domingo, 17 de agosto de 2014

Mirar hacia otro lado

Creo que lo mejor de este vídeo no es ya sólo la serie de verdades incómodas que se explican en él. Lo mejor es la cara del público. Esa cara de "tierra, trágame". Esa cara de "no quiero oír esto". Esa cara de "necesito seguir comiendo bacon, no me expliques cosas de las que no quiero saber nada".



Es mucho más difícil mirar hacia otro lado cuando estás en medio de una charla con proyecciones y te están filmando.

Aunque luego, en unos días, olvides voluntariamente todas las verdades incómodas, una vez regreses a tu rutina de no saber, y los estantes del supermercado te ofrezcan una carne plastificada que poco o nada recuerdan a su origen cruel. Y entonces seguirás con tu vida, porque... ¿qué más da? ¡Si es lo que hace todo el mundo!

lunes, 4 de agosto de 2014

Gracias, Hubertine

Hoy se cumplen cien años del fallecimiento de Hubertine Auclert. Y me llama la atención, cien años después de que haya muerto, cómo se está poniendo peligrosamente de moda la reivindicación de "mujeres que no necesitan el feminismo" en la red. Mujeres que se hacen fotos diciendo motivos, comenzando por "no necesito el feminismo, porque..."


Estas fotos están en las redes sociales, y son cada vez más numerosas.

Lo que no saben estas mujeres, es que si pueden usar las redes sociales es precisamente gracias al feminismo.
Gracias al feminismo pueden salir de casa sin compañía masculina.
Gracias al feminismo pueden llevar pantalones.
Gracias al feminismo pueden votar. Sacar dinero de un banco. Conducir. Vivir.
Gracias al feminismo pueden quedar con amigas, estudiar, trabajar.
Gracias al feminismo pueden tomar sus propias decisiones.
Gracias al feminismo pueden ser quienes quieran ser.

Gracias al feminismo pueden despreciar al feminismo. Pueden permitirse ese desprecio absurdo a una lucha que se ha llevado vidas, que aún se las lleva, que ha conseguido tantísimo, y que aún tiene tantísimo por lograr.


Gracias al feminismo, somos quienes somos. Despreciar el feminismo es despreciar a las mujeres.
Y a su lucha.

Es una falta de respeto tristísima. Y que la mayoría de las veces, creo, se basa en un profundo desconocimiento de qué es el feminismo, sencillamente. Que a estas alturas aún se vea el feminismo como "lo contrario al machismo" es una vergüenza, y demuestra cómo la ignorancia y la falta de libros campa a sus anchas demasiado a menudo.

Gracias, Hubertine. Y gracias a tantas como ellas.

¡Gracias al feminismo!

Estupenda parodia de Rebecca Cohen, http://vitaminw.co/rebecca-cohen

lunes, 7 de julio de 2014

El deporte es cosa de hombres

Lo confieso: no me gustan los deportes de competición. Es decir, sí me agradan los valores de autosuperación, autodisciplina, intentar cada día conseguir una meta un poco más alta. Yo misma me inicié en el running y me pico conmigo misma, imponiéndome desafíos que voy consiguiendo solventar.

Pero a lo que me refiero es a esos típicos deportes de alta competición que podemos ver por la televisión. El fútbol, claro, principalmente. Pero no se quedan atrás muchos otros.

Y es que a mí eso de que sólo por ser hombre vayas a tener más oportunidades deportivas ya me chirría de tal modo que me impide disfrutar con el visionado de ningún deporte. Sólo hay que ver en el documental "Cuestión de pelotas" cómo las oportunidades siempre van a ser infinitamente menores sólo por ser equipos FEMENINOS. De hecho, a sus integrantes no se las considera como jugadoras profesionales, ya que existe un estúpido Real Decreto que dice que "La denominación de las ligas profesionales deberá incluir la indicación de la modalidad deportiva de que se trate. No podrá existir más que una liga profesional por cada modalidad deportiva y sexo en el ámbito estatal": es decir, que si existe una liga masculina, no puede haber una femenina. Ni más, ni menos.

Pincha aquí para ver el documental "Cuestión de pelotas".

Porque a las mujeres no se las toma en serio como deportistas. Se las ve siempre de un modo profundamente paternalista, como niñas pequeñas que "juegan" a imitar a sus homólogos masculinos.
Y quisiera saber quién sigue los deportes femeninos (exceptuando unos cuantos de los que hablaré ahora) más allá de los conocidos de las propias deportistas. Y más allá de algún periodista aburrido que efectuará una breve reseña al final del Marca. Y más allá de algún baboso. Y ahí se quedará todo.

Uniforme de volley femenino versus uniforme masculino

Las mujeres están "autorizadas" desde los Juegos Olímpicos de 1904 a competir. Antes, era un ámbito exclusivamente masculino. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Porque el que puedas hacer una cosa no quiere decir que a alguien le vaya a interesar dicha cosa. Y más cuando se invierte tantísimo dinero en promocionar el deporte masculino, y apenas nada en el femenino, excepto...

... Excepto en los deportes donde sí que parece ser que las mujeres tienen cabida: la natación, el tenis (¡con falditas cada vez más cortas!), el volley (tienen que ir casi desnudas obligatoriamente) o la gimnasia, el patinaje, etc... Deportes donde el cuerpo tiene un gran papel, donde hay demasiados factores estéticos de por medio. Deportes vistos como "graciosos", "elegantes"... es decir, vistos como típicamente "femeninos" y por ende "aptos para mujeres".



Pero todo lo que escape a esa dualidad de género (deportes masculinos: todos los deportes "activos", de competición feroz, que supongan una gran superación / deportes femeninos: los deportes "estéticos", gráciles, elegantes, graciosos)... parece ser que es algo donde las mujeres no tienen cabida seria. Y no hay que irse únicamente a los deportes "físicos". No hay más que ver lo mal que lo han pasado las hermanas Polgar, campeonas de ajedrez, para abrirse paso casi a codazos en un mundo profundamente masculino. De hecho, cuando se decidió subir el Elo 100 puntos a todas las jugadoras de ajedrez, a las Polgar se las dejó fuera, porque "destacaban demasiado". Cuando Judit Polgar vencía a grandes jugadores masculinos de ajedrez (como al gran maestro Karpov), éstos se sentían HUMILLADOS por haber sido vencidos por la jovencísima jugadora. Hoy Judit tiene un Elo de 2700, está entre los 10 mejores del mundo. No puedo ni imaginarme lo que han tenido que pasar las hermanas Polgar para conseguir avanzar entre tanta zancadilla.



Cuando yo era niña, me gustaba jugar al ajedrez. Recuerdo que en un campamento de verano hicimos un "campeonato", y lo gané. Mi último rival fue un chico al que vencí fácilmente, y que fue diciendo por ahí que "me había dejado ganar". Porque yo era una chica, y se sentía humillado. Porque ya con doce años los estereotipos de género son tan sumamente poderosos que es casi imposible huir de ellos.

Ahí fue cuando decidí dejar de jugar al ajedrez.

Y me resulta ridículo que muchas mujeres que se dicen feministas sigan con devoción deportes como el fútbol sin percatarse de que lo que están apoyando de ese modo es que siga siendo un mundo puramente masculino. Porque si incluso las mujeres consideran las competiciones femeninas como "de segunda"... entonces la cosa está muy mal.

En 1967 intentaron impedir a Kathrine Switzer que corriera la maratón de Boston sólo por ser mujer.

Y es que, por desgracia, al igual que en el mundo laboral lo tenemos mucho más difícil... aquí pasa lo mismo. Y hasta que el deporte femenino no sea visto como algo serio, a la misma altura que el masculino... lo siento mucho, pero yo no pienso dedicarle ni un minuto de atención a este último.

Porque a las Polgar nadie las deja ganar. Al revés: a ellas se las lleva mucho más al límite, y cuando con un competidor masculino ya se habrían pedido tablas, se las exige mucho más, sólo por ser mujeres. Y no hay más que ver las espantosas declaraciones del neandertal Checo Pérez para darse cuenta de esta realidad.Y es que los deportes no son sino un reflejo más de la sociedad.

Y eso se ve, para bien o para mal, en todos los ámbitos.

viernes, 27 de junio de 2014

La indiferencia es la peor forma de violencia

Una de las cosas que más me cuesta desde siempre es callarme. Muchas veces, me tengo que morder la lengua hasta el infinito y más allá cuando escucho la típica perorata salpicada de ignorancia, prejuicios, u opiniones sin fundamentar en general.
En relación a la maternidad, sé que no hay que juzgar, así que intento callarme con todas mis fuerzas. Pero muchas veces se me llevan los demonios. Me resulta muy difícil.

Y creo que, con diferencia, en el tema del embarazo/parto/lactancia y demás, lo que más me fastidia es la actitud del "me da igual". Porque una cosa es ser una persona sin la posibilidad de informarte, y otra cosa muy diferente es tener toda la información del mundo al alcance de la mano... y aun así, despreciarla.

Creo que, principalmente, se juntan tres factores:

- La autoridad. Seguimos pensando que los profesionales de la salud tienen la última palabra, como si no fuéramos mujeres maduras con la suficiente capacidad para responsabilizarnos de nuestra propia salud. Por ello, dejamos que el embarazo y el parto caigan en el saco de lo patológico, y sean tratados como una enfermedad. Así que, si son una enfermedad, qué menos que dejarse manipular por los médicos, "que son los que saben".

- La normalidad. Nos da miedo "ser diferentes", ser "pioneras", y es que "si siempre se ha hecho así, por algo será". Así, y casi como corolario del primer punto, el de la autoridad, nos quedamos calladitas, no damos guerra, no vamos a ser más que la vecina, no queremos dar la nota, no queremos destacar. Y nos dejamos hacer, nuevamente, para no molestar, para no ser "raras".

- El miedo. Y éste es, quizás, el más importante. Y el que muchas veces deja que los dos primeros puntos se produzcan, casi con alivio. Estamos tan desconectadas de nuestros cuerpos, de la vida en general, que tenemos miedo. Miedo a parir. Miedo a amamantar. Miedo a sujetar un bebé. Miedo a ser lo que somos: mamíferas. ¡Tenemos, sencillamente, miedo a ser! Esta desconexión es terrible, porque no sólo supone desconectarse de nuestra sabiduría instintiva que subyace dentro de todos nosotros, sino sobre todo desconectarse totalmente de nuestra propia esencia. Así que nos dejamos llevar, porque tenemos miedo a encontrarnos con nosotras mismas. A descubrirnos, ahí, debajo de todas esas capas de modernidad, internet, maquillajes, piercings y sofisticaciones. Tenemos terror al dolor, terror a vernos como criaturas que gimen, gritan, sangran, y entran en un trance sinigual, animal, como nunca antes habíamos experimentado. Así que mejor ponernos anestesias y todo tipo de parches para no abandonarnos en esa locura, tan poco racional, tan extraña... tan incontrolable y, por ende, temible. La pasividad como método de controlar el terror.



Y así nos va. A años luz de otros países en cuanto a la atención en el embarazo y parto. Con toda la información a nuestro alcance... pero nos da igual.
Y se suceden los episodios de violencia obstétrica sin que nadie diga ni mu: inducciones cuando el cuerpo no está preparado, maniobras de Kristeller, separación de membranas, tactos "porque sí", posiciones impuestas, enemas, rasurados, fórceps, ventosas, cesáreas innecesarias. Pero no nos quejamos, no nos informamos, no buscamos. Y hablo con la gente y mi experiencia en los partos no tiene nada que ver con lo que otras personas me cuentan. Y la diferencia está en algo muy sencillo: la información de la madre. El criterio. La capacidad de informarse, leer, decidir, y sobre todo, desarrollar una actitud crítica. (Actitud que, por cierto, sería deseable tener en todos los aspectos de la vida para progresar como persona... aunque ésa es otra cuestión.)

Pero luego, cuando pasan esos partos, esas mujeres no se sienten mal, no encuentran a faltar nada, no se sienten violentadas. Es decir, a veces sí; algunas veces, un tiempo después, repasan lo sucedido y comprenden cómo fue lo que realmente pasó. Pero por desgracia, la inmensa mayoría sale de estos procesos totalmente indiferentes, porque se han visto en el hospital cuando sentían que estaban en un proceso patológico, y como tal se han dejado hacer, se han dejado "curar". Porque así fue también en el caso de su vecina. Porque así se hace siempre. Porque no quieren ser diferentes. Porque los médicos son los que saben. Y porque... ¡qué miedo, eso de sentir dolor en tu cuerpo!

Y si no se dan cuenta, la violencia obstétrica puede seguir adelante, como si nada, como otra arma más de control del patriarcado sobre los cuerpos de las mujeres.

Porque la indiferencia es, quizás, la forma más terrible de violencia.

martes, 24 de junio de 2014

Una pequeña gran victoria

A veces, los pequeños gestos sirven de algo. A veces, ponerse pesada y ofrecer argumentos REALES, también.

Se puso en contacto conmigo Miriam (http://www.mipediatravegetariano.com/, página altamente recomendable para quienes tengáis niños vegetarianos), interesándose por lo que había pasado con los bancos de leche. Le conté toda la historia, que se puede leer aquí:

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)
Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)
Las madres desnutridas no producen peor leche... las madres veganas, TAMPOCO

Y cuál no sería mi sorpresa cuando, tras hablar ella con el banco de leche del Hospital 12 de Octubre, le contestan diciendo que han revisado los protocolos, y que las madres veganas correctamente suplementadas ya pueden donar.



Estoy muy feliz de haber aportado un granito de arena para llegar a esto, que además ha costado.

Muchas gracias, Miriam, por este comienzo de día tan estupendo :)

lunes, 19 de mayo de 2014

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (III)

Hoy es el día mundial de la donación de leche materna, un gesto que me parece maravilloso y absolutamente loable, qué duda cabe. Pero me sigue escociendo el que no se permita donar a las madres veganas. Me gusta escuchar la radio mientras me desplazo, y llevan todo el día hablando sobre el tema (que por otro lado, qué bien que cada vez se sensibilice a la gente más sobre este tipo de cuestiones), y nuevamente me encuentro con que por todas partes se habla de los requisitos para donar, y entre éstos sólo se menciona que la madre ha de tener hábitos de vida saludables. NUNCA se menciona nada sobre vegetarianismo, siempre se dice "por lo bajo" a las madres interesadas que preguntan, pero en los medios de comunicación, no. Esto me molesta, y mucho.

Si el requisito para ser donante de leche materna es tener hábitos de vida saludables, y las madres veganas no pueden donar, quiere decir que se considera que las madres veganas no tienen hábitos de vida saludables. Tan sencillo como eso. Ese prejuicio infundado y que puede desmontarse con un sencillo análisis de sangre parece un escollo muy grande para determinados centros médicos. La responsable del banco de leche del 12 de Octubre, con quien mantuve una ávida correspondencia sobre este tema, ha explicado en Radio Nacional cómo se hace para manipular la leche donada: análisis de nutrientes, pasteurización y todo tipo de avances. ¿De verdad, ante tamaña expresión futurista de medios más propios de la NASA que de un hospital español, no son capaces de saber cuándo una madre está correctamente provista de B12? Es que sólo hay que analizar la homocisteína, ¡no es tan complicado!


En fin. Me alegro enormemente de que existan los bancos de leche. Me alegro inmensamente de que cada vez más personas se ofrezcan voluntariamente y con todo el amor de su corazón a donar para los niños prematuros que tanto lo necesitan. Y me alegro infinitamente de que cada vez se hable más de estos temas en los medios de comunicación.

Pero el progreso ha de ir de la mano de la revisión de protocolos cuando éstos están obsoletos, cosa que en el caso de los bancos de leche, NO se hace, según ellos mismos me confesaron.

Una auténtica pena, porque cada vez hay más mamás veganas, y se les cierran las puertas absurdamente a este tipo de colaboraciones, sin ningún motivo real, científico y demostrable. Porque aún estoy esperando a que me lo demuestren... pero no fueron capaces.

Feliz día a las que os dejan donar.

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