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viernes, 27 de junio de 2014

La indiferencia es la peor forma de violencia

Una de las cosas que más me cuesta desde siempre es callarme. Muchas veces, me tengo que morder la lengua hasta el infinito y más allá cuando escucho la típica perorata salpicada de ignorancia, prejuicios, u opiniones sin fundamentar en general.
En relación a la maternidad, sé que no hay que juzgar, así que intento callarme con todas mis fuerzas. Pero muchas veces se me llevan los demonios. Me resulta muy difícil.

Y creo que, con diferencia, en el tema del embarazo/parto/lactancia y demás, lo que más me fastidia es la actitud del "me da igual". Porque una cosa es ser una persona sin la posibilidad de informarte, y otra cosa muy diferente es tener toda la información del mundo al alcance de la mano... y aun así, despreciarla.

Creo que, principalmente, se juntan tres factores:

- La autoridad. Seguimos pensando que los profesionales de la salud tienen la última palabra, como si no fuéramos mujeres maduras con la suficiente capacidad para responsabilizarnos de nuestra propia salud. Por ello, dejamos que el embarazo y el parto caigan en el saco de lo patológico, y sean tratados como una enfermedad. Así que, si son una enfermedad, qué menos que dejarse manipular por los médicos, "que son los que saben".

- La normalidad. Nos da miedo "ser diferentes", ser "pioneras", y es que "si siempre se ha hecho así, por algo será". Así, y casi como corolario del primer punto, el de la autoridad, nos quedamos calladitas, no damos guerra, no vamos a ser más que la vecina, no queremos dar la nota, no queremos destacar. Y nos dejamos hacer, nuevamente, para no molestar, para no ser "raras".

- El miedo. Y éste es, quizás, el más importante. Y el que muchas veces deja que los dos primeros puntos se produzcan, casi con alivio. Estamos tan desconectadas de nuestros cuerpos, de la vida en general, que tenemos miedo. Miedo a parir. Miedo a amamantar. Miedo a sujetar un bebé. Miedo a ser lo que somos: mamíferas. ¡Tenemos, sencillamente, miedo a ser! Esta desconexión es terrible, porque no sólo supone desconectarse de nuestra sabiduría instintiva que subyace dentro de todos nosotros, sino sobre todo desconectarse totalmente de nuestra propia esencia. Así que nos dejamos llevar, porque tenemos miedo a encontrarnos con nosotras mismas. A descubrirnos, ahí, debajo de todas esas capas de modernidad, internet, maquillajes, piercings y sofisticaciones. Tenemos terror al dolor, terror a vernos como criaturas que gimen, gritan, sangran, y entran en un trance sinigual, animal, como nunca antes habíamos experimentado. Así que mejor ponernos anestesias y todo tipo de parches para no abandonarnos en esa locura, tan poco racional, tan extraña... tan incontrolable y, por ende, temible. La pasividad como método de controlar el terror.



Y así nos va. A años luz de otros países en cuanto a la atención en el embarazo y parto. Con toda la información a nuestro alcance... pero nos da igual.
Y se suceden los episodios de violencia obstétrica sin que nadie diga ni mu: inducciones cuando el cuerpo no está preparado, maniobras de Kristeller, separación de membranas, tactos "porque sí", posiciones impuestas, enemas, rasurados, fórceps, ventosas, cesáreas innecesarias. Pero no nos quejamos, no nos informamos, no buscamos. Y hablo con la gente y mi experiencia en los partos no tiene nada que ver con lo que otras personas me cuentan. Y la diferencia está en algo muy sencillo: la información de la madre. El criterio. La capacidad de informarse, leer, decidir, y sobre todo, desarrollar una actitud crítica. (Actitud que, por cierto, sería deseable tener en todos los aspectos de la vida para progresar como persona... aunque ésa es otra cuestión.)

Pero luego, cuando pasan esos partos, esas mujeres no se sienten mal, no encuentran a faltar nada, no se sienten violentadas. Es decir, a veces sí; algunas veces, un tiempo después, repasan lo sucedido y comprenden cómo fue lo que realmente pasó. Pero por desgracia, la inmensa mayoría sale de estos procesos totalmente indiferentes, porque se han visto en el hospital cuando sentían que estaban en un proceso patológico, y como tal se han dejado hacer, se han dejado "curar". Porque así fue también en el caso de su vecina. Porque así se hace siempre. Porque no quieren ser diferentes. Porque los médicos son los que saben. Y porque... ¡qué miedo, eso de sentir dolor en tu cuerpo!

Y si no se dan cuenta, la violencia obstétrica puede seguir adelante, como si nada, como otra arma más de control del patriarcado sobre los cuerpos de las mujeres.

Porque la indiferencia es, quizás, la forma más terrible de violencia.

martes, 24 de junio de 2014

Una pequeña gran victoria

A veces, los pequeños gestos sirven de algo. A veces, ponerse pesada y ofrecer argumentos REALES, también.

Se puso en contacto conmigo Miriam (http://www.mipediatravegetariano.com/, página altamente recomendable para quienes tengáis niños vegetarianos), interesándose por lo que había pasado con los bancos de leche. Le conté toda la historia, que se puede leer aquí:

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO

Y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras hablar ella con el banco de leche del Hospital 12 de Octubre, le contestan diciendo que han revisado los protocolos, y que las madres veganas correctamente suplementadas ya pueden donar.



Estoy muy feliz de haber aportado un granito de arena para llegar a esto, que además ha costado.

Muchas gracias, Miriam, por este comienzo de día tan estupendo :)

lunes, 19 de mayo de 2014

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)

Hoy es el día mundial de la donación de leche materna, un gesto que me parece maravilloso y absolutamente loable, qué duda cabe. Pero me sigue escociendo el que no se permita donar a las madres veganas. Me gusta escuchar la radio mientras me desplazo, y llevan todo el día hablando sobre el tema (que por otro lado, qué bien que cada vez se sensibilice a la gente más sobre este tipo de cuestiones), y nuevamente me encuentro con que por todas partes se habla de los requisitos para donar, y entre éstos sólo se menciona que la madre ha de tener hábitos de vida saludables. NUNCA se menciona nada sobre vegetarianismo, siempre se dice "por lo bajo" a las madres interesadas que preguntan, pero en los medios de comunicación, no. Esto me molesta, y mucho.

Si el requisito para ser donante de leche materna es tener hábitos de vida saludables, y las madres veganas no pueden donar, quiere decir que se considera que las madres veganas no tienen hábitos de vida saludables. Tan sencillo como eso. Ese prejuicio infundado y que puede desmontarse con un sencillo análisis de sangre parece un escollo muy grande para determinados centros médicos. La responsable del banco de leche del 12 de Octubre, con quien mantuve una ávida correspondencia sobre este tema, ha explicado en Radio Nacional cómo se hace para manipular la leche donada: análisis de nutrientes, pasteurización y todo tipo de avances. ¿De verdad, ante tamaña expresión futurista de medios más propios de la NASA que de un hospital español, no son capaces de saber cuándo una madre está correctamente provista de B12? Es que sólo hay que analizar la homocisteína, ¡no es tan complicado!


En fin. Me alegro enormemente de que existan los bancos de leche. Me alegro inmensamente de que cada vez más personas se ofrezcan voluntariamente y con todo el amor de su corazón a donar para los niños prematuros que tanto lo necesitan. Y me alegro infinitamente de que cada vez se hable más de estos temas en los medios de comunicación.

Pero el progreso ha de ir de la mano de la revisión de protocolos cuando éstos están obsoletos, cosa que en el caso de los bancos de leche, NO se hace, según ellos mismos me confesaron.

Una auténtica pena, porque cada vez hay más mamás veganas, y se les cierran las puertas absurdamente a este tipo de colaboraciones, sin ningún motivo real, científico y demostrable. Porque aún estoy esperando a que me lo demuestren... pero no fueron capaces.

Feliz día a las que os dejan donar.

Más sobre el tema:

jueves, 13 de marzo de 2014

Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO

Estos días ha sido noticia en los medios una tontería como un piano pronunciada por un grupo de enfermeras a las que convenientemente habrá untado la leche de bote de turno para decir que si las madres a causa de la crisis están malnutridas, los bebés lo estarán también si son alimentados por medio de lactancia materna (por supuesto, no hablan de ningún estudio al respecto, así que sólo se apoyan en su supuesta "autoridad" como profesionales de la salud). Esto sólo deja constancia, una vez más, de la escasa cultura de la lactancia que tenemos en este país, así como de la absoluta falta de contraste de la información por parte de los periodistas, cada vez más amarillistas, que se dedican a publicar cualquier cosa con "enganche" y morbo sin importar si es cierta o no. Pues ha salido en periódicos, en la tele, y en todos los medios de comunicación, propagándose como un virus tonto.

Muchos blogs y webs dedicados a la maternidad y a la lactancia se han hecho eco del asunto, publicando comunicados como éste. También la AEP  ha emitido este comunicado. Me parece estupendo, por supuesto, que se desmientan todos estos mitos de abuela sin ninguna solidez científica de ningún tipo, y que sólo perjudican a los más vulnerables: los bebés.

Pero por otro lado, me ha dado como un resquemor que no conseguía identificar, hasta que por fin he sabido qué era. Es que he recordado cuando quise donar leche en el 12 de octubre, y me rechazaron por ser vegana. Vamos, que personas que se suponía sabían muchísimo sobre lactancia me dijeron que EXISTEN LECHES DE MEJOR CALIDAD QUE OTRAS.

El resultado de mis pesquisas sobre este asunto puede verse en estos dos posts:

No voy a repetirme porque en dichos posts se puede consultar cómo fue la cosa. Pero me escuece, Y MUCHO, que a nadie le importara este asunto, porque claro, madres veganas hay pocas. Pero claro, si sale una noticia de esta índole, como parece que afecta a más gente, entonces sí interesa.

Ahora sólo faltaría un comunicado del 12 de octubre negando que existan "leches malas", y entonces ya el resoplido que voy a soltar se va a oír de aquí a Japón... 

jueves, 6 de febrero de 2014

La equidad marcial

Ayer me comentaba un conocido que acaba de ser papá por segunda vez que no le están dando el pecho al bebé, así como tampoco lo hicieron con la primera, por ser equitativos en el reparto de tareas y dividir "de un modo justo" la crianza.
Me chocan estas actitudes y realmente no las comprendo, incluso se me antojan una excusa revestida de una supuesta igualdad.
Porque vamos a ver, si yo quiero ser "equitativa", por ejemplo, en el reparto de tareas en el hogar, ¿limpiaré yo medio wc y mi pareja la otra mitad? ¿Sacaré una bandeja del lavavajillas y él la otra? ¿Pasaré el plumero sobre media mesa, y él sobre la otra mitad? ¿Fregaré medio plato y él el otro medio? ¿No es más lógico dividir las tareas de un modo menos estricto, y limpiar yo una habitación y él otra (por ejemplo)?

Con la crianza sucede lo mismo. Hoy por hoy, sólo la persona que acaba de parir es la que tiene leche, y por ende, la capacidad de alimentar al bebé con el alimento más perfecto que existe para él. Evidentemente no creo que a estas alturas haga falta poner los trillones de estudios existentes sobre este tema. Es obvio que la leche materna es el mejor alimento para el bebé, es obvio que está hecha a su medida, es obvio que protege como ninguna otra cosa, y además tiene beneficios para la mamá también.
¿Eso quiere decir que la madre se va a comer todo el trabajo? ¡Pues claro que no!
¿No sería más fácil que la madre se dedique a dar el pecho y el padre haga "el resto"? Y por el resto me refiero a la comida, la limpieza, etc.



Porque éste es un reparto de tareas perfectamente válido, y perfectamente equitativo.
Al igual que lo es que yo limpie la cocina y él limpie el salón.
Me resulta inverosímil preferir sacrificar la calidad de la alimentación y el vínculo de un bebé en aras de buscar una igualdad en proporciones imposibles. Porque así sólo se benefician los egos, pero el bebé se convierte en víctima, ya que no está recibiendo lo que le corresponde. ¿Cronometrarán también el tiempo que cada uno tiene al bebé en brazos, para que sea idéntico? ¿Los besos que cada uno le dé, los contarán? ¿Las veces que cada uno cambia el pañal? ¿Le peinará uno media cabeza, y el otro la otra mitad?

Cada una es libre de decidir dar el pecho o no, por supuesto. Pero por favor, no busquemos excusas disfrazadas de justicia, porque no tienen  sentido. O si no, la supuesta equidad nos hará vivir en poco menos que un cuartel. Y yo, personalmente, dudo que eso sea una familia.

martes, 24 de septiembre de 2013

El estigma de la lactancia "prolongada"

Mi excedencia ha terminado. He sido afortunada de poder estar tantos meses junto a mi hija pequeña. Pero los ahorros no duran para siempre y tengo que volver al trabajo. Y eso supone que la peque se tiene que quedar en una guardería. Todo el mundo se piensa que por tener ya 25 meses le va a ser más fácil adaptarse, porque además "le va a venir bien", "va a espabilar", y demás tópicos que se repiten y archirrepiten hasta la saciedad. Hasta ahí, lo esperable.
La cuestión es que lleva ya una semana en la guardería, con su consabido período de adaptación progresiva, aumentando cada vez más el tiempo en que debe de estar, hasta llegar a su horario normal (de 9 a 15:30). El primer día la educadora me dijo que ella es partidaria de la lactancia, del colecho, de respetar a los niños y demás, lo que me hizo lanzar un suspiro de alivio interior, porque realmente no sabía qué me iba a encontrar.
La semana pasada, cuando buscaba a mi hija lo primero que hacía era darle teta, y así nos íbamos tranquilas para casa.
Ayer, la educadora me "sugirió" que no dé el pecho en cualquier lado, sino que me meta en una sala que hay en el pasillo "para estar más cómoda". No sé por qué, pero me dio la sensación de que estaba transmitiéndome el mensaje de otra persona. ¿A los niños que toman biberón también se les invita a ir a esa sala?
Hoy, la educadora me espeta que mi hija se pasa el día pidiendo teta, y me ha aconsejado "que le dé menos". ¡Pero si ya le doy menos, desde que va ahí le he reducido las veces que toma teta de golpe y porrazo, y aún quiere esta señora que se las reduzca más, para que a ella le resulte más cómodo!

Siempre se ataca al pecho. Siempre. Porque es un vínculo en el que no se puede intervenir, y eso resulta aterrador, pues quienes no forman esa díada no tienen armas para combatir la tristeza del bebé, su necesidad de afecto que sacia la teta de esa manera tan especial. Pero me resulta curioso que me reprochen que mi hija grita "tetaaaa", cuando he visto a una niña llorosa que llama a su madre todos los días. ¿Qué diferencia hay entre llamar a la madre o nombrar sólo a una parte de ésta?



Que una niña de dos años llame a su madre se ve lógico ("pobre, se tiene que adaptar"). Que una niña de dos años quiera teta se ve fuera de lugar. ¡Incluso en una guardería!

¿De verdad esperan que se adapte marcialmente en sólo una semana? ¿De verdad consideran lógico pedirme que destete a lo bruto a mi hija para que a ellos les venga mejor? ¿Esto es respetar los ritmos del niño?

Mi hija, pobre, sigue disfrutando de su teta en cualquier momento y lugar, pero a mí me están empezando a incomodar ciertas miradas, ciertos comentarios, ciertos reproches. Están consiguiendo hacerme sentir vergüenza. Y no es justo. No tiene ningún sentido.

jueves, 29 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)

Después de mi indignación inicial que conté aquí, y como resulta que siempre he sido una cabezota y me gusta investigar las cosas que no comprendo y/o me parecen injustas, pues eso mismo hice con la historia de los bancos de leche. En primer lugar, aprendí que en los países donde hay más números de veganos, los bancos de leche sí dejan donar a madres que se suplementan. Es lógico, hasta cierto punto. De hecho, en EEUU, por ejemplo, en los requisitos de donación de los bancos se puede leer algo como que quedan excluidas aquellas madres que:

"Are total vegetarians (vegans) and do not supplement their diets with vitamins"

Es decir, que hacen la distinción, que ellos sí comprenden que el matiz en inmenso. Hoy en día, las autoridades a nivel mundial en cuanto a nutrición vegetariana recomiendan que todos los vegetarianos se suplementen, madres lactantes incluidas por supuesto (dicho sea de paso, las autoridades recomiendan que se suplementen también los vegetarianos no estrictos, ¿por qué entonces en los bancos de leche no se pide así?), no hacerlo es una temeridad, y no distinguir entre un tipo de madres y otro, también.


La cosa es que después de investigar fuera de nuestras fronteras, hice lo propio dentro. Escribí a muchos sitios, y esto es lo que he concluido:

* Le comenté el problema a la Vegan Society, por si me podían orientar. Por desgracia no me hicieron mucho caso, sólo me remitieron al apartado de su web sobre madres lactantes, cosa que ya sé mirar yo solita.
* La Unión Vegetariana Española no me contestó al email. Nada. Cero patatero. Pero bueno, es agosto, y este país está catatónico en agosto.
* Escribí a todos los bancos de leche españoles que pude hallar. Algunos no me contestaron (¿agosto, de nuevo?), otros sí, y es cierto que en casi todos quedan excluidas las madres veganas. En casi todos, no en todos. En el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, por ejemplo, me dicen explícitamente que:


"Una de las contraindicaciones para la donación es:
Vegetarianas estrictas que no suplementen su dieta con vitaminas.
Si están correctamente suplementadas, no habría problema."

Vamos, que los protocolos no son iguales en todas partes. ¿Por qué, qué es lo que marca esa diferencia, qué es lo que está pasando? Mantuve una serie de correos con el responsable de otro banco de leche (no diré la provincia para respetar su anonimato), y él admitió finalmente estas joyas:

En éste, como en otros temas que afectan a quien se sale de lo que la sociedad entiende como normal, las realidades y los prejuicios se entremezclan con excesiva frecuencia y muchas veces además, con una indudable tendencia a que la balanza se incline hacia las ideas preconcebidas, en no pocas ocasiones originadas en situaciones anecdóticas que son tomadas como generales y que, de alguna forma, pueden llegar a estigmatizar a todo un colectivo.

No conozco yo tampoco, ningún estudio experimental que compare los efectos a nivel nutricional y metabólico de una dieta, digamos, tradicional (omnívora), con una dieta vegana. 

En pocas disciplinas funciona tanto el copiar y pegar como en los protocolos médicos. Y en eso, no somos nosotros, nuestro Banco, una excepción. En parte por comodidad, ciertamente, pero en parte también, porque reconocemos una mayor autoridad científica en aquellos a los que tomamos como ejemplo (o a los que copiamos, ¿por qué no decirlo?), sea por su mayor prestigio, por su mayor experiencia o por cualquier otra razón. Y es por ello que se van perpetuando determinados criterios que no haríamos mal en cuestionar, y éste sobre el que ahora discutimos, podría ser uno de ellos.

Me parece escandaloso. Sencillamente. Este señor (que es muy amable, por cierto), está admitiendo en sus correos que el rechazo hacia madres veganas es un prejuicio. Que no existen estudios que lo corroboren. Y que los protocolos son pura inercia, se copian unos de otros sin revisar ni actualizar sus contenidos. Vamos, que "in dubio pro reo", siendo el reo la sociedad ignorante.



Por otro lado, recibí una nueva contestación de la responsable del banco de leche del 12 de Octubre, quien finalmente admitió que es cierto que no existen dichos estudios. Y, lo mejor de todo, está interesada en realizarlos ella misma:

"Estoy dándole vueltas al  diseño de un estudio para medir la concentración en sangre y leche de la vitamina B12 de mujeres sanas no vegetarianas y vegetarianas para que podamos realmente basarnos en criterios científicos para descartar o no a un mujer como donante de leche si es vegetariana, estricta o no."

Esto último me pone muy contenta. Ése es el espíritu científico de verdad: si no hay estudios, ¿por qué no hacerlos? Si no, nos estamos basando sólo en elucubraciones... en humo.

No sé en qué quedará todo esto. Quizás en nada. Quizás se empiece un estudio algún día. Quizás no. Pero lo que está claro es que este debate saldrá, antes o después. Porque cada vez hay más veganos. Porque cada vez hay más mujeres que dan el pecho. Y porque, lógicamente, la combinación de ambos elementos hará que cada vez más mamás veganas quieran donar, solidariamente, su leche. Así que es cuestión de tiempo, pero este tema volverá a salir, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que tendrán que revisar esos protocolos basados en prejuicios, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que las madres veganas dejaremos de ser discriminadas, tratadas como enfermas, y podremos donar nuestra leche, que es igual de buena que la de cualquier otra madre sana.

Es sólo cuestión de tiempo.

viernes, 2 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche

Estamos, un año más, en la semana mundial de la lactancia materna. Así que este post me viene como anillo al dedo.

Y es que parece ser que en el hospital 12 de Octubre necesitan con urgencia madres que donen leche. Así que me informé. Buscan madres que sean sanas, no beban ni fumen, no tengan enfermedades contagiosas, y... ¡oh, sorpresa! NO SEAN VEGANAS. Sí, así como suena. Como si el veganismo fuera una enfermedad que supusiera un gran hándicap.

La cosa es que me empezó a mosquear porque si continuamente se dice que no hay leches de mayor calidad que otras, ¿a santo de qué viene esto? Pedí que me aclararan el tema, indicando que si lo que preocupa es la suplementación, yo me suplemento de B12, tengo análisis estupendos, y mi salud es excelente. Cito textualmente lo que me contestaron:

Los estudios científicos no lo demuestran así en la leche materna aunque tengas niveles normales en sangre.  Ningún banco de leche del mundo acepta a las vegetarianas estrictas y somos muy conscientes de lo preciada de la leche materna y que es un recurso escaso.


Así que me puse a investigar. ¿Y qué encontré? Que los bancos de leche de otros países, como EEUU, UK, Francia o Canadá, efectivamente no aceptan a veganas... ¡pero sólo si no se suplementan! Vamos, que lo que esta señora me dice no es correcto. Lo que aquí están insinuando es que mi leche es PEOR que la de una persona que come carne. Lo que aquí están insinuando es que entonces no he alimentado correctamente a mis hijas, porque puedo tener un déficit de B12 sin saberlo. Por cierto, le solicité esos supuestos estudios y no me ha contestado.

En fin. Por partes. La vitamina B12 se obtiene a través de bacterias que la sintetizan, y se queda en la tierra, así que la vaquita de turno al pastar se la come, y cuando el humano se mete un filete entre pecho y espalda, le llegaría dicha vitamina. Ésa es la teoría. Porque hoy en día, a los animales procedentes del ganado se les alimenta sobre todo a base de pienso. Este pienso está enriquecido con B12, que es el que luego pasa a la carne del animal y por último al consumidor de dicha carne. Es decir, que al final los omnívoros están suplementándose igualmente de B12, sólo que de un modo indirecto (yo tomo pastillas a base de la vitamina sintetizada por las bacterias directamente, los omnívoros comen carne de un animal que ha tomado esas mismas pastillas, por así decirlo). No obtienen la B12 del aire por gracia divina. Y los animales que consumen, aparte de estar repletos de hormonas y antibióticos, tampoco. 

Pero una madre que come animales con hormonas y antibióticos es más apta que yo, al parecer.

Luego, y porque los omnívoros toman la B12 de este modo de suplementación indirecta, pueden tener déficit también, además que cuanto menos sano se coma, más se inhibe la absorción de dicha vitamina (los alimentos procesados, algunas medicinas, el tabaco...). 

En 1981 se realizó un estudio comparando la cantidad de residuos presentes en la leche de madres vegetarianas y madres omnívoras, y se vio que la leche materna de las vegetarianas contenía sólo del 1 al 2% de los niveles medios de ciertos pesticidas y sustancias químicas industriales que se encuentran en la leche materna de las americanas (Hergenrather J, Hlady G, Wallace B, et al. Pollutants in breast milk of vegetarians. N Engl J Med. 1981; 304: 792).



Pero una madre con pesticidas en la leche es más apta que yo, al parecer.

Según la ADA, "It is the position of the American Dietetic Association that appropriately planned vegetarian diets, including total vegetarian or vegan diets, are healthful, nutritionally adequate, and may provide health benefits in the prevention and treatment of certain diseases. Well-planned vegetarian diets are appropriate for individuals during all stages of the life cycle, including pregnancy, lactation, infancy, childhood, and adolescence, and for athletes." (Texto completo: http://www.eatright.org/About/Content.aspx?id=8357).

Pero los de la ADA no tienen ni idea, al parecer.

Y es que la clave de todo está en la suplementación. Evidentemente si yo no me suplementara, no podría asegurar que mis niveles de B12 fueran los adecuados. Pero al suplementarme, ¿dónde está el problema, exactamente?

En este estudio podemos leer que "Infants breast-fed by vegan mothers who supplement their diets with B12, or infants who receive B12 through fortified foods or supplements, develop normally".

Pero nada, los suplementos no me están sirviendo de nada y mis hijas van a morir en medio de la locura.



En fin, ¿de qué me extraño? Realmente vivimos en un país con tasas de lactancia escandalosamente bajas (aunque poco a poco van subiendo), en un país donde es tremendamente complejo encontrar a un profesional que te apoye en tu decisión de dar teta, en un país donde pocos médicos saben identificar un frenillo y menos aún operarlo, y en un país donde como hay poco veganismo, no se sabe demasiado sobre el tema a nivel oficial. Quiero decir con esto que los profesionales son ante todo personas y como tales se dejan llevar muchas veces, demasiadas, por sus propios y arraigados prejuicios personales. Porque en Inglaterra o EEUU, donde hay mucho más vegetarianismo, sí dejan donar a madres veganas que se suplementen correctamente (por mucho que me hayan dicho lo contrario), sencilla y llanamente porque se sabe más del tema.

Así que me quedo sin poder ayudar. Porque se considera que mi leche es tan pésima como la de una madre con hepatitis. Porque se me pone al mismo nivel de "escasa salud" que una fumadora empedernida, o una alcohólica. Porque se contradice a todo lo que dicen la ADA, la Vegan Society, la Unión Vegetariana Española, la AEPED y todas las asociaciones dietéticas que han demostrado por medio de estudios fácilmente disponibles por Internet que si las madres veganas se suplementan, no existe ningún peligro en dar el pecho.

Y sé que, si no hubiera dicho nada, si hubiera mentido sobre mi veganismo, podría donar sin ningún problema y mi leche estaría perfecta para ello. Porque mi leche, como la de cualquier otra madre saludable, es perfecta. Y no pienso dejar que nadie me diga lo contrario.

Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013.

jueves, 25 de julio de 2013

De paradojas y puritanismos

El otro día fue célebre la noticia de una pareja joven que cenaba tranquilamente en un restaurante chic de Nueva York y que fue humillada y tratada como un comando terrorista, con un despliegue policial digno de un telefilm casposo de Antena 3. ¿Su crimen? Amamantar a su bebé, ¡oh dioses!, en medio de ese templo esnob de glamour y canapés. Independientemente de la noticia en sí, que no me extraña a estas alturas (un país donde rige tamaño puritanismo es lo que tiene, que se dan estas nefastas paradojas, que las armas son guays y la desnudez es tabú, porque la sociedad patriarcal despunta, y con ello la competitividad, y a mayor competitividad menor afectividad, y a menor afectividad más se separa a los niños desde que nacen, con sus nefastas consecuencias y su perpetuación del círculo vicioso infinito... pero bueno, ésa es otra historia, que me voy).

Lo que me sorprende, lo que me indigna, son los comentarios del artículo en cuestión.

Y es que no aprendo. Hace tiempo que me prometí a mí misma no leer esos comentarios ignorantes y repletos de prejuicios que surgen como setas en cualquier rincón de internet, tipo Menéame (reducto de quinceañeros pajilleros que se atreven a opinar de todo lo que se mueve, ¡ea, no hay miseria!), forocoches, y demás indicadores del profundo saber popular de nuestro país.

Pero vuelvo a caer una y otra vez. Y acabo leyendo los comentarios de los artículos y abriendo perpleja la boca con asombro infinito ante cómo las personas sólo se atreven a expresar lo que realmente piensan bajo el anonimato virtual. Y esas opiniones son muchas, demasiadas, veces aterradoras.


Desde quien dice que "sólo las gitanas y personas con poca educación" dan el pecho en público (curioso que en Escandinavia, países donde las tasas de lactancia son las más altas, sea también donde la educación es la mejor del mundo), hasta quien opina que dar teta en público es sólo propio de "progres" y "exhibicionistas", o quien equipara el alimentar a tu vástago con hacer tus necesidades en público ("yo no cago en público, a ver por qué tienen que dar el pecho delante de todo el mundo"), pasando por quien compara EEUU con países como Afganistán ("seguro que si estuviera en Afganistán no se habría atrevido a amamantar en público"... ¿pero EEUU no era la tierra de la libertad?).

Cuando das teta a tu bebé (porque fíjate tú, los bebés no entienden de horarios, convenciones sociales, ni demás superficialidades que no pintan nada en la mera supervivencia), la cabeza tapa el pecho (sí, aún no he visto ningún niño transparente), con lo cual sólo "se ve algo" si "te esfuerzas" en verlo. Vamos, que no es tan obvio. Tienes que estar observando atentamente para pillar el segundo exacto en el que el pequeño suelta el pezón y la mamá se lo tapa. Y desde luego, si hay alguien esperando ese instante, me parece cuando menos enfermizo. Desde luego, si la queja de los escandalizados comensales iban encaminadas a evitar el micro instante fatídico de la visualización del trozo de pezón... apaga y vámonos.
El burka tetil para un restaurante viene fenomenal, así además te ahorras ponerte la servilleta...

¡Que esas exhibicionistas descaradas, maleducadas y progres se vayan a amamantar al baño, entre dulces olores la mar de acogedores! ¡O que se pongan un burka de ésos de dar teta! Quizás quienes damos el pecho tendremos que quedarnos encerradas en casa haciendo calceta, no sea que nos sorprenda un pezón furtivo el hipócrita de turno que luego tiene escondido bajo el colchón un arsenal de revistas porno... Aaah, pero es que ahí los pechos cumplen su función de objeto sexual y cuando amamantan no. ¿No irán por ahí los tiros? ¡Qué miedo, una mujer dueña de sus tetas, que la detengan, que se me descoloca todo y eso hace pupa!

Y lo peor de todo, como siempre, son los comentarios de mujeres. Terribles. Dolorosos. Tristísimos. Y una muestra como cualquier otra de lo poco madura que aún está nuestra sociedad. Tenemos tanto, tantísimo, que aprender. Tenemos tanto, tantísimo, que reaprender. Tenemos tanto, tantísimo, que desaprender...


domingo, 9 de junio de 2013

Lo que nadie te cuenta

Es curioso cómo cuando aún no has sido madre tienes unas ideas de lo que es un bebé y cómo luego cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Y es que, si te pones a analizar la imagen de la maternidad y sobre todo del puerperio que transmiten los medios de comunicación y demás, resulta casi espeluznante. No tienes más que girar las páginas de las típicas revistas de puericultura donde casi todo es publicidad, y verás a madres exultantes que empujan un carrito con un recién nacido llevando un tacón de quince centímetros, ropa monísima de marca, la manicura hecha y las mechas recién dadas. O encender la televisión, donde los recién nacidos pueden apagarse y encenderse a voluntad, porque todo sigue igual y el bebé no ha cambiado nada, y en un capítulo de repente sale la madre tan pancha sin el niño (¿dónde lo tiene, escondido?).

También influyen las personas que, con intenciones a veces poco claras, vienen a comparar a tu vástago con el suyo, diciendo que su Manolito duerme diez horas del tirón, come muy bien, está hecho un pepón y es muy tranquilito.


Y ahí estás tú, recién parida, sangrando sin parar, sudando y sintiéndote sucia, con un bebé colgado de la teta día y noche, y sin tiempo ni para asearte debidamente porque no puedes soltar al pequeño sin que berré como si le estuvieras sacrificando, con lo que te lo acabas llevando hasta para sentarte en la taza.

Muchas madres se tiran esos primeros meses deseando que llegue el marido para al menos poder darse una ducha rápida, porque llevan todo el día en casa tumbadas en el sofá dando teta, han comido dando teta cualquier bocadillo cutre, no se han podido ni peinar y no han mantenido una conversación con un adulto en todo el día.

El puerperio es una etapa muy delicada. Y eso nadie te lo cuenta. La maternidad es dura, y exige una dedicación real, una entrega como quizás no hayas conocido hasta entonces. Y eso nadie te lo cuenta. La lactancia, hasta que se instaura debidamente, es a demanda, pero a demanda quiere decir muchas veces estar TODO EL DÍA Y TODA LA NOCHE con el bebé en la teta. No, no es una exageración, repito: TODO EL DÍA Y TODA LA NOCHE. Y eso nadie te lo cuenta.

La crianza en este mundo occidental y frenético ha perdido la referencia de la tribu, las familias son nucleares y muchas veces la mamá recién parida está horas y horas sola en casa con un bebé al que aún no comprende (el vínculo no siempre es instantáneo, aunque eso nadie te lo cuente). Y a veces aparecen las tristezas, las inseguridades, los miedos e incluso el enfado. Porque el cambio es abismal, las prioridades cambian totalmente, de repente te conviertes en el centro de la vida de una personita que depende total y absolutamente de ti, y tú sientes que no existes por ti misma, sino a través del bebé, pero eso nadie te lo cuenta.


Los recién nacidos humanos son vulnerables, altriciales, nacen aún fetos como precio a pagar por la bipedestación, y el estar pegados día y noche a su cuidador principal (generalmente la madre) es lo que garantiza su supervivencia. Hay muchas cosas que se pueden hacer para mejorar estos primeros meses. En primer lugar, portear. Personalmente no sabría criar sin portabebés, me resultaría totalmente imposible. Facilitan la vida enormemente y te permiten cocinar o darte un paseo o dar teta con las manos libres o peinarte un poco, qué sé yo. Después, el colecho: no sé cómo se puede mantener una lactancia sin colecho, realmente. Pero sobre todo y ante todo, hay que saber pedir ayuda. Porque no somos heroínas, y qué bien sienta que a veces venga una amiga a pasar contigo un par de horas y te sujete al bebé mientras te das una ducha. O quedar con otras mamás para compartir inquietudes. O que tu suegra te traiga tuppers repletos de comida para toda la semana. Y sobre todo, que alguien te pregunte "¿qué necesitas?". Esos pequeños gestos lo cambian todo.

¿Qué expectativas tenemos antes, cómo resulta la cosa después? Ser una mujer puérpera es encontrarse con momentos muy delicados, con tu propia sombra, es conocerte a ti misma como nunca imaginaste. Y eso puede resultar tremendamente duro y catártico. Pero eso nadie te lo cuenta.

martes, 22 de enero de 2013

Mis tetas valen un potosí

Mi hija mayor nació rodeada de amor hace más de cuatro años. De amor... y de mucho desconocimiento por mi parte acerca de un montón de temas. Uno de ellos fue la lactancia. Porque yo nunca había visto a nadie dar teta. Porque pensaba que sólo había que ponerla al pecho y ya, como si fuera a salir algún tipo de magia. Porque creía que con leer un poco de teoría ya me lo sabía todo. Porque ignoraba la gran cantidad de problemas que podrían presentarse, uno tras otro.

Mi hija mayor no se enganchó a la teta nada más nacer. Mis pezones son planos, y yo no supe cómo ayudarla a hacerlo. Tuve un parto respetado, pero el ingreso fue en uno de los hospitales más cutres en temas de lactancia, postparto, etc. Así que me sentí totalmente sola. Una enfermera dijo que me comprara unas pezoneras. Otra me dijo que mis tetas eran malas para dar el pecho. La señora que entró a limpiar la habitación también daba su opinión. Una monja siniestra y vieja me dio un bote de leche de fórmula, cosa que por cierto es ilegal. Y encima, no paraban de venir visitas y visitas sin parar, sin preguntar siquiera, gente a la que yo no conocía apenas, que si la tía de Murcia o la vecina de mi abuela. Descubrí entonces una afición para pasar las tardes por parte de señoras desocupadas: ir a hospitales a ver recién nacidos y criticar. Y ahí, en medio de todo ese gentío de familiares lejanos y cercanos, de enfermeras respondonas, de monjas compradas, de limpiadoras meticonas, de gente que entraba y salía... ahí me sentí terriblemente desamparada. Yo sólo quería estar con mi hija, quería estar tranquila, aprender a darle el pecho, que ella me enseñara a alimentarla...

No hubo manera. En los dos días en que duró ese macabro vaudeville, mi pequeña lloró mucho, mis pechos sufrieron mucho, la leche no me subía... Salí del hospital con unas grietas del tamaño de la carretera de la Coruña, una ingurgitación espeluznante, y mi nena con medio kilo menos. Nadie, absolutamente nadie, se ofreció a ayudarme con la postura. La única "ayuda" que recibí fue el bote de leche de la monja enfermera nonagenaria.

Al llegar a casa, la sensación de soledad fue a más. Las pezoneras no evitaban las grietas, mi hija no se enganchaba del todo bien... y la pérdida de peso hizo que el pediatra que la visitó, otro ignorante redomado, me metiera miedo y me hiciera darla fórmula.

Mi hija tenía dos días y ya estábamos con lactancia mixta. Yo me moría de la rabia, me sentía que le estaba fallando por todas partes. Empecé a dejar de creer en mí. Alquilé un sacaleches profesional en la farmacia, ¡cuando a mi leche no le pasaba nada, era todo cuestión de confianza! ¡Tendría que haberme puesto más a la niña y menos al sacaleches! Nadie me ayudó... Nadie me explicó...

A los veinte días, acudí a un grupo de lactancia. Pero a todo el mundo le iba bien, nadie tenía problemas como yo. Me sentí como una extraterrestre, ¿qué pasaba conmigo? ¿Qué les pasaba a mis tetas? Lo curioso es que en el grupo tampoco me miraron la postura. Sólo me dijeron que en vez de usar biberón, que probara un relactador, para de ese modo ir eliminando la lactancia artificial poco a poco, en pos de la materna a nivel exclusivo. No me pareció un grupo muy serio, yo me sentía fatal y ellas charlaban de la película de la noche anterior en la televisión, pero estaba demasiado cohibida y fuera de lugar como para decir nada más.


Me marché de ahí pensando que lo estaba haciendo todo mal, fatal, que era todo culpa mía. Que era la única mamá que quería dar teta y no sabía cómo. Que mi cuerpo no funcionaba bien. Que yo no funcionaba bien.

Y las semanas pasaron. Yo seguía en una inercia estúpida que no conseguía romper. Hasta que un día, por internet, una chica me habló de cómo ella había relactado. Recordé entonces lo del relactador que me comentaron en el grupo de lactancia. Me enfadé conmigo misma, compré uno y pensé "se acabó, ahora o nunca". Y ahí estuvimos semanas y semanas dándole a la teta, yo de día y de noche con el cacharro ése colgado, además como tiene que estar vertical sólo podía dar el pecho sentada o de pie, así que por la noche era un auténtico calvario. Y veía cómo pasaban los días y cómo se acercaba mi vuelta al trabajo y eso me mataba por dentro, es como si hubiera estado dormida durante semanas, ¡esto tendría que haberlo hecho mucho antes! Pero ser primeriza y tener a un pediatra alarmista por detrás es lo que tiene. Te patea la confianza y te la deja a la altura del betún.

Pero ya era demasiado tarde. Las relactaciones, cuanto más tarde, más difíciles son. Y con cuatro meses y medio era casi imposible. Pero sí conseguí aumentarle las tomas de leche materna. Y eso ya era algo, visto lo visto.

Cuando me reincorporé al trabajo, me saqué leche tres veces al día en el cuarto de baño hasta que mi hija tuvo un año. Porque así, aunque gran parte de su lactancia fuera en diferido, al menos se beneficiaría de las ventajas de la leche materna. Siempre gozó de buena salud, y quiero pensar que algo tuvo que ver la lactancia materna.

La lactancia de mi hija mayor sólo duró quince meses. Supongo que al no estar correctamente establecida, ese temprano destete se explica fácilmente. Me dolió en el alma tanto, tantísimo... Mi grandísimo error fue el no reaccionar a tiempo. Pero también, ser cabezota me ayudó a por lo menos haber podido mantener una lactancia mixta quince meses, otras quizás habrían tirado la toalla mucho antes. En todos esos meses vi varios pediatras y enfermeras, y ni uno solo se ofreció a ayudar, a revisar la postura, etc... Así es como se fomenta la lactancia en España.

Toda esta larga introducción viene para contar que estoy viviendo ahora mismo un regalo. Con mi hija menor, la lactancia fue correctamente establecida y no ha tomado un biberón en su vida. Hoy tiene casi un año y medio y ahí sigue, sin parar día y noche... Pero es que la mayor, al principio por celillos, hace unos meses dijo que ella quería teta. Por supuesto, había olvidado cómo se mama. ¡A estas alturas! Pero no sé cómo, poco a poco, lo ha conseguido. Sabe sacar la leche, sabe beber esa leche, sabe disfrutar así con su madre.

¡Quién me iba a decir a mí que acabaría haciendo tándem! Aunque sean momentos muy puntuales, me siento feliz. Feliz porque aunque la lactancia con la peque ha sido y es estupenda, la espinita no me la he quitado del todo pues son dos nenas distintas. Y ahora, en cierto modo, aunque sea un poquito, siento que estamos recuperando el tiempo. El tiempo que nos robaron la ignorancia, la industria de la leche de fórmula, los sanitarios sin formación. El tiempo que robó mi tristeza. Ese tiempo que permití que se me escurriera por entre los dedos sin apenas poder reaccionar, abandonándome a una inercia esperpéntica en la que jamás me hubiera imaginado.

Tengo dos niñas preciosas. Y tengo dos tetas estupendas, porque yo soy capaz. Nunca dejes que nadie te diga que no lo eres. Y nunca escuches a las monjas con botes de fórmula en las manos. Sus intenciones nunca son buenas.

lunes, 24 de diciembre de 2012

No es lo mismo

El otro día me hablaba mi marido de una compañera de trabajo que acaba de tener un bebé y que opina que éste únicamente necesita "calor humano", sin importar de quién, con lo cual da igual darle el pecho o el biberón, puesto que sólo quiere estar "en contacto con otro cuerpo", sin importar si es el de la madre o el del revisor de la caldera. Quien así habla es una persona con estudios superiores, dos ingenierías, matrículas de honor por todas partes, inteligente y culta. Quiero decir que no es una pobre boba ignorante ni mucho menos. ¿Cómo puede ser? A mí la verdad es que estas cosas me dejan de piedra. No ya por un mero "quien puede leer debe informarse", sino por cómo determinados prejuicios están tan sumamente arraigados en la sociedad que incluso personas con buenas capacidades no son conscientes de ellos.

Y me da mucha pena.

No sé si esa mamá le dará el pecho a su bebé, no se trata de eso. Quizás finalmente se sienta conquistada y el instinto consiga salir a flote, como tantas veces ocurre. Pero lo más probable es que, por desgracia, pase lo de siempre: que los prejuicios son tan fuertes que desista antes de intentarlo siquiera. Porque ni se le pase por la cabeza que su hijo lo que quiere es estar con ELLA, el único ser humano que conoce, el único olor familiar, el único regazo plenamente tranquilizador.

Claro que un bebé puede calmarse en contacto con otro cuerpo (y sí, necesita estar en contacto con alguien, y si no es la madre, pues se conformará, mejor eso que estar tirado solo en una cuna muerto de miedo a que venga un depredador a por él, el instinto de supervivencia es lo único que tiene). Pero en un mundo ideal, donde se tenga en cuenta la condición mamífera de dicho bebé (porque no es un renacuajo ni un lagarto ni una serpiente de cascabel), lo natural es que quiera estar pegado a su madre. Y es que la crianza, en los primeros meses, es cosa de la madre. Sólo hay que mirar a cualquier otra hembra mamífera. Al bebé humano le trae sin cuidado que estemos en una sociedad moderna, porque él sólo tiene sus instintos, y éstos son los mismos que el de un ternero o el de un lechón.

Por supuesto que habrá momentos en los que la madre necesite descansar, y para eso está el padre, o la abuela, o la tía de Murcia. Eso es lógico y no somos heroínas. Pero negarle por sistema, y desde el mismísimo principio, la teta al bebé, con la excusa de que "mientras esté con alguien, qué más da teta o biberón", me resulta cuando menos asombroso.

Asombroso porque ya hay tantísimos estudios demostrando la idoneidad de la leche materna frente a la artificial, que una persona podría quedar literalmente sepultada por éstos. Pretender desde un primer momento que es igual una que otra se me antoja no sólo surrealista, sino peligroso. Asombroso porque la gente que pretende tener un hijo como quien tiene un muñeco me hace abrir los ojos hasta el infinito. Asombroso porque no comprendo cómo una persona con formación científica niegue estos hechos y se quede tan ancha.

Y sí, cada mujer debe decidir si da el pecho. Es que no se trata de eso. Lo que yo quiero constatar es que, si alguien decide no darlo, debe de ser con pleno conocimiento de lo que está haciendo. Pero ocultar la verdad bajo un montón de prejuicios, arraigados a saber a través de quién y por qué, al final únicamente perjudica al más desvalido en toda esta historia, al que no podrá decir esta boca es mía y pagará el pato, a la víctima de todas estas historias: el bebé.


sábado, 24 de noviembre de 2012

El apego, también por la noche

Mi hija tiene quince meses y se despierta todas las noches cada hora más o menos. Además, está toda la noche tomando teta sin parar, lo que me obliga a permanecer en posturas rarísimas y me levanto con la espalda hecha un ocho. Y aun así, a pesar de todo, creo que merece la pena.
Muchas personas se escandalizarían con esto, por dos motivos:
- en primer lugar, porque mi hija siga tomando el pecho con quince meses
- en segundo lugar, porque durmamos juntas.

En este mundo absurdo y competitivo, se nos ha olvidado el saber primordial, lo llevamos dentro pero muchas personas deciden callarlo a manotazos, por el qué dirán, por miedo, por inseguridad, por pura vaguería... Hemos olvidado escuchar a nuestra intuición de mamíferas.

Yo jamás he visto a una mamá gorila que obligue a dormir a su pequeño lejos de ella. Ni a una mamá gata, ni a ninguna mamá mamífera de ningún tipo. ¿Que somos más "sofisticados" que todos esos animales? ¿Qué quiere decir eso exactamente? Efectivamente, tenemos más capacidades intelectuales, un raciocinio mucho mayor... pero eso no tiene NADA QUE VER con la crianza. A ver, ser inteligente es estupendo y leer libros, resolver ecuaciones de segundo grado, o complejos problemas, está fenomenal... pero al bebé eso le trae sin cuidado. Le importa tres pepinos, porque el bebé cuando nace sólo tiene sus intuiciones para sobrevivir, su instinto de succión, y la necesidad constante de estar con un cuidador. Sólo así garantiza su supervivencia.


La independencia se alcanza de manera gradual, nosotros no podemos imponer esa independencia a nadie. Un bebé no nace dependiente y de repente, mágicamente, al cumplir tres meses, cuatro días, siete horas y quince segundos ya está capacitado para todo. Somos seres altriciales, somos bebés mucho tiempo, y necesitamos a mamá cerca muchos años. El bebé irá "despegándose" poco a poco, pero jamás podemos forzarlo. Forzar ese desapego sólo conseguirá tener niños inseguros a los que les ha faltado "algo" en su primera infancia.

Nunca he comprendido esa manía de "criar sólo durante el día". Es decir, una es mamá durante el día, y por la noche, como hay "que descansar", pues hala, el bebé en su habitación y la mamá en la suya, con un intercomunicador encendido por si se despierta, en los mejores casos. Y vamos, que estoy segura de que cuando inventen el bebé-tamagochi, que se puede apagar de noche, éste hará las delicias de los tantísimos cuidadores de mando a distancia que existen. ¿Y qué pasa? Pues que los pobres padres se pasan la noche como sonámbulos por los pasillos, de un lado a otro sin parar. Y al final la cosa se da la vuelta: es imposible descansar así. Y el siguiente paso es el temido método Estivill, copia del método Feber (este último se arrepintió del metodito, pero el mal ya estaba hecho), que produce unas secuelas psicológicas espantosas.

¡Pero por favor, si es todo mucho, mucho más sencillo que eso! Un bebé no necesita carísimos cochecitos, ropa pija, mil y un gadgets absurdos. Un bebé sólo necesita teta, calor, amor, cariño, compañía. Y claro que criar con apego puede ser muy cansado. Pero como lo es en los restantes mamíferos. Tener hijos es cansado, eso hay que tenerlo claro desde el principio. No podemos apagar al bebé cuando nos aburra. No podemos pasar de él cuando estemos cansados. Y no debemos dejarlo llorar para que "aprenda" a dormir. Respetar la necesidad de dependencia de nuestros hijos, y acompañarla, nos ofrecerá años después a niños más seguros de sí mismos, y con un apego bien establecido.

lunes, 8 de octubre de 2012

Celebrando lo que debería ser normal

Ayer terminó la semana de la lactancia y hoy empieza la semana internacional de la crianza en brazos. Y me pasa lo de siempre, que me pongo a pensar si creo en celebrar según qué cosas o no. ¿Por qué hay un día del orgullo gay, por qué hay un día de la mujer trabajadora, por qué se celebran cosas que deberían de estar absolutamente normalizadas?

Es que el día del orgullo gay se me antoja un carnaval y poco más. No veo ya reivindicación por ningún lado. Y nunca he comprendido por qué hay que estar orgulloso de ser gay, o de ser heterosexual, o de tener los ojos verdes. Uno es lo que es, ¿por qué hay que estar orgulloso de algo que va más allá de la mera elección? ¿Por qué estar orgulloso de ser gay es guay pero estar orgulloso de ser blanco es racista, por ejemplo? No lo comprendo. Y si es así, ¿no debería celebrarse el orgullo todos los días? Lo mismo pasa con el día de la mujer trabajadora. Las mujeres siempre hemos trabajado, siempre, y muchísimo. Que de un tiempo a esta parte se nos pague por ello (menos que al hombre, ¡faltaría más!), ¿no quiere decir que celebrar el día de la mujer nos permite expresarnos un día al año en plan pataleta? ¿No quiere decir que el propio día de la mujer nos coloca nuevamente por debajo, ya que no hay un día del hombre?

Pues con estas cosas me pasa un poco lo mismo. Somos mamíferos. La crianza es en brazos, el alimento es por la teta. Fin de la historia. ¿Por qué hay que celebrar algo que es lo normal? Yo no celebro el día de la evacuación por el esfínter, el día del pelo que crece o la semana internacional de los oídos que escuchan.


Por otro lado, comprendo que estas celebraciones se realizan en pos de la visibilidad y todo eso... ¿pero eso no debería de ser un trabajo diario? Yo me saco la teta donde sea si mi hija tiene hambre. Yo llevo en brazos a mi bebé así se hunda el mundo o la vecina del quinto diga todas las chorradas que le dé la real gana. No necesito que sea en una celebración, al igual que jamás necesité una sala de lactancia porque a mí me da igual amamantar en la sala de espera del dentista que en la sección de congelados del Mercadona.

Y por eso yo me pregunto... ¿qué estamos celebrando, exactamente? ¿Que hemos perdido nuestra esencia mamífera? ¿Que hemos perdido la capacidad de respetar, y por eso tenemos que volver una y otra vez a analizar lo obvio? ¿O que lo que hacemos NO es lo normal y por eso necesitamos de una celebración para mostrarnos al mundo? ¿En qué momento dejó de ser normal, por qué, cómo podemos trabajar de modo que nunca más haya que celebrar nada así, puesto que no resaltará de ningún modo?

Supongo que lo normal y lo habitual no son las mismas cosas, y me entristece.

martes, 14 de agosto de 2012

Un año en la luna

Esta madrugada va a hacer un año de uno de los momentos más dulces de mi vida, y quiero compartir lo que escribí entonces...

El 14 de Agosto de 2011 empecé a tener alguna contracción suelta por la tarde. No le di mucha importancia, porque llevaba ya varias semanas con pródromos que iban y venían, así que sólo bromeé con Jaime sobre qué mal nos vendría ponerme de parto justo esa noche, ya que al día siguiente teníamos un montón de cosas que hacer. Aparte, yo llevaba varios días mustia, con una ciática que no me dejaba ni caminar, y hacía mucho calor y los últimos días de embarazo son siempre agotadores. Fifí se acostó a las 10 de la noche, y me dijo que había decidido que no la despertáramos hasta que naciera Luna, que no quería ver el parto porque prefería dormir. Parece que lo presentía... Jaime y yo estuvimos un rato viendo la tele, pero a las 11 de la noche me entró un sueño atroz, no sabía qué me pasaba, así que decidí irme a la cama, no me enteraba de nada de la película que estábamos viendo. Intenté dormir pero no lo conseguía, y de repente, pasadas las 12, me noté algo mojada, pensé que sería sudor porque hacía mucho calor, pero al incorporarme de la cama, vi que seguía mojando. Encendí la luz y en el suelo había un charco, aguas claras, no era mucha cantidad, no sabía si me había hecho pis o se había roto la bolsa. Avisé a Jaime, me apreté la tripa un poco y como vi que seguía saliendo, efectivamente deduje que era la bolsa. Decidimos no llamar a Emilio hasta ver si se desencadenaba el parto. A la 1 de la noche, empecé a tener contracciones cada vez más regulares y cada vez más fuertes. Yo estaba en el jardín, hacía muchísimo calor y sólo me sentía cómoda ahí. Había luna llena, y la miraba hechizada en cada contracción. En algún momento dado Jaime me preguntó unas tablas de multiplicación o algo así y como vio que no era capaz de contestarle, dedujo que la cosa estaba en proceso, así que llamó a Emilio. Me senté en la pelota de pilates pero no estaba cómoda, sólo me encontraba bien apoyándome en la mesa de fuera. Jaime se puso a llenar la piscina en el salón, montando un jaleo tremendo con la manguera, el agua y no sé qué más. Yo ahí ya empecé a perder la noción de la realidad totalmente, me metí en mi mundo...

Una hora después, a las 2 o así, debió llegar Emilio. Yo le sentí llegar antes de que llamara, estaba medio hechicera o en trance o fuera de mí o no sé muy bien cómo explicarlo, se lo dije a Jaime y a los pocos segundos sonó el timbre. Emilio y Jaime siguieron llenando la piscina, me dejaron tranquila en el jardín. Estaba totalmente enloquecida, en un estado de borrachera extraña. A las 3 de la mañana las contracciones se pusieron más duras, así que decidí meterme en la piscina, y ya no salí de ahí... Notaba todo mucho más, los olores, los sonidos, las sensaciones. En el agua me sentía en mi lugar. Me hacía más llevaderas las contracciones, aunque en las últimas cinco o seis creo que grité tan fuerte que se enteraron en el pueblo de al lado. Menos mal que los vecinos estaban de vacaciones. En las últimas contracciones, las de los gritos espeluznantes, fue cuando quise empujar. Metí mi mano y noté cómo bajaba la cabeza cada vez más, y eso me daba ánimos. No abrí los ojos, necesitaba sentirlo todo totalmente a oscuras, con los ojos cerrados, metida sólo en mí. Por fin, noté que la cabeza estaba a punto de salir. Entonces empujé y sentí cómo salió. Escuché a Jaime llorando por detrás, flipando totalmente con lo que estaba viendo. Y a Emilio diciéndome que no tuviera prisa. Pero yo pensé “¿cómo que no? ¡esto me lo ventilo yo ahora mismo!”. Luna abrió los ojos dentro del agua y movía la cabeza como una loca, era una sensación rarísima, no se quedaba quieta como en los vídeos de partos en el agua que había visto. A la siguiente contracción, empujé con todas mis fuerzas, ¡y ahí estaba Luna! Despierta, activa, mirándolo todo con ojos de plato. Apgar 10 y Emilio dijo que jamás había visto a un recién nacido tan despierto. 

Jaime subió a por Fifí, que no sé cómo no se despertó en toda la noche, con la escandalera sobre todo de la última hora. Bajó Fifí y conoció a su hermanita aún en la piscina, con el cordón sin cortar, buscando ya el pecho, al que se enganchó espontáneamente. Ya no me sentía cómoda en un agua tan sucia, así que me pusieron unos empapadores sobre el sofá, cortaron el cordón -que ya no latía- y nos salimos. A los 20 minutos alumbré la placenta sin ninguna dificultad. No necesité ningún punto. Luna nació a las 4 de la madrugada del 15 de agosto, tras sólo tres horitas de parto, en su casa, con su familia. Decir que ha sido de las experiencias más increíbles de mi vida se queda corto. Ha sido salvaje, animal, pero al mismo tiempo sencillo, es algo que tenía dentro sin saberlo, una sabiduría instintiva que normalmente acallamos y a la que sólo hay que dejar salir para fluir con ella. Menos mal que al final, casi en el último momento, me decidí a parir en casa. Si no, me hubiera perdido algo poderoso e inmenso. He sido la dueña de mi parto, he sabido hacerlo, nadie me ha dicho qué tenía que hacer o cómo, cuándo empujar o dónde ponerme... Y me hace gracia ver en el vídeo del parto la cara que pongo cuando saco a Luna del agua. No es de ternura, ni de alegría, ni de miedo. Es de puro asombro. He recuperado la confianza en mi cuerpo, y he visto que sí, que YO TAMBIÉN PUEDO. 

martes, 31 de julio de 2012

La lactancia no es sino la prolongación del embarazo


Si mañana inventaran una máquina para llevar a cabo la gestación o para que ésta se repartiera con el compañero, ¿cuántas mujeres la usarían? Porque existen grupos de mujeres pertenecientes a ese feminismo rancio y acartonado llamado "de la igualdad", que aún pretenden ser iguales a los hombres, ignorando las diferencias físicas, para lo cual renunciar a la lactancia materna es un modo estupendo de compartir la alimentación del bebé al cincuenta por ciento con el marido.

Pero claro, como el embarazo sólo puede llevarlo a cabo la mujer, nadie diría que "estar embarazada es machista". Sin embargo, sí se escucha por doquier que la lactancia materna esclaviza, que es machista, que hace que sólo la mujer se dedique a la crianza, etc...

¿Alguien le ha preguntado al bebé qué opina él de todo esto?

Cuando nace un bebé de cualquier especie, está indefenso. Cuando nace un bebé humano, está MUY indefenso. La inteligencia que otorga la bipedestación es lo que tiene: los humanos somos más listos, pero nacemos aún fetos y vulnerables. Y con los instintos a flor de piel, que es lo único que nos garantiza la supervivencia. Uno de estos instintos es precisamente el de succionar el pezón de la madre. Porque la madre lo es todo para el bebé, y la lactancia materna no es sólo alimento, es absolutamente el centro de la vida de cualquier bebé mamífero.

¿Alguien ha visto a una leona que no dé el pecho porque se caiga, a una perra que diga que dar el pecho es machista, o a una cebra que prefiera ir a pilates?

Dar el pecho en nuestra sociedad es muy difícil. Los propios profesionales ponen mil y una zancadillas a las mamás que decidan meterse en esta lucha testaruda. Las leches artificiales son poderosas, años y años de campañas de márketing y de dinero a mansalva gastado en promocionarse han conseguido darle la vuelta a la tortilla. Las leches artificiales tienen una función muy específica, y resulta estupenda en según qué casos. Pero cuando una madre quiere dar el pecho, cuando una madre decide escucharse y escuchar a su bebé, cuando una madre decide ser la mamífera que es y no la supuesta "mujer liberada" que debería ser... que se prepare porque empiezan los problemas.

¿Qué significa "mujer liberada"? ¿A quién hay que liberar, de qué, y por qué? ¿Y no es más libre quien decide escuchar a su naturaleza a pesar de los inconvenientes que -sin duda alguna- eso le traerá? No sólo es más libre, es que es sencillamente más valiente.

Decidir dar teta es tener que leer mucho. Tener que informarse mucho. Tener que, la mayor parte de las veces, saber más que muchos médicos. Tener que hacer oídos sordos de enfermeras, suegras, amigas cotillas, vecinas del quinto, señoras de la limpieza, profesoras de peluquería, y toda clase de opinólogos que aparecen al darle una patada a una piedra. Tener que pelear con percentiles, supuestos horarios de tomas, succiones no nutritivas y tantas otras cosas.

Decidir dar teta es entregarse. Pero es recibir mucho, muchísimo  más de lo que se espera. Esas miradas de satisfacción, esa manita que acaricia... Esas sonrisas furtivas. Ese dormirse con cara de felicidad.

¿Cuántas mujeres querrían esa máquina de gestación artificial si pudieran? ¡Y cuánto se perderían de las maravillas del embarazo, al igual que se pierden muchísimo quienes deciden no dar el pecho en pos de un biberón supuestamente liberalizador!

Lo que esas mujeres no comprenden es que la lactancia es una prolongación del embarazo. Viene en el lote. El embarazo no acaba al dar a luz, acaba con el destete. Es una pena que exista aún tanta desinformación en un mundo donde existe tantísima información al alcance de la mano. Es una pena que las mujeres no se atrevan a escucharse.

Feliz semana mundial de la lactancia materna 2012.