sábado, 2 de noviembre de 2013

Echándonos tierra encima

El otro día me comentaba una compañera de trabajo que los hombres conducen mejor. Que está comprobado. Es la misma compañera que hace años me dijo, cuando me mostré preocupada por sacar el coche del aparcamiento tras una copiosa nevada (un aparcamiento en cuesta y sin asfaltar, repleto de baches), que se lo pidiera a un compañero (varón) para que lo hiciera él. Como si tener un pene entre las piernas garantizara el ser capaz de luchar contra las inclemencias del tiempo mejor. Como si la nieve se arrodillara ante ese pene diciendo "oh, voy a fundirme, gran señor, y a dejarte paso".

¿Y no será que ella conduce mal (porque sí, porque no todo el mundo tiene la misma habilidad para todo) y ya extrapola todo? ¿Y no será que además está tan imbuida en este sistema patriarcal que ya lo acepta como algo natural, y se pone esa limitación?



Sé que se trata de algo totalmente anecdótico. Pero dice mucho de cómo es la sociedad. Si nosotras mismas nos echamos tierra encima, apaga y vámonos. Si nosotras mismas nos ponemos en un escalón inferior, porque "está comprobado" que tal o cual (¿comprobado por quién, cuándo, cómo? ¿dónde están esos estudios? Yo pensaba que era justo al revés, a tenor de lo que dicen las aseguradoras... aunque evidentemente creo que ni lo uno ni lo otro, la gente conduce bien o mal independientemente de su sexo, qué chorrada es ésa...), ¿qué mensaje le transmitimos a nuestros hijos?

Conduzco bastante, me hago al menos cien kilómetros al día, y personalmente sólo temo a dos tipos de conductores: a los viejecitos (porque ya no están en disposición de según qué cosas), y a los que van por ahí con cochazos pensando que la carretera es suya.

Sé que todos transmitimos valores sexistas. Es inevitable y, muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta. Con algunos comentarios, con algunas actitudes, con algunas poses. El mensaje se perpetúa sin quererlo y penetra en las cabecitas de los más pequeños, queramos o no. Pero algunas actitudes son más que eso. Algunas actitudes son tan sumamente obvias que duelen, sin más.

Si nosotras mismas no nos empezamos a dar cuenta de que podemos hacer las cosas exactamente igual, ¿cómo despertaremos entonces? ¿Qué legado transmitiremos?

martes, 15 de octubre de 2013

La primera traición

En estas últimas semanas todo ha cambiado, mi dinámica familiar se ha puesto patas arriba y estamos aún adaptándonos todos a los reajustes. Es duro terminar una excedencia de dos años... pero sobre todo es duro tener que separarme de mi bebé.

Sé que no soy la única. En estas últimas semanas, multitud de familias han visto empezar el colegio de sus pequeños, o la guardería. Multitud de familias han pasado por el típico proceso de adaptación de los centros, cada una a su manera.

Mi hija está bien en la guardería. Sé que tiene ya 26 meses, que no es lo mismo que una pobre niña desvalida de sólo cinco. Pero también sé que no se está adaptando, sino resignando. Y no es lo mismo. Todas las mañanas, me marcho de casa dejándola hecha un mar de lágrimas. Todos los días conduzco hasta el trabajo con el corazón encogido, preguntándome si ella piensa que la estoy abandonando a diario. Luego en la guardería ya apenas llora, supongo que porque se ha hecho más o menos a la rutina y porque sabe que después de la siesta la voy a recoger. Pero por las tardes, en casa, está todo el rato gimoteando, siguiéndome como un corderito a todas partes, sin dejarme respirar. Llora mucho y está siempre de mal humor.



Así, todos los días.

Soy consciente de que ya no podía alargar más la excedencia. De que soy afortunada porque he podido estar con ella más que la mayoría de mamás. Pero también soy consciente de que algo falla aquí. De que mi hija sufre. De que esto no es sano mentalmente para nadie. De que el sistema tiene un fallo de base, que para más inri no se puede corregir.

Pasarán los días, las semanas y los meses, y la cosa mejorará, supongo. Pero la sensación de traición estará ahí, enquistada, para siempre.

La primera traición es algo que no se olvida.

martes, 24 de septiembre de 2013

El estigma de la lactancia "prolongada"

Mi excedencia ha terminado. He sido afortunada de poder estar tantos meses junto a mi hija pequeña. Pero los ahorros no duran para siempre y tengo que volver al trabajo. Y eso supone que la peque se tiene que quedar en una guardería. Todo el mundo se piensa que por tener ya 25 meses le va a ser más fácil adaptarse, porque además "le va a venir bien", "va a espabilar", y demás tópicos que se repiten y archirrepiten hasta la saciedad. Hasta ahí, lo esperable.
La cuestión es que lleva ya una semana en la guardería, con su consabido período de adaptación progresiva, aumentando cada vez más el tiempo en que debe de estar, hasta llegar a su horario normal (de 9 a 15:30). El primer día la educadora me dijo que ella es partidaria de la lactancia, del colecho, de respetar a los niños y demás, lo que me hizo lanzar un suspiro de alivio interior, porque realmente no sabía qué me iba a encontrar.
La semana pasada, cuando buscaba a mi hija lo primero que hacía era darle teta, y así nos íbamos tranquilas para casa.
Ayer, la educadora me "sugirió" que no dé el pecho en cualquier lado, sino que me meta en una sala que hay en el pasillo "para estar más cómoda". No sé por qué, pero me dio la sensación de que estaba transmitiéndome el mensaje de otra persona. ¿A los niños que toman biberón también se les invita a ir a esa sala?
Hoy, la educadora me espeta que mi hija se pasa el día pidiendo teta, y me ha aconsejado "que le dé menos". ¡Pero si ya le doy menos, desde que va ahí le he reducido las veces que toma teta de golpe y porrazo, y aún quiere esta señora que se las reduzca más, para que a ella le resulte más cómodo!

Siempre se ataca al pecho. Siempre. Porque es un vínculo en el que no se puede intervenir, y eso resulta aterrador, pues quienes no forman esa díada no tienen armas para combatir la tristeza del bebé, su necesidad de afecto que sacia la teta de esa manera tan especial. Pero me resulta curioso que me reprochen que mi hija grita "tetaaaa", cuando he visto a una niña llorosa que llama a su madre todos los días. ¿Qué diferencia hay entre llamar a la madre o nombrar sólo a una parte de ésta?



Que una niña de dos años llame a su madre se ve lógico ("pobre, se tiene que adaptar"). Que una niña de dos años quiera teta se ve fuera de lugar. ¡Incluso en una guardería!

¿De verdad esperan que se adapte marcialmente en sólo una semana? ¿De verdad consideran lógico pedirme que destete a lo bruto a mi hija para que a ellos les venga mejor? ¿Esto es respetar los ritmos del niño?

Mi hija, pobre, sigue disfrutando de su teta en cualquier momento y lugar, pero a mí me están empezando a incomodar ciertas miradas, ciertos comentarios, ciertos reproches. Están consiguiendo hacerme sentir vergüenza. Y no es justo. No tiene ningún sentido.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Traficantes de ilusiones

El otro día me contaban "pues mi amigo Zutanito está ahora en la India recogiendo a sus dos hijos", así que pregunté que si había adoptado. Pero la respuesta fue "no, no, ha sido con una madre de alquiler". ¿Por qué? Porque "lo de la adopción es un rollo y tarda mucho, pero con la madre de alquiler es todo muy rápido y mucho más barato".

Pasado mi estupor inicial, me pregunté hasta dónde llega el deseo de tener un hijo. ¿Hasta pasar por encima de ese propio hijo? ¿Hasta pasar por encima de la ética más básica?

Evidentemente, si una mujer en la India decide alquilar su útero es porque no tiene qué llevarse a la boca. Porque son mujeres que residen en una pobreza espantosa, y tienen que dejar atrás todo miramiento y hacer lo que sea para alimentar a sus otros hijos, a aquellos que sí puede reconocer como tales. Porque son mujeres que no tienen garantizada la asistencia antes o después del parto por ninguna normativa, con lo cual se mueven en un vacío legal. Porque si pierden al bebé se irán con las manos vacías. Y porque forman parte, como siempre, de un amplísimo negocio, cuyos intermediarios se tienen que estar forrando (¡cómo no!), aprovechándose de dos desesperaciones, de dos caras de la misma moneda: la de querer tener hijos y no poder, y la de poder pero no tener con qué alimentarlos.

Este negocio ya mueve más de 350 millones de euros al año. El óvulo, además, suele ser de otra madre, para que la que alquila su útero "no se vincule" emocionalmente. Como si eso lo impidiera. (Y para que el niño no tenga pinta de indio, dicho sea de paso. Se usa el óvulo de una mujer blanca y listo.)


¿Y qué pasa si sale algo mal? ¿Qué pasa con esas familias que han tenido problemas legales, no han podido sacar a "sus" bebés del país, o no han podido darles su nacionalidad y ahora viven en un vacío legal y apátrida? ¿Qué pasa si la madre gestante se arrepiente? ¿Qué pasa si el bebé nace con una malformación y la familia "compradora" lo rechaza? ¿Qué pasa si hay un aborto, si la madre gestante muere en el parto? ¿Qué pasa si es un pederasta el que obtiene el bebé? ¿Qué pasa si...?

Y es que mucha gente no quiere comprar ropa en determinadas tiendas porque están fabricadas bajo condiciones infrahumanas en países como China, India, Nepal o qué sé yo. Pero se tragan sus escrúpulos (¡y cómo!) cuando se trata de ahorrarse un pastizal en obtener el vástago de sus sueños.
Y es que mucha gente quiere tener un hijo, pero si no puede concebir de manera natural, lo de la adopción... puf, qué rollo. Papeles y un montón de cosas y sobre todo mucho dinero... Claro, de esta vulnerabilidad se aprovechan los traficantes de ilusiones.
Y es que mucha, demasiada gente, lo que realmente exige, lo único que aceptará, es un niño recién nacido y sano. Poco importa que haya niños aptos para la adopción que tienen más de ocho años a los que nadie quiere y que jamás conocerán el calor de una familia de verdad. De nuevo, parece que eso conlleva un esfuerzo inmenso, por lo que un niño mayor no se ve con buenos ojos, aunque sea quien más lo necesite.

Puedo comprender la desesperación por no poder ser madre. Los meses se convierten en años, las heridas duelen cada vez más, no parece haber manera de lograr el sueño. ¿Pero qué le contarán a sus hijos los "subrogadores" de la maternidad' ¿El cuento de la cigüeña, versión moderna? ¿En vez de ser encargados a París, fueron encargados a una pobre campesina india que sólo quería pagarles los estudios a sus hijos?

Queremos maternidades cómodas, baratas, y por encima del derecho de los bebés. Bebés que han sido fabricados a la carta, que no van a disfrutan de la lactancia materna, de ese primer vínculo con su madre.

Bebés que han nacido porque sí, en un mundo que sólo se mueve por dinero, por funestos "aquí y ahora".

En un mundo donde todo se puede comprar, todo es posible. Lo bueno... y lo terrible.

Más información:
Abusos escandalosos en la India con los vientres de alquiler
Surrogacy motherhood, ethical or commercial
Comercialización de vientes de alquiler: ¿una forma de esclavitud?

“La ciencia nos ha llevado a un lugar tan mágico que es como decir: Si existe el microondas, ¿por qué no utilizarlo? Si existe el aire acondicionado ¿por qué no encenderlo? Si el día de hoy existe la subrogación gestacional, ¿por qué no considerarla como una opción?” 
Ricky Martin, comparando el alquilar un vientre con usar un microondas 

jueves, 29 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche (II)

Después de mi indignación inicial que conté aquí, y como resulta que siempre he sido una cabezota y me gusta investigar las cosas que no comprendo y/o me parecen injustas, pues eso mismo hice con la historia de los bancos de leche. En primer lugar, aprendí que en los países donde hay más números de veganos, los bancos de leche sí dejan donar a madres que se suplementan. Es lógico, hasta cierto punto. De hecho, en EEUU, por ejemplo, en los requisitos de donación de los bancos se puede leer algo como que quedan excluidas aquellas madres que:

"Are total vegetarians (vegans) and do not supplement their diets with vitamins"

Es decir, que hacen la distinción, que ellos sí comprenden que el matiz en inmenso. Hoy en día, las autoridades a nivel mundial en cuanto a nutrición vegetariana recomiendan que todos los vegetarianos se suplementen, madres lactantes incluidas por supuesto (dicho sea de paso, las autoridades recomiendan que se suplementen también los vegetarianos no estrictos, ¿por qué entonces en los bancos de leche no se pide así?), no hacerlo es una temeridad, y no distinguir entre un tipo de madres y otro, también.


La cosa es que después de investigar fuera de nuestras fronteras, hice lo propio dentro. Escribí a muchos sitios, y esto es lo que he concluido:

* Le comenté el problema a la Vegan Society, por si me podían orientar. Por desgracia no me hicieron mucho caso, sólo me remitieron al apartado de su web sobre madres lactantes, cosa que ya sé mirar yo solita.
* La Unión Vegetariana Española no me contestó al email. Nada. Cero patatero. Pero bueno, es agosto, y este país está catatónico en agosto.
* Escribí a todos los bancos de leche españoles que pude hallar. Algunos no me contestaron (¿agosto, de nuevo?), otros sí, y es cierto que en casi todos quedan excluidas las madres veganas. En casi todos, no en todos. En el Banco de Sangre y Tejidos de Aragón, por ejemplo, me dicen explícitamente que:


"Una de las contraindicaciones para la donación es:
Vegetarianas estrictas que no suplementen su dieta con vitaminas.
Si están correctamente suplementadas, no habría problema."

Vamos, que los protocolos no son iguales en todas partes. ¿Por qué, qué es lo que marca esa diferencia, qué es lo que está pasando? Mantuve una serie de correos con el responsable de otro banco de leche (no diré la provincia para respetar su anonimato), y él admitió finalmente estas joyas:

En éste, como en otros temas que afectan a quien se sale de lo que la sociedad entiende como normal, las realidades y los prejuicios se entremezclan con excesiva frecuencia y muchas veces además, con una indudable tendencia a que la balanza se incline hacia las ideas preconcebidas, en no pocas ocasiones originadas en situaciones anecdóticas que son tomadas como generales y que, de alguna forma, pueden llegar a estigmatizar a todo un colectivo.

No conozco yo tampoco, ningún estudio experimental que compare los efectos a nivel nutricional y metabólico de una dieta, digamos, tradicional (omnívora), con una dieta vegana. 

En pocas disciplinas funciona tanto el copiar y pegar como en los protocolos médicos. Y en eso, no somos nosotros, nuestro Banco, una excepción. En parte por comodidad, ciertamente, pero en parte también, porque reconocemos una mayor autoridad científica en aquellos a los que tomamos como ejemplo (o a los que copiamos, ¿por qué no decirlo?), sea por su mayor prestigio, por su mayor experiencia o por cualquier otra razón. Y es por ello que se van perpetuando determinados criterios que no haríamos mal en cuestionar, y éste sobre el que ahora discutimos, podría ser uno de ellos.

Me parece escandaloso. Sencillamente. Este señor (que es muy amable, por cierto), está admitiendo en sus correos que el rechazo hacia madres veganas es un prejuicio. Que no existen estudios que lo corroboren. Y que los protocolos son pura inercia, se copian unos de otros sin revisar ni actualizar sus contenidos. Vamos, que "in dubio pro reo", siendo el reo la sociedad ignorante.



Por otro lado, recibí una nueva contestación de la responsable del banco de leche del 12 de Octubre, quien finalmente admitió que es cierto que no existen dichos estudios. Y, lo mejor de todo, está interesada en realizarlos ella misma:

"Estoy dándole vueltas al  diseño de un estudio para medir la concentración en sangre y leche de la vitamina B12 de mujeres sanas no vegetarianas y vegetarianas para que podamos realmente basarnos en criterios científicos para descartar o no a un mujer como donante de leche si es vegetariana, estricta o no."

Esto último me pone muy contenta. Ése es el espíritu científico de verdad: si no hay estudios, ¿por qué no hacerlos? Si no, nos estamos basando sólo en elucubraciones... en humo.

No sé en qué quedará todo esto. Quizás en nada. Quizás se empiece un estudio algún día. Quizás no. Pero lo que está claro es que este debate saldrá, antes o después. Porque cada vez hay más veganos. Porque cada vez hay más mujeres que dan el pecho. Y porque, lógicamente, la combinación de ambos elementos hará que cada vez más mamás veganas quieran donar, solidariamente, su leche. Así que es cuestión de tiempo, pero este tema volverá a salir, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que tendrán que revisar esos protocolos basados en prejuicios, antes o después. Y espero, supongo, quiero creer, que las madres veganas dejaremos de ser discriminadas, tratadas como enfermas, y podremos donar nuestra leche, que es igual de buena que la de cualquier otra madre sana.

Es sólo cuestión de tiempo.

lunes, 12 de agosto de 2013

Por qué dejé las redes sociales

He sido muy activa en distintas redes sociales durante muchos años. Escribía, publicaba fotos, comentaba cosas ajenas, me unía a grupos, cotilleaba aquí y allá. Y un día me di cuenta de que me pasaba el día en un mundo virtual que no es auténtico. Un día me di cuenta de que fuera hacía sol, y un día maravilloso, y yo estaba perdiendo el tiempo poniendo un "me gusta" a una foto de un día maravilloso y con sol. Perdiendo el tiempo entre chismorreos. Perdiendo el tiempo entre peleas, discusiones, garambainas o halagos al gurú de turno (que, ése sí, puede decir lo que le plazca, porque todos, como si fuera un Sócrates de lo banal -y que me perdone Sócrates-, le seguirán la corriente: "oh, sí, Sócrates; qué razón tienes, Sócrates; beso el suelo por donde pisas, Sócrates").

Con esto no pretendo juzgar ni mucho menos a quienes usen las redes sociales, sólo contar mi experiencia propia, única y personal.

Porque me di cuenta de que a quién le importa si subo la foto de una tarta, o si escribo "estoy muy contenta". Es fácil darle a "me gusta" o comentar cosas sin ton ni son. Pero sé que la mayoría de esas personas NO son amigas mías de verdad, NO me conocen, NO me reconocerían por la calle, NO saben quién soy, y NO están en absoluto interesadas en mi tarta o en mi felicidad, por poner dos ejemplos tontos.

Lo que quiero decir es que lo virtual es un simple escaparate. Yo expongo mi vida como un museo, seleccionando con mimo y cuidado qué partes de mí quiero que los demás vean: uy no, esta foto no, que me hace papada; esto no lo voy a escribir porque qué van a pensar de mí; esto tampoco que va a ofender a Fulanita; esto menos que apoya a Menganita que está enfadada con Zutanita.

Me he cansado.

Me he cansado de exponerme así como un pobre animal en un zoo. De ofrecer una imagen distorsionada de mi persona, tanto en lo que de mí muestro como en lo que comento de los demás. Porque qué amables somos todos en Facebook, cuántas manos amigas aparecen a sabiendas de que no serán nunca solicitadas en la realidad. Es muy fácil decir un "me tienes aquí para lo que quieras" cuando vives a 500 km de la persona que tiene un problema y sabes que no tendrás que ayudarla en nada. Quedas como una persona generosa, así te ves a ti misma en una imagen que te gusta, y así la ofreces a los demás.


Porque las redes sociales son un museo donde expones tu mejor cara. Y así, supongo, refuerzas tu autoestima, o más bien, creas un personaje nuevo de ti misma, siendo quien siempre secretamente quisiste ser, quizás.

Pues yo no soy sólo eso. Tengo buenos días, malos días, a veces las tartas me salen estupendas y otras fatal.

Y en muchas, muchas de mis fotos, se me ve la papada.

viernes, 2 de agosto de 2013

Prejuicios, lactancia materna, veganismo y bancos de leche

Estamos, un año más, en la semana mundial de la lactancia materna. Así que este post me viene como anillo al dedo.

Y es que parece ser que en el hospital 12 de Octubre necesitan con urgencia madres que donen leche. Así que me informé. Buscan madres que sean sanas, no beban ni fumen, no tengan enfermedades contagiosas, y... ¡oh, sorpresa! NO SEAN VEGANAS. Sí, así como suena. Como si el veganismo fuera una enfermedad que supusiera un gran hándicap.

La cosa es que me empezó a mosquear porque si continuamente se dice que no hay leches de mayor calidad que otras, ¿a santo de qué viene esto? Pedí que me aclararan el tema, indicando que si lo que preocupa es la suplementación, yo me suplemento de B12, tengo análisis estupendos, y mi salud es excelente. Cito textualmente lo que me contestaron:

Los estudios científicos no lo demuestran así en la leche materna aunque tengas niveles normales en sangre.  Ningún banco de leche del mundo acepta a las vegetarianas estrictas y somos muy conscientes de lo preciada de la leche materna y que es un recurso escaso.


Así que me puse a investigar. ¿Y qué encontré? Que los bancos de leche de otros países, como EEUU, UK, Francia o Canadá, efectivamente no aceptan a veganas... ¡pero sólo si no se suplementan! Vamos, que lo que esta señora me dice no es correcto. Lo que aquí están insinuando es que mi leche es PEOR que la de una persona que come carne. Lo que aquí están insinuando es que entonces no he alimentado correctamente a mis hijas, porque puedo tener un déficit de B12 sin saberlo. Por cierto, le solicité esos supuestos estudios y no me ha contestado.

En fin. Por partes. La vitamina B12 se obtiene a través de bacterias que la sintetizan, y se queda en la tierra, así que la vaquita de turno al pastar se la come, y cuando el humano se mete un filete entre pecho y espalda, le llegaría dicha vitamina. Ésa es la teoría. Porque hoy en día, a los animales procedentes del ganado se les alimenta sobre todo a base de pienso. Este pienso está enriquecido con B12, que es el que luego pasa a la carne del animal y por último al consumidor de dicha carne. Es decir, que al final los omnívoros están suplementándose igualmente de B12, sólo que de un modo indirecto (yo tomo pastillas a base de la vitamina sintetizada por las bacterias directamente, los omnívoros comen carne de un animal que ha tomado esas mismas pastillas, por así decirlo). No obtienen la B12 del aire por gracia divina. Y los animales que consumen, aparte de estar repletos de hormonas y antibióticos, tampoco. 

Pero una madre que come animales con hormonas y antibióticos es más apta que yo, al parecer.

Luego, y porque los omnívoros toman la B12 de este modo de suplementación indirecta, pueden tener déficit también, además que cuanto menos sano se coma, más se inhibe la absorción de dicha vitamina (los alimentos procesados, algunas medicinas, el tabaco...). 

En 1981 se realizó un estudio comparando la cantidad de residuos presentes en la leche de madres vegetarianas y madres omnívoras, y se vio que la leche materna de las vegetarianas contenía sólo del 1 al 2% de los niveles medios de ciertos pesticidas y sustancias químicas industriales que se encuentran en la leche materna de las americanas (Hergenrather J, Hlady G, Wallace B, et al. Pollutants in breast milk of vegetarians. N Engl J Med. 1981; 304: 792).



Pero una madre con pesticidas en la leche es más apta que yo, al parecer.

Según la ADA, "It is the position of the American Dietetic Association that appropriately planned vegetarian diets, including total vegetarian or vegan diets, are healthful, nutritionally adequate, and may provide health benefits in the prevention and treatment of certain diseases. Well-planned vegetarian diets are appropriate for individuals during all stages of the life cycle, including pregnancy, lactation, infancy, childhood, and adolescence, and for athletes." (Texto completo: http://www.eatright.org/About/Content.aspx?id=8357).

Pero los de la ADA no tienen ni idea, al parecer.

Y es que la clave de todo está en la suplementación. Evidentemente si yo no me suplementara, no podría asegurar que mis niveles de B12 fueran los adecuados. Pero al suplementarme, ¿dónde está el problema, exactamente?

En este estudio podemos leer que "Infants breast-fed by vegan mothers who supplement their diets with B12, or infants who receive B12 through fortified foods or supplements, develop normally".

Pero nada, los suplementos no me están sirviendo de nada y mis hijas van a morir en medio de la locura.



En fin, ¿de qué me extraño? Realmente vivimos en un país con tasas de lactancia escandalosamente bajas (aunque poco a poco van subiendo), en un país donde es tremendamente complejo encontrar a un profesional que te apoye en tu decisión de dar teta, en un país donde pocos médicos saben identificar un frenillo y menos aún operarlo, y en un país donde como hay poco veganismo, no se sabe demasiado sobre el tema a nivel oficial. Quiero decir con esto que los profesionales son ante todo personas y como tales se dejan llevar muchas veces, demasiadas, por sus propios y arraigados prejuicios personales. Porque en Inglaterra o EEUU, donde hay mucho más vegetarianismo, sí dejan donar a madres veganas que se suplementen correctamente (por mucho que me hayan dicho lo contrario), sencilla y llanamente porque se sabe más del tema.

Así que me quedo sin poder ayudar. Porque se considera que mi leche es tan pésima como la de una madre con hepatitis. Porque se me pone al mismo nivel de "escasa salud" que una fumadora empedernida, o una alcohólica. Porque se contradice a todo lo que dicen la ADA, la Vegan Society, la Unión Vegetariana Española, la AEPED y todas las asociaciones dietéticas que han demostrado por medio de estudios fácilmente disponibles por Internet que si las madres veganas se suplementan, no existe ningún peligro en dar el pecho.

Y sé que, si no hubiera dicho nada, si hubiera mentido sobre mi veganismo, podría donar sin ningún problema y mi leche estaría perfecta para ello. Porque mi leche, como la de cualquier otra madre saludable, es perfecta. Y no pienso dejar que nadie me diga lo contrario.

Feliz Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013.