dentro de la cultura en general? ¿Qué aporta, realmente, eso, al conjunto de la sociedad? No aporta NADA. De ahí no se puede extraer nada positivo.

Otra simpática tradición... ¿por qué no la conservamos?

En resumidas cuentas, a quienes por la necesidad de vivir emociones fuertes ofrezcan ridículas excusas sobre tradiciones y demás (mientras sigan usando teléfonos móviles y vistiendo vaqueros, que esos cambios sí los aceptan, mira tú), cuando en realidad sólo se trata de una subida de adrenalina en gente que no sabe qué hacer para sentir algo...
A quienes justifican lo injustificable en un mundo donde este tipo de comportamientos cada vez tiene menos cabida...
A quienes insultan y arremeten contra los que sí tienen un mínimo de sensibilidad con descalificaciones fáciles (porque argumentos, ninguno, claro)...

A todos ellos, basta ya.

Esto es ridículo.

Quien quiera sentir emociones fuertes, que se vaya a un parque de atracciones, o haga puenting, o intente vivir con 500 euros al mes y tres hijos, o se vaya a pasear en minifalda por las calles de El Cairo, ¡qué sé yo, hay muchas maneras de sentir el subidón de adrenalina!

Así, desde luego, no.

domingo, 17 de agosto de 2014

Mirar hacia otro lado

Creo que lo mejor de este vídeo no es ya sólo la serie de verdades incómodas que se explican en él. Lo mejor es la cara del público. Esa cara de "tierra, trágame". Esa cara de "no quiero oír esto". Esa cara de "necesito seguir comiendo bacon, no me expliques cosas de las que no quiero saber nada".



Es mucho más difícil mirar hacia otro lado cuando estás en medio de una charla con proyecciones y te están filmando.

Aunque luego, en unos días, olvides voluntariamente todas las verdades incómodas, una vez regreses a tu rutina de no saber, y los estantes del supermercado te ofrezcan una carne plastificada que poco o nada recuerdan a su origen cruel. Y entonces seguirás con tu vida, porque... ¿qué más da? ¡Si es lo que hace todo el mundo!

martes, 24 de junio de 2014

Una pequeña gran victoria

A veces, los pequeños gestos sirven de algo. A veces, ponerse pesada y ofrecer argumentos REALES, también.

Se puso en contacto conmigo Miriam (http://www.mipediatravegetariano.com/, página altamente recomendable para quienes tengáis niños vegetarianos), interesándose por lo que había pasado con los bancos de leche. Le conté toda la historia, que se puede leer aquí:

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO

Y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras hablar ella con el banco de leche del Hospital 12 de Octubre, le contestan diciendo que han revisado los protocolos, y que las madres veganas correctamente suplementadas ya pueden donar.



Estoy muy feliz de haber aportado un granito de arena para llegar a esto, que además ha costado.

Muchas gracias, Miriam, por este comienzo de día tan estupendo :)

lunes, 19 de mayo de 2014

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)

Hoy es el día mundial de la donación de leche materna, un gesto que me parece maravilloso y absolutamente loable, qué duda cabe. Pero me sigue escociendo el que no se permita donar a las madres veganas. Me gusta escuchar la radio mientras me desplazo, y llevan todo el día hablando sobre el tema (que por otro lado, qué bien que cada vez se sensibilice a la gente más sobre este tipo de cuestiones), y nuevamente me encuentro con que por todas partes se habla de los requisitos para donar, y entre éstos sólo se menciona que la madre ha de tener hábitos de vida saludables. NUNCA se menciona nada sobre vegetarianismo, siempre se dice "por lo bajo" a las madres interesadas que preguntan, pero en los medios de comunicación, no. Esto me molesta, y mucho.

Si el requisito para ser donante de leche materna es tener hábitos de vida saludables, y las madres veganas no pueden donar, quiere decir que se considera que las madres veganas no tienen hábitos de vida saludables. Tan sencillo como eso. Ese prejuicio infundado y que puede desmontarse con un sencillo análisis de sangre parece un escollo muy grande para determinados centros médicos. La responsable del banco de leche del 12 de Octubre, con quien mantuve una ávida correspondencia sobre este tema, ha explicado en Radio Nacional cómo se hace para manipular la leche donada: análisis de nutrientes, pasteurización y todo tipo de avances. ¿De verdad, ante tamaña expresión futurista de medios más propios de la NASA que de un hospital español, no son capaces de saber cuándo una madre está correctamente provista de B12? Es que sólo hay que analizar la homocisteína, ¡no es tan complicado!


En fin. Me alegro enormemente de que existan los bancos de leche. Me alegro inmensamente de que cada vez más personas se ofrezcan voluntariamente y con todo el amor de su corazón a donar para los niños prematuros que tanto lo necesitan. Y me alegro infinitamente de que cada vez se hable más de estos temas en los medios de comunicación.

Pero el progreso ha de ir de la mano de la revisión de protocolos cuando éstos están obsoletos, cosa que en el caso de los bancos de leche, NO se hace, según ellos mismos me confesaron.

Una auténtica pena, porque cada vez hay más mamás veganas, y se les cierran las puertas absurdamente a este tipo de colaboraciones, sin ningún motivo real, científico y demostrable. Porque aún estoy esperando a que me lo demuestren... pero no fueron capaces.

Feliz día a las que os dejan donar.

Más sobre el tema:

martes, 8 de abril de 2014

"Si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos"


¿Y por qué si lo vemos sí nos afecta? ¿Si nos saltamos el proceso de en medio es menos terrible? ¿Ojos que no ven, corazón que no siente?

El mirar a otro lado nos hace cómplices, siempre.

Me gusta mucho esta broma, porque hace reflexionar sobre algo que no tiene ni pizca de gracia.

jueves, 13 de marzo de 2014

Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO

Estos días ha sido noticia en los medios una tontería como un piano pronunciada por un grupo de enfermeras a las que convenientemente habrá untado la leche de bote de turno para decir que si las madres a causa de la crisis están malnutridas, los bebés lo estarán también si son alimentados por medio de lactancia materna (por supuesto, no hablan de ningún estudio al respecto, así que sólo se apoyan en su supuesta "autoridad" como profesionales de la salud). Esto sólo deja constancia, una vez más, de la escasa cultura de la lactancia que tenemos en este país, así como de la absoluta falta de contraste de la información por parte de los periodistas, cada vez más amarillistas, que se dedican a publicar cualquier cosa con "enganche" y morbo sin importar si es cierta o no. Pues ha salido en periódicos, en la tele, y en todos los medios de comunicación, propagándose como un virus tonto.

Muchos blogs y webs dedicados a la maternidad y a la lactancia se han hecho eco del asunto, publicando comunicados como éste. También la AEP  ha emitido este comunicado. Me parece estupendo, por supuesto, que se desmientan todos estos mitos de abuela sin ninguna solidez científica de ningún tipo, y que sólo perjudican a los más vulnerables: los bebés.

Pero por otro lado, me ha dado como un resquemor que no conseguía identificar, hasta que por fin he sabido qué era. Es que he recordado cuando quise donar leche en el 12 de octubre, y me rechazaron por ser vegana. Vamos, que personas que se suponía sabían muchísimo sobre lactancia me dijeron que EXISTEN LECHES DE MEJOR CALIDAD QUE OTRAS.

El resultado de mis pesquisas sobre este asunto puede verse en estos dos posts:

No voy a repetirme porque en dichos posts se puede consultar cómo fue la cosa. Pero me escuece, Y MUCHO, que a nadie le importara este asunto, porque claro, madres veganas hay pocas. Pero claro, si sale una noticia de esta índole, como parece que afecta a más gente, entonces sí interesa.

Ahora sólo faltaría un comunicado del 12 de octubre negando que existan "leches malas", y entonces ya el resoplido que voy a soltar se va a oír de aquí a Japón... 

viernes, 7 de marzo de 2014

Fadjen también tiene derecho a vivir

Hoy, pensando en quienes defienden la tauromaquia y todo lo que conlleva, y para ello sueltan el típico argumento de que los toros de lidia son animales salvajes, que sólo sirven para esa lucha (lucha desigual, por cierto), que son agresivos y crueles, que no sienten dolor, y demás argumentos afines, recordé este maravilloso vídeo.
Fadjen es un toro de lidia cuyo destino era el de tantos otros desgraciados animales: morir para deleite de un puñado de psicópatas amargados que no tienen otra manera de canalizar su frustración.
Por fortuna, fue rescatado, y hoy vive feliz con su amigo humano, Christophe, demostrando que es un animal capaz de jugar, de amar... de vivir.

lunes, 6 de enero de 2014

¿Que el veganismo es radical?

Radical es separar a un bebé de su madre a las pocas horas de nacer, para comerse el bebé a los pocos días, y explotar a la mamá como a una máquina de fabricación de leche, piel y carne, y obligarla a preñarse una y otra vez y ver cómo todos sus hijos le son arrebatados sin poder hacer nada.

Radical es arañar el fondo marino para arrasar con todo lo que ahí se encuentra, porque para que tú te comas una bandeja de sushi han tenido que perecer once kilos de todo tipo de animales.

Radical es asistir a espectáculos, recintos, lugares destinados a niños, donde los animales están entrenados a base de golpes. Donde para conseguir traer a según qué seres exóticos, han muerto miles de ellos por el camino. Donde no viven en su hábitat natural. Donde se vuelven locos en jaulas.

Radical es criar en condiciones espantosas a todo tipo de dulces criaturas para arrebatarles su piel y confeccionar abrigos para señoras gordas que se creen hermosas llevando sobre sí la muerte y el sufrimiento.



Radical es desmembrar a víctimas inocentes estando aún vivas, porque el aturdimiento no funciona casi nunca (¡que hay que ahorrar!).

Radical es comprar animales como quien se compra un muñeco, y cuando te cansas, lo dejas por ahí tirado como cualquier otro objeto de obsolescencia exprés. Radical es saber que estos animales provienen de madres en condiciones espantosas, que son violadas una y otra vez, y viven en jaulas sin poder moverse, sólo teniendo más y más hijos.

Radical es asesinar a un pobre ser mientras chilla desconsolado, desangrándolo totalmente porque así sabe mejor o no sé qué. Y encima convertirlo en un acto de regocijo y celebración.

Radical es cargarte con una escopeta y pegarle un tiro a todo lo que se mueva, porque sí. Porque cuando matar se convierte en deporte, la atrocidad se diluye y parece que no es tal. Cazar es un acto cobarde y vil y desde luego de deporte no tiene absolutamente nada.

Radical es matar a palos a un animal para quitarle su piel y que ésta esté más suave.



Radical es usar un anzuelo para que una bella criatura marina agonice fuera del agua sin poder respirar y encima con ese espantoso artilugio de metal clavado, desgarrándole la carne.

Radical es que se apiñen gallinas en espacios mínimos, robándoles sus huevos, cambiándoles los ciclos con luces artificiales, aplastando los pollitos machos nada más nacer para convertirlos en caldo, cortándoles los picos a todas (¡y sin anestesia, claro!) para que en un acto de locura que siempre sucede no se lesionen o lesionen a las demás, buscando el aire y el espacio y la libertad que jamás tendrán.

Radical es torturar como un espectáculo, llamándolo arte, blindándolo con leyes y decretos para que sea un algo intocable, porque mueve dinero a espuertas, mientras gente sin empatía observa cómo muere un ser indefenso, en una agonía larga, en un miedo terrible. Radical es ignorar ese terrible sufrimiento, porque quienes no tienen empatía reciben un nombre bien claro: psicópatas.

Radical es criar animales en las peores condiciones para así ahorrar en costes, sin permitirles jamás ver la luz del día ni disfrutar de la felicidad, sólo comiendo piensos repletos de medicinas porque están enfermos en el hacinamiento, enfermos entre sus heces, enfermos en el alma.

Radical es inyectar jabones y tabaco y sustancias en ojos y orejas, en cuerpos indefensos que no entienden qué han hecho para merecer esto, por qué para tener un lavavajillas que limpie muy bien han tenido que morir a centenares un montón de pequeños que jamás conocieron una vida sin dolor.

Radical es saber todo esto y no hacer nada.
Radical es ser cómplice.
Radical es seguir adelante como si nada.

¿Y tú me llamas a mí radical?

lunes, 25 de noviembre de 2013

Las vacas también deberían tener un destete natural

Ya son varias, demasiadas, veces, las que escucho que "si a una vaca no se la ordeña, es malo para ella porque entonces tiene mastitis y otras enfermedades". Éste es un ejemplo más de cómo se le da la vuelta a las cosas de un modo totalmente oportunista (como sucede también, por ejemplo, con la "leche de continuación", que es más barata porque es de peor calidad, pero las empresas la venden como "adaptada a las necesidades nutricionales de los bebés de más de seis meses"). Lo malo es que este mito se escucha incluso entre colectivos vegetarianos (por ejemplo, los Hare Krishna). Quizás algunas personas utilicen este argumento para justificar su consumo de lácteos. Pero creo que la mayoría, simplemente, de verdad lo cree. Cuando se repite algo muchas veces, al final, "casi" se convierte en verdad.

Las vacas son mamíferos. Hasta ahí, todos estamos de acuerdo. Las hembras mamíferas dan el pecho del siguiente modo: nace su bebé, producen calostro, luego sube la leche, y la lactancia prosigue mientras haya demanda. La lactancia suele terminar paulatinamente, por lo que la producción de leche irá disminuyendo poco a poco, hasta desaparecer. Esto sucede así en todas las hembras mamíferas, humanas incluidas. ¿Qué pasa si el destete se da abruptamente? Pues que puede haber una obstrucción, y de ahí, una mastitis (que puede derivar en cosas peores, como un abceso). ¿Qué causa el destete en las vacas? Desde luego, no ellas. El destete abrupto, en todo caso, se daría por parte de los humanos, que les arrebatamos a sus hijos.

Pero en la ganadería industrial la cosa va más allá. Porque los ciclos reproductivos de las vacas están totalmente alterados por hormonas (la hormona de crecimiento bovino es inyectada a diario), para aumentar la producción de leche hasta niveles absurdos. Las vacas son inseminadas continuamente (60 días después de parir), porque así se mantienen sus niveles de producción. Los terneros son separados al día de nacer, de ese modo también se vende el preciado calostro de las vacas. La vida de una vaca lechera en una ganadería industrial es de unos cinco años. En condiciones normales, sería de unos veinte. Además, las vacas se ordeñan con máquinas que frecuentemente producen descargas eléctricas de mayor o menor intensidad, que suelen causar heridas en las ubres, lo que favorece igualmente la aparición de mastitis. También implica, por cierto, que la leche extraída tenga restos de pus. Para "solucionar" esto, se les suministran antibióticos continuamente, lo que hace que al beber leche se consuman antibióticos, desarrollando poco a poco tolerancia hacia ellos.



Los terneros, que no olvidemos son bebés recién nacidos, son separados, pues, de sus madres, a las pocas horas de nacer, confinados en espacios minúsculos para que no se muevan y su carne sea más "tierna". Uno de sus cuatro estómagos se usará para realizar cuajo para los quesos.

Cuando la producción de leche baja, cuando la vaca está totalmente agotada, es enviada al matadero.

En condiciones naturales, una vaca sólo desarrollaría mastisis por causas naturales (obstrucción, destete abrupto). Por lo tanto, no ordeñar a las vacas NO causa mastitis. Lo que causa mastitis es explotarlas artificialmente. ¿Cómo puede ser que se le haya dado la vuelta a esto de una manera tan evidente?

Por último, sólo recordar que la leche de las vacas está nutricionalmente adaptada a las necesidades de los terneros. Esto es, no a la de los humanos. Tiene demasiada grasa para los humanos y está fuertemente vinculada a la obesidad (EEUU, por ejemplo, que tiene unas tasas apabullantes de obesidad, está en el top de consumo de lácteos), así como a la osteoporosis (sí, por contradictorio que pueda parecer, mucha gente cree que el calcio de la leche de vaca protege de la osteoporosis, pero ése es otro mito más: el calcio de la leche está ligado a sus proteínas, lo que dificulta enormemente su absorción; la tirocalcina, de hecho, inhibe la absorción del calcio; en países asiáticos donde no se consumen lácteos es precisamente donde las tasas de osteoporosis son las más bajas). Además, muchísima gente tiene intolerancia en menor o mayor grado a la lactosa (porque la leche, no lo olvidemos, es un alimento para bebés y niños, no para adultos, por eso hacia los seis o siete años -la edad natural de destete en el ser humano, cuando se comienzan a caer los "dientes de leche", que por eso se llaman así- se suele desarrollar dicha sensibilidad, el no desarrollarla es una mutación).

En resumidas cuentas, cada uno tiene que decidir si consume leche, o cualquier otra cosa. No se trata de eso. Pero creo que hay que saber siempre cómo se produce lo que se consume, para que la decisión sea con pleno conocimiento. Porque sólo sabiendo lo que se decide, se decide realmente.
Si no, es únicamente un dejarse llevar. Una inercia.

jueves, 29 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)

Después de mi indignación inicial que conté aquí, y como resulta que siempre he sido una cabezota y me gusta investigar las cosas que no comprendo y/o me parecen injustas, pues eso mismo hice con la historia de los bancos de leche. En primer lugar, aprendí que en los países donde hay más números de veganos, los bancos de leche sí dejan donar a madres que se suplementan. Es lógico, hasta cierto punto. De hecho, en EEUU, por ejemplo, en los requisitos de donación de los bancos se puede leer algo como que quedan excluidas aquellas madres que:

"Are total vegetarians (vegans) and do not supplement their diets with vitamins"

Es decir, que hacen la distinción, que ellos sí comprenden que el matiz en inmenso. Hoy en día, las autoridades a nivel mundial en cuanto a nutrición vegetariana recomiendan que todos los vegetarianos se suplementen, madres lactantes incluidas por supuesto (dicho sea de paso, las autoridades recomiendan que se suplementen también los vegetarianos no estrictos, ¿por qué entonces en los bancos de leche no se pide así?), no hacerlo es una temeridad, y no distinguir entre un tipo de madres y otro, también.


La cosa es que después de investigar fuera de nuestras fronteras, hice lo propio dentro. Escribí a muchos sitios, y esto es lo que he concluido:

* Le comenté el problema a la Vegan Society, por si me podían orientar. Por desgracia no me hicieron mucho caso, sólo me remitieron al apartado de su web sobre madres lactantes, cosa que ya sé mirar yo solita.
* La Unión Vegetariana Española no me contestó al email. Nada. Cero patatero. Pero bueno, es agosto, y este país está catatónico en agosto.
* Escribí a todos los bancos de leche españoles que pude hallar. Algunos no me contestaron (¿agosto, de nuevo?), otros sí, y es cierto que en casi todos quedan excluidas las madres veganas. En casi todos, no en todos. En el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, por ejemplo, me dicen explícitamente que:


"Una de las contraindicaciones para la donación es:
Vegetarianas estrictas que no suplementen su dieta con vitaminas.
Si están correctamente suplementadas, no habría problema."

Vamos, que los protocolos no son iguales en todas partes. ¿Por qué, qué es lo que marca esa diferencia, qué es lo que está pasando? Mantuve una serie de correos con el responsable de otro banco de leche (no diré la provincia para respetar su anonimato), y él admitió finalmente estas joyas:

En éste, como en otros temas que afectan a quien se sale de lo que la sociedad entiende como normal, las realidades y los prejuicios se entremezclan con excesiva frecuencia y muchas veces además, con una indudable tendencia a que la balanza se incline hacia las ideas preconcebidas, en no pocas ocasiones originadas en situaciones anecdóticas que son tomadas como generales y que, de alguna forma, pueden llegar a estigmatizar a todo un colectivo.

No conozco yo tampoco, ningún estudio experimental que compare los efectos a nivel nutricional y metabólico de una dieta, digamos, tradicional (omnívora), con una dieta vegana. 

En pocas disciplinas funciona tanto el copiar y pegar como en los protocolos médicos. Y en eso, no somos nosotros, nuestro Banco, una excepción. En parte por comodidad, ciertamente, pero en parte también, porque reconocemos una mayor autoridad científica en aquellos a los que tomamos como ejemplo (o a los que copiamos, ¿por qué no decirlo?), sea por su mayor prestigio, por su mayor experiencia o por cualquier otra razón. Y es por ello que se van perpetuando determinados criterios que no haríamos mal en cuestionar, y éste sobre el que ahora discutimos, podría ser uno de ellos.

Me parece escandaloso. Sencillamente. Este señor (que es muy amable, por cierto), está admitiendo en sus correos que el rechazo hacia madres veganas es un prejuicio. Que no existen estudios que lo corroboren. Y que los protocolos son pura inercia, se copian unos de otros sin revisar ni actualizar sus contenidos. Vamos, que "in dubio pro reo", siendo el reo la sociedad ignorante.



Por otro lado, recibí una nueva contestación de la responsable del banco de leche del 12 de Octubre, quien finalmente admitió que es cierto que no existen dichos estudios. Y, lo mejor de todo, está interesada en realizarlos ella misma:

"Estoy dándole vueltas al  diseño de un estudio para medir la concentración en sangre y leche de la vitamina B12 de mujeres sanas no vegetarianas y vegetarianas para que podamos realmente basarnos en criterios científicos para descartar o no a un mujer como donante de leche si es vegetariana, estricta o no."

Esto último me pone muy contenta. Ése es el espíritu científico de verdad: si no hay estudios, ¿por qué no hacerlos? Si no, nos estamos basando sólo en elucubraciones... en humo.

No sé en qué quedará todo esto. Quizás en nada. Quizás se empiece un estudio algún día. Quizás no. Pero lo que está claro es que este debate saldrá, antes o después. Porque cada vez hay más veganos. Porque cada vez hay más mujeres que dan el pecho. Y porque, lógicamente, la combinación de ambos elementos hará que cada vez más mamás veganas quieran donar, solidariamente, su leche. Así que es cuestión de tiempo, pero este tema volverá a salir, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que tendrán que revisar esos protocolos basados en prejuicios, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que las madres veganas dejaremos de ser discriminadas, tratadas como enfermas, y podremos donar nuestra leche, que es igual de buena que la de cualquier otra madre sana.

Es sólo cuestión de tiempo.

viernes, 2 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche

Estamos, un año más, en la semana mundial de la lactancia materna. Así que este post me viene como anillo al dedo.

Y es que parece ser que en el hospital 12 de Octubre necesitan con urgencia madres que donen leche. Así que me informé. Buscan madres que sean sanas, no beban ni fumen, no tengan enfermedades contagiosas, y... ¡oh, sorpresa! NO SEAN VEGANAS. Sí, así como suena. Como si el veganismo fuera una enfermedad que supusiera un gran hándicap.

La cosa es que me empezó a mosquear porque si continuamente se dice que no hay leches de mayor calidad que otras, ¿a santo de qué viene esto? Pedí que me aclararan el tema, indicando que si lo que preocupa es la suplementación, yo me suplemento de B12, tengo análisis estupendos, y mi salud es excelente. Cito textualmente lo que me contestaron:

Los estudios científicos no lo demuestran así en la leche materna aunque tengas niveles normales en sangre.  Ningún banco de leche del mundo acepta a las vegetarianas estrictas y somos muy conscientes de lo preciada de la leche materna y que es un recurso escaso.


Así que me puse a investigar. ¿Y qué encontré? Que los bancos de leche de otros países, como EEUU, UK, Francia o Canadá, efectivamente no aceptan a veganas... ¡pero sólo si no se suplementan! Vamos, que lo que esta señora me dice no es correcto. Lo que aquí están insinuando es que mi leche es PEOR que la de una persona que come carne. Lo que aquí están insinuando es que entonces no he alimentado correctamente a mis hijas, porque puedo tener un déficit de B12 sin saberlo. Por cierto, le solicité esos supuestos estudios y no me ha contestado.

En fin. Por partes. La vitamina B12 se obtiene a través de bacterias que la sintetizan, y se queda en la tierra, así que la vaquita de turno al pastar se la come, y cuando el humano se mete un filete entre pecho y espalda, le llegaría dicha vitamina. Ésa es la teoría. Porque hoy en día, a los animales procedentes del ganado se les alimenta sobre todo a base de pienso. Este pienso está enriquecido con B12, que es el que luego pasa a la carne del animal y por último al consumidor de dicha carne. Es decir, que al final los omnívoros están suplementándose igualmente de B12, sólo que de un modo indirecto (yo tomo pastillas a base de la vitamina sintetizada por las bacterias directamente, los omnívoros comen carne de un animal que ha tomado esas mismas pastillas, por así decirlo). No obtienen la B12 del aire por gracia divina. Y los animales que consumen, aparte de estar repletos de hormonas y antibióticos, tampoco. 

Pero una madre que come animales con hormonas y antibióticos es más apta que yo, al parecer.

Luego, y porque los omnívoros toman la B12 de este modo de suplementación indirecta, pueden tener déficit también, además que cuanto menos sano se coma, más se inhibe la absorción de dicha vitamina (los alimentos procesados, algunas medicinas, el tabaco...). 

En 1981 se realizó un estudio comparando la cantidad de residuos presentes en la leche de madres vegetarianas y madres omnívoras, y se vio que la leche materna de las vegetarianas contenía sólo del 1 al 2% de los niveles medios de ciertos pesticidas y sustancias químicas industriales que se encuentran en la leche materna de las americanas (Hergenrather J, Hlady G, Wallace B, et al. Pollutants in breast milk of vegetarians. N Engl J Med. 1981; 304: 792).



Pero una madre con pesticidas en la leche es más apta que yo, al parecer.

Según la ADA, "It is the position of the American Dietetic Association that appropriately planned vegetarian diets, including total vegetarian or vegan diets, are healthful, nutritionally adequate, and may provide health benefits in the prevention and treatment of certain diseases. Well-planned vegetarian diets are appropriate for individuals during all stages of the life cycle, including pregnancy, lactation, infancy, childhood, and adolescence, and for athletes." (Texto completo: http://www.eatright.org/About/Content.aspx?id=8357).

Pero los de la ADA no tienen ni idea, al parecer.

Y es que la clave de todo está en la suplementación. Evidentemente si yo no me suplementara, no podría asegurar que mis niveles de B12 fueran los adecuados. Pero al suplementarme, ¿dónde está el problema, exactamente?

En este estudio podemos leer que "Infants breast-fed by vegan mothers who supplement their diets with B12, or infants who receive B12 through fortified foods or supplements, develop normally".

Pero nada, los suplementos no me están sirviendo de nada y mis hijas van a morir en medio de la locura.



En fin, ¿de qué me extraño? Realmente vivimos en un país con tasas de lactancia escandalosamente bajas (aunque poco a poco van subiendo), en un país donde es tremendamente complejo encontrar a un profesional que te apoye en tu decisión de dar teta, en un país donde pocos médicos saben identificar un frenillo y menos aún operarlo, y en un país donde como hay poco veganismo, no se sabe demasiado sobre el tema a nivel oficial. Quiero decir con esto que los profesionales son ante todo personas y como tales se dejan llevar muchas veces, demasiadas, por sus propios y arraigados prejuicios personales. Porque en Inglaterra o EEUU, donde hay mucho más vegetarianismo, sí dejan donar a madres veganas que se suplementen correctamente (por mucho que me hayan dicho lo contrario), sencilla y llanamente porque se sabe más del tema.

Así que me quedo sin poder ayudar. Porque se considera que mi leche es tan pésima como la de una madre con hepatitis. Porque se me pone al mismo nivel de "escasa salud" que una fumadora empedernida, o una alcohólica. Porque se contradice a todo lo que dicen la ADA, la Vegan Society, la Unión Vegetariana Española, la AEPED y todas las asociaciones dietéticas que han demostrado por medio de estudios fácilmente disponibles por Internet que si las madres veganas se suplementan, no existe ningún peligro en dar el pecho.

Y sé que, si no hubiera dicho nada, si hubiera mentido sobre mi veganismo, podría donar sin ningún problema y mi leche estaría perfecta para ello. Porque mi leche, como la de cualquier otra madre saludable, es perfecta. Y no pienso dejar que nadie me diga lo contrario.

Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Los extremos se tocan... ¡veganos especistas!

En cualquier movimiento de defensa de los derechos de algún colectivo oprimido, inevitablemente, surgen distintas opiniones, o tendencias, o corrientes de pensamiento. Eso siempre ha sido así y es totalmente normal, y deseable hasta cierto punto, porque los diálogos enriquecen y permiten aprender. Pero hay veces en que, como suele pasar, algunos de estos argumentos te chirrían hasta el infinito y más allá. Y te hace preguntarte si no escondrán otras motivaciones.

Dentro del amplísimo colectivo de veganos, también puedes encontrar a gente con todo tipo de tendencias políticas, sexuales, ideológicas, ... Y está tomando cada vez más fuerza el denominado "veganismo antinatalidad", que muchas veces, por desgracia, sólo esconde una misantropía acuciante y pasmosa. Y es cierto que tener hijos hoy en día, en este mundo superpoblado, sólo añade más carga al planeta. Y es cierto que tener hijos aumenta tu huella de carbono. Y es cierto que tener hijos es un problema más en el contexto ecológico. Todo eso es cierto, lo sé.

Pero muchos de esos mismos veganos ven a un bebé cerdito y oooh, qué mono es. O se niegan a comprar cualquier producto con siquiera trazas de leche, porque pobre vaquitas, pero sí compran chocolate que proviene de manos esclavas (total, eso les da igual puesto que son manos humanas), mientras éste no contenga subproductos animales qué más da. Todas estas incoherencias me parecen, cuando menos, sospechosas.

La palabra "especista" hace referencia precisamente a quienes suponen a unas especies por encima de otras. Y cada vez hay más veganos especistas de la humanidad. Misántropos, para entendernos. ¿No es esto tremendamente contradictorio?

Así, con miles de argumentos, intentarán darse cancha de cómo ellos jamás tendrán hijos porque su conciencia ecológica así se lo impide... pero si escarbas más hondo, descubrirás que, en realidad, lo que les pasa es que sencillamente no les gustan los niños. Ni más ni menos. El complejo mesiánico que les da aires de grandeza esconde en realidad algo mucho, muchísimo más básico: su propio gusto personal. Que la población envejezca a pasos agigantados da exactamente igual. Es cierto que vivimos en un mundo globalizado, y que lo que yo hago aquí afecta a un campesino en Mongolia... pero los países, hasta donde yo sé, aún existen, y dentro de unos años habrá superávit de ancianos y nada de jóvenes para pagar las pensiones. Y si no, al tiempo.



Y he leído de todo: que si quieres tenemos hijos somos egoístas (sí, llevo cuatro años y medio sin tener un minuto para mí misma, pero soy egoísta), que si lo que tendríamos que hacer es adoptar porque es la única opción moralmente aceptable (la gente se debe de pensar que el que te den a un niño en adopción es como quien se va a comprar un kilo de peras), que si los auténticos veganos no procrean porque es incoherente con la ecología...

Estoy cansada. Cansada de que para lo que a unos les interese sí somos animales. Pero de repente, uy, ya no. Entonces hay que patear a nuestros instintos y dejarlos ahí, bien amordazados, que no molesten. Y si yo quiero ser madre me fastidio, que eso no es holístico, vegano ni mega-cool-eco-guay.

Pues lo siento mucho. Para mí mis hijas son mi mayor tesoro, la luz de mi vida. Si eso me resta chachi-puntos-vega-guay... ¡me da exactamente igual!

Porque soy una mamífera,
y deseo tener hijos
y darles leche de mis pechos
y dormir junto a ellos todas las noches
y protegerles
y amarles
y cuidarles

¿Por qué una oveja sí... y yo no?

Cada persona tenemos nuestra zona de "confort ecológico", y estos veganos súper ecológicos tampoco prescinden de su ordenador, su coche o lo que sea. El día en que alguien venga a darme lecciones, que sea un monje jainista que viva en la cima de una montaña, metido en una cueva, que se alimente sólo de bayas y esté inmóvil sin rascarse siquiera para no matar a los mosquitos. Hasta entonces... ¡no escucho más chorradas!

domingo, 3 de febrero de 2013

Tomando ejemplo

Llevo un buen tiempo colaborando de manera virtual como voluntaria en El hogar de Luci. Pero puesto que mi bebé tiene casi un año y medio y ya aguanta unas horillas con su padre, esta mañana fui por fin a conocerlo y a ayudar físicamente.Y a pesar de que estoy teniendo unos días algo bajos de moral, he salido de ahí feliz, exultante y con el corazón conmovido.

He aprendido que las gallinas se comen sus propios huevos con voracidad, porque son suyos y les vienen estupendamente como fuente de proteínas.
He aprendido que las ovejas son animales cálidos y tremendamente cariñosos.
He aprendido que los cerditos son juguetones y traviesos como niños pequeños.
He aprendido que los conejos son tímidos y aman dormitar al sol hechos bolitas, todos juntos.
He aprendido que las vacas saben dar besos.
He aprendido que las cabritas disfrutan del aire libre y de la vida pacífica.
He aprendido que el tamaño no es lo importante, pues dos ocas pueden dominar a animales mucho más grandes que ellas.
He aprendido que los patos son simpáticos y cautos.
He aprendido que las palomas se encariñan con su casa y les cuesta adaptarse a situaciones nuevas.
He aprendido que a los gallos les encantan las caricias.
He aprendido que los cerdos vietnamitas son dóciles y delicados.
He aprendido que los perros y los gatos se quieren como hermanos.

Todos se quieren como hermanos, en realidad. He aprendido que los animales pueden convivir en perfecta armonía. Que la vida sencilla aligera el alma de cargas absurdas.

¿Por qué los humanos no podemos?


martes, 8 de enero de 2013

"Mamá, quiero ir al circo"

... O "Mamá, quiero ir al zoo". Ambas son frases que espero jamás salgan de la boca de mis hijas.

Si te paras a pensar, la cosificación de los animales está en todas partes. En todas. Muchas personas se escandalizan con las corridas de toros, o con las "tradiciones" espantosas de algunos pueblos donde se torturan animales, y es estupendo que la gente reaccione ante eso. Pero es que la cosa no acaba ahí.

No voy a hablar en esta ocasión del consumo de productos animales (masificación, modificaciones genéticas, condiciones higiénicas espantosas, trato y muertes con muchísimo sufrimiento, etc). Tampoco voy a hablar del testeo con animales de los cosméticos y productos afines (para estar tú toda mona con un penetrante eye-liner le han quemado los ojos a decenas de conejos, por ejemplo). Ni de la peletería, industria del cuero, etc...

Lo que quiero recalcar hoy son las formas de entretenimiento destinadas a los niños en las que los animales juegan un papel fundamental. El zoo y el circo son dos ejemplos clásicos, aunque hay otros. Los acuarios. Las ferias con los "caballitos-pony" (ya lo decía la canción... "no hay nada más triste que los caballitos-pony"). Incluso las cabalgatas de los reyes magos, o los belenes vivientes, donde se usan todo tipo de animales muertos de miedo.



Tú llevas a tu hijo, que se divierte observando a los delfines haciendo estúpidas acrobacias, a los elefantes andando a dos patas, o a los monitos pegando saltos. Y pagando esa entrada, estás colaborando en algo terrible: la privación de la libertad de seres sintientes que, como tú, sólo desean vivir felices junto a su familia. Mucha gente no se para a pensar en qué hay detrás de todo eso. En qué hay detrás de los animales del circo (¿acaso se piensan que aprenden a hacer esas gracias a fuerza de caricias?... El estereotipo de domador con el látigo sigue de rabiosa actualidad). De los del zoo y el acuarium (muchos animales llegan de contrabando, y para que por ejemplo lleguen 10 chimpancés han tenido que morir 1000 por el camino, por no hablar de las pésimas condiciones de vida que tendrán que sobrellevar en su cautiverio, sobre todo por la noche, cuando "nadie mira").

Estamos viviendo una auténtica revolución en cuanto a la crianza. Cada vez más padres y madres deciden criar y educar desde el respeto, para que el día de mañana sus hijos sean adultos empáticos y respetuosos hacia los demás. Pero muchas veces, demasiadas, nos olvidamos de extender ese respeto hacia los demás seres vivos. Cada vez que llevas a tu hijo a un entretenimiento con animales, lo que le enseñas no es respeto sino todo lo contrario. No hay ninguna sensibilidad en observar a un tigre que da vueltas en una jaula, loco perdido. Un auténtico amante de los animales quiere a ese tigre libre, aunque eso suponga no poder verlo jamás más que en la televisión.

Cuando mis hijas me pidan ir a ver animales, las llevaré a un santuario como El Hogar de Luci. Un santuario de animales tiene un espíritu, una filosofía, totalmente diferentes. Porque creo que, para ser coherente con mi manera de criar (en el apego y el respeto), debo enseñarles a respetar a todo ser viviente. Y eso jamás será posible en un circo. Y eso jamás será posible en un zoo.

viernes, 10 de agosto de 2012

Soy vegana porque soy madre

Muchas personas se sorprenden al enterarse de que soy vegana. Se sorprenden porque no voy por ahí intentando adoctrinar a nadie, ni busco confrontaciones o discusiones fervorosas y vehementes sobre si el ser humano es omnívoro o si ha nacido para comer alfalfa. Supongo que la gente tiene unas ideas preconcebidas sobre todo en la vida, y una desde luego es sobre el veganismo. Así que me pongo a pensar en por qué soy vegana... y me vienen a la mente las típicas razones.

1. Porque comer carne es insostenible. En efecto, la cría intensiva de la ganadería tal y como se conoce hoy en día, con el número de cabezas de ganado existente, es demencial. No sólo el gas metano que emite el ganado contamina más que los vehículos (suena a guasa, pero es cierto), sino que además las vacas, por ejemplo, comen mucho más que los humanos (bueno, o que la mayoría jejeje). Si los cereales con los que se alimenta al ganado se repartieran entre los humanos, el hambre del mundo no se extinguiría, pero estaría mucho más cerca. Comer productos animales es lo menos ecológico que hay.

2. Porque comer productos animales no es sano. No hace falta explicar las enormes manipulaciones que sufren los productos animales (y muchos otros, es verdad) antes de llegar a las estanterías del supermercado. Para que la carne siga siendo rosa (y no gris, que es color que adquieren los cadáveres, un color nada apetitoso) hay que añadirle químicos. Y hay que suministrar hormonas a las vacas y un montón de antibióticos para que las pobres sobrelleven las chorromil mastitis por las que pasan en su intensa explotación. Medicinas a las gallinas, que viven en condiciones de vida insalubres, hacinadas. Por lo hablar del estado higiénico de las piscifactorías...

3. Por querer perder peso. Esto es además una falacia como un pino, pero mucha gente aún se piensa que eliminando todo rastro animal, se perderá peso. Y esto se piensa porque aún se opina que la comida sin carne o pescado, o sin huevos, o sin queso... no es comida. Vamos, que si eres vegano te mueres de hambre, porque sólo comes lechuga. Esto no sólo es falso, sino que me da la risa. La comida vegana no sólo es más sabrosa, precisamente por eso hay que tener cuidado con no desmadrarse...

4. Por ser "alternativo". Sí, hay gente que considera que esta postura no es sino una moda, una especie de "guayez" autorregodeante, para sentirnos únicos o hippies o raros o qué sé yo.

5. Por ahorrar. Y esto es cierto. Cuesta mucho más un paquete de pechugas de pollo que un kilo de lentejas. Pero ojo, no cuesta todo lo que debería costar. El precio de la comida comparativamente a otros productos (coches, electrodomésticos, vivienda) apenas ha subido si echamos la vista atrás, lo que produce cada vez más explotación en peores condiciones, para sacar más beneficio con menos inversión. Engordes más rápidos, con piensos de peor calidad, en lugares más pequeños. Y muertes no desprovistas de sufrimiento precisamente... todo por ahorrar. Que esto es un negocio.

Y no. Todas estas cosas están ahí. Pero mi motivo principal no. Y es sencillamente que, desde que soy madre, soy más empática. Y mi empatía no sólo es para los humanos. Desde que soy madre, he aprendido a amar a los demás. Y sólo de imaginarme cómo le quitan a una vaca a su ternero recién parido para robarle su calostro y su leche... y sólo de imaginarme cómo viven los animales de granja, o en los zoos, o en los circos... cómo viven las gallinas ponedoras... cómo viven y cómo mueren millones de animales de tierra y de agua... sólo de intuir cómo son asesinados, despellejados vivos, mutilados y torturados tantísimos seres vivos que sólo quieren sobrevivir, como todos los humanos... sólo por eso, NO QUIERO FORMAR PARTE.

Por eso, yo no soy vegana para discutir con los demás. No quiero concienciar a quien no desea escuchar, porque no merece la pena. Me dan igual los argumentos tan mañidos que me han escupido mil veces esperando una reacción que no llega, ante la clara decepción de mis interlocutores (el de que las plantas también sienten ya me produce risa... porque en el colegio se aprende que para sentir dolor hace falta cerebro y sistema nervioso).

Sencillamente, soy vegana porque mi conciencia no me deja ser otra cosa. Soy vegana porque mi moral, mi ética, así me suplica. Soy vegana porque soy más empática que antes. Soy vegana porque soy madre.