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jueves, 6 de febrero de 2014

La equidad marcial

Ayer me comentaba un conocido que acaba de ser papá por segunda vez que no le están dando el pecho al bebé, así como tampoco lo hicieron con la primera, por ser equitativos en el reparto de tareas y dividir "de un modo justo" la crianza.
Me chocan estas actitudes y realmente no las comprendo, incluso se me antojan una excusa revestida de una supuesta igualdad.
Porque vamos a ver, si yo quiero ser "equitativa", por ejemplo, en el reparto de tareas en el hogar, ¿limpiaré yo medio wc y mi pareja la otra mitad? ¿Sacaré una bandeja del lavavajillas y él la otra? ¿Pasaré el plumero sobre media mesa, y él sobre la otra mitad? ¿Fregaré medio plato y él el otro medio? ¿No es más lógico dividir las tareas de un modo menos estricto, y limpiar yo una habitación y él otra (por ejemplo)?

Con la crianza sucede lo mismo. Hoy por hoy, sólo la persona que acaba de parir es la que tiene leche, y por ende, la capacidad de alimentar al bebé con el alimento más perfecto que existe para él. Evidentemente no creo que a estas alturas haga falta poner los trillones de estudios existentes sobre este tema. Es obvio que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, es obvio que está hecha a su medida, es obvio que protege como ninguna otra cosa, y además tiene beneficios para la mamá también.
¿Eso quiere decir que la madre se va a comer todo el trabajo? ¡Pues claro que no!
¿No sería más fácil que la madre se dedique a dar el pecho y el padre haga "el resto"? Y por el resto me refiero a la comida, la limpieza, etc.



Porque éste es un reparto de tareas perfectamente válido, y perfectamente equitativo.
Al igual que lo es que yo limpie la cocina y él limpie el salón.
Me resulta inverosímil preferir sacrificar la calidad de la alimentación y el vínculo de un bebé en aras de buscar una igualdad en proporciones imposibles. Porque así sólo se benefician los egos, pero el bebé se convierte en víctima, ya que no está recibiendo lo que le corresponde. ¿Cronometrarán también el tiempo que cada uno tiene al bebé en brazos, para que sea idéntico? ¿Los besos que cada uno le dé, los contarán? ¿Las veces que cada uno cambia el pañal? ¿Le peinará uno media cabeza, y el otro la otra mitad?

Cada una es libre de decidir dar el pecho o no, por supuesto. Pero por favor, no busquemos excusas disfrazadas de justicia, porque no tienen  sentido. O si no, la supuesta equidad nos hará vivir en poco menos que un cuartel. Y yo, personalmente, dudo que eso sea una familia.

martes, 4 de junio de 2013

Menos humos y más lucha

Leo apabullada opiniones reacias al feminismo de la diferencia acusándolo de patriarcado encubierto. Explico por encima para quien no sepa de qué hablo: dos de las "corrientes" más mayoritarias dentro del feminismo son el de la igualdad (las mujeres son iguales a los hombres, porque el lugar en el que nos colocamos tiene que ver con los roles aprendidos, con el género que se nos impone desde pequeños) y el de la diferencia (ser mujer es algo bueno y digno de ser reivindicado, y habría que rehuir del patriarcado construyendo algo nuevo, bueno, femenino y diferente). Vale, grosso modo; es mucho más complejo, pero para que nos entendamos. La cuestión es que en muchas webs y blogs sobre el tema, se acusa al feminismo de la diferencia de intentar volver a colocar a las mujeres en sus roles de género (cocina, casa cuidando a los niños, etc), por ejemplo, aquí.

Vamos a ver, para empezar, no existen dos corrientes fácil y claramente delimitadas, sino que existen pensadoras. Y cada pensadora tiene sus ideas. Y dudo mucho que nadie se defina como seguidor al cien por cien de ninguna ideología o corriente filosófica o política (personalmente, por eso encuentro muy difícil el aceptar una religión o partido político, porque siempre le encuentro peros a todo). Así que meter en el mismo saco a todas las "seguidoras" de una corriente (por seguidoras quiero decir a las que más o menos se podría calificar de pertenecientes a dicha ideología, con sus matices, a las simpatizantes por así decirlo) es simplista al máximo.


Voy a intentar exponer mi humilde punto de vista al respecto. Según Françoise Héritier, el patriarcado surgió en épocas prehistóricas como un intento por parte de los hombres de controlar el cuerpo femenino, ya que éste tenía un poder: el de crear nueva vida.  Porque el patriarcado, dice Cristine Northrup, es la separación entre mente y cuerpo. Así, aunque el patriarcado está estrechamente vinculado al capitalismo, las raíces son muchísimo más antiguas. Las mujeres llevamos alienadas toda nuestra existencia.


Ahora entonces vendrán y me dirán que qué es eso de identificar sexo con género. Que existe la intersexualidad. Que no todo es blanco o negro (vaya, justo lo que yo digo respecto a las corrientes feminismo de la igualdad-feminismo de la diferencia). Que no hay mujeres ni hombres, sino personas con genitales de cierta índole, genes y hormonas, y que genéticamente no todo está tan claro siempre. ¡Y sí, de acuerdo, pero no se trata "sólo" de eso!

Si el patriarcado quiere dominar el cuerpo femenino, ¿no es de lógica volver a recuperar dicho control, proclamándonos dueñas de nuestros cuerpos, poderosas, autónomas? No se trata de ir de ecoguay loca que se come su menstruación a cucharadas y venera la sabiduría femenina en un akelarre todos los jueves a las ocho y cuarto. No me refiero a eso. Es que creo que hay que empezar por distinguir entre dos ámbitos: el personal y el social. El problema surge cuando se mezclan ambos sin ton ni son.


Yo no he estado particularmente orgullosa de mis embarazos, ni de mis partos. No me considero ninguna diosa por haber hecho lo que mi cuerpo sabe hacer. Es absurdo. Me encontré feliz y repleta de hormonas, pero eso es todo. No pensé por ello que las mujeres somos superiores por nuestros atributos femeninos. No escondo ninguna androfobia. Estoy muy orgullosa de mis hijas, sí, pero no de mis funciones fisiológicas. Puedo parir y puedo comer y puedo orinar y puedo dormir.

Pero tampoco soy una machista encubierta por haber decidido dar el pecho a mis hijas, por haber optado por una crianza con apego, por haber solicitado una excedencia. Porque lo siento mucho, físicamente yo soy la única dentro de mi pareja que es capaz de dar el pecho. Es que es así, porque mi pareja es un hombre. Si resulta que de repente mi pareja empezara a excretar prolactina por los costados y leche como aquel caso tan célebre, la cosa sería diferente. Pero físicamente, hoy por hoy, soy la que puede hacerlo. No soy mejor por ello. No soy menos tampoco. Es lo que hay. Y por respeto a mis hijas, que cuando nacen no entienden nada de luchas sociales, de feminismos o machismos, acepto esa diferencia y su gran utilidad, y hago uso de ella porque para eso está, porque para mí la lactancia es sólo la prolongación del embarazo, pues viene en el mismo lote. Y no voy a dar biberones para que sea "equitativo". En esos momentos, acepto ser una hembra mamífera, y como tal actúo.


El problema viene cuando identificamos esta diferencia física (que, repito, no quiere decir que un género sea mejor que otro, o que haya géneros puros, dentro de los cuales las mujeres son chupi guays y deban reivindicar un matriarcado falofóbico; hablo de poder tener hijos, me da igual que quien pueda tenerlos tenga genes de tal o cual sexo) con diferencias sociales. El problema viene cuando por el simple hecho de que una mujer pueda tener hijos cobre menos, tenga peores trabajos, y sea peor considerada en el ámbito laboral, aunque resulte igual de buena que los trabajadores masculinos (este experimento lo demuestra ampliamente). A las mujeres siempre se nos valora menos.

Las mujeres somos iguales a nivel laboral. Podemos hacer las mismas cosas. Podemos tener los mismos trabajos. Podemos tener los mismos sueldos. Somos iguales a nivel de inteligencia. Somos iguales en muchísimas cosas a los hombres, pero...

Las mujeres somos físicamente diferentes. Y aquí me da igual que nos identifiquemos con la palabra mujer o no. Yo me refiero a quienes pueden gestar, parir y amamantar. Punto.

Y si la vida personal se mezcla con la vida laboral, si las mujeres presentan un mayor absentismo a causa de los hijos, y si ése es siempre el argumento para degradarnos y no permitirnos ascender o cobrar más... las culpables no somos nosotras. Es el patriarcado, es el capitalismo, es la falta total y absoluta de conciliación. Eso NO quiere decir que las mujeres quieran volver a quedarse en casa con la pata quebrada. Es simplemente que a veces no les queda más remedio porque son despedidas al quedarse embarazadas. Porque su sueldo suele ser más bajo, así que si uno de los dos miembros de la pareja pide una excedencia, suele ser el sueldo de ella el que se sacrifica. Y de todas formas, si dentro de una pareja uno de los dos miembros decide no trabajar, si es un acuerdo entre ellos, ¿dónde está el problema? Eso entra dentro de la intimidad, y no creo que tenga absolutamente nada que ver con machismo.


Si le buscamos tres pies al gato y nos entretenemos con debates de nombres, con rizar el rizo, rizar el rizo rizado y alisar el rizo, al final, ¿qué nos queda? Humo. Nos queda humo, mucha  palabrería... pero poca lucha.

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Por qué decidimos tener hijos?

¿Por qué decidimos tener hijos? Todos conocemos la típica pareja que no se entiende pero que, aun así, decide tener un hijo. Llenar una relación vacía con una nueva vida. Llenar los silencios, el aburrimiento y la rutina juntos, con imponerse la obligación de cuidar de un nuevo ser, para no tener que analizar lo que está pasando, para no tener que hablar de la relación, para pasar el tiempo entre pañales y nuevas experiencias, y de ese modo tapar la realidad subyacente...

En este tipo de parejas, además, la crianza con apego resulta un estupendo escudo para esconder aún más toda la problemática. El colecho evita los silencios incómodos en la oscuridad de la noche. Porque entonces los silencios pasan a estar justificados, para que el bebé no se despierte (por ejemplo). 

Pero quiero ir más allá. Ya no sólo hay parejas "muertas" que deciden tener un hijo. También hay personas que por cualquier motivo se sienten vacías a nivel personal, porque no se encuentran, porque no saben quiénes son... y deciden llenar ese vacío con un embarazo. Como si un vacío psíquico se llenara físicamente. Gran error.

Y a veces repiten. Tripiten. Se llenan de hijos y no saben por qué.

¿Por qué decidimos tener hijos? Cada una es libre de tomar sus propias decisiones. Cada una tiene su trayectoria personal, su historia única y especial.
Pero tener un bebé para tapar sus propias angustias, para tapar su vacío existencial, es un arma de doble filo. Porque acabará estallando, antes o después. Porque tu bebé no era un niño deseado como tal, sino un mero parche a un problema.


Y no deja de recordarme a mi siempre querido libro "San Manuel Bueno, Mártir", de Unamuno. En él, se decía que rehuir del ocio era la mejor alternativa para evitar pensar. Porque la mente ociosa es el patio donde juega el diablo. Porque cuando estamos ociosos pensamos, le damos vueltas a todo... Sin embargo, cuando trabajamos, cuando nos mantenemos ocupados en otros menesteres, evitamos enfrentarnos a nuestras dudas (en el caso de Unamuno, hablaba de las dudas de fe, pero podemos extrapolarlo a las dudas sobre uno mismo, sobre en qué lugar estamos o qué es lo que queremos). De ese modo, tener un hijo, o varios, y ocuparse de ellos sin resuello, evitando tener un momento a solas con nosotras mismas, a solas con nuestra pareja... es un síntoma inequívoco de que "algo pasa".

Tener un hijo ha de ser algo meditado, y sobre todo, deseado como tal, como un fin en sí mismo, jamás como un medio.

¿Por qué decidimos tener hijos?